PEQUEÑOS ESBOZOS XXII - Desahogo: perdida

By María García Baranda - abril 11, 2017


       No sé si es bueno o malo. No sé si es necesario. Y ni siquiera sé si le pasa a todo el mundo. Pero hay momentos, como mi actual, en los que sin salir de mi órbita, ¡me siento tan perdida! A mí también me ocurre, sí. Y más de lo debido. Por mucho que escriba, sentencie, deduzca y observe el mundo. Precisamente por eso, más bien diría yo. Así que sí, esa soy yo. El claro ejemplo de la dualidad hecha mujer. Y vais a permitirme agarrarme al desahogo esta noche de letras, porque lo necesito realmente. Hoy soy un ser calmado. Apaciguado. La perfecta víctima de una inyección tranquilizadora. Mas solo en apariencia, porque por dentro tengo un arsenal de pólvora con riesgo de estallar. O de quedarse inútil expuesto a la humedad. Ya no lo sé.

Inquieta, en aparente pausa y con voz queda, pero de ritmo interno intermitente. Ese es mi día a día. En un tono intermedio que no expresa gran cosa, porque no me apetece. Porque me falta fuste. E ilusión. Porque ya dije todo. Porque no se me oye. Porque no se me ve. No me acompaña el tiempo, ni el viento va a favor. No hay frío, no hay calor. Solo neutralidad. Acepto los caminos y me privo a mí misma del derecho a protesta, porque es irracional. Porque es inmerecido. Y algo de resignado tiene el asunto también. 

Pero nada es tan simple. Me peso en la balanza, invisible y virtual y ocupo ambos platillos. Lo que toca vivir y el contrapeso. Y mi cerebro, que va trazando un mapa hora tras hora, no se sale del plan establecido. Cada cosa en su sitio mentalmente. ¡Porque yo soy ecuánime, porque entiendo la vida, porque sé que resistirse a las cosas de nada sirve, sino para empeorarlas! Ya. Cabeza firme y bien amueblada. Digiriendo las cosas. Tratando de no complicar. De no perjudicar. De no hacer ruido. De retirarse por la puerta de atrás sin dar el espectáculo.

Pero aquí en mi interior, cruzándome por dentro palmo a palmo, me siento muy perdida. Justo igual que un insecto atrapado en un vaso. Rozando las paredes de impotencia. Chocando contra ellas a trompazos. Y con falta de aire. Perdida. Y ya sin fuerzas. Porque me falta… me falta alimento necesario. Porque me duele descarnadamente. Porque me mata la esperanza de lo humanamente auténtico. Porque lo necesito, de veras, muy de veras. Y porque me hace falta. Y me siento perdida, muy perdida. 





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