Mi amor no tiene rostro. Sólo tiene palabras luminosas. Mi amor es
puntual y cada noche recojo en mi buzón su mensaje cifrado.
Enciendo el aparato, parpadea...
Escribe con mayúsculas los besos y acaricia su cuerpo en letras
de colores. No hay temor al contagio. Tan sólo su locura me
estremece y yo se la devuelvo
en megabytes desordenados, -ebria de amor, ya libre-,
acariciando mi sistema binario desbocado, mis ventanas al viento
con el alba, el CD Rom tan terso, la memoria...