EL QUE ESPERAR PUEDE...



La vida es una constante y lentísima espera. Desde el momento en el que nacemos desarrollamos una enorme capacidad para aguardar lo venidero, confiando en que traerá bienaventuranzas de todo tipo. Y es que ya lo dice el refrán: "El que esperar puede, alcanza lo que quiere". Estoy absolutamente convencida de que es cierto. Por eso espero. ¿El qué? Mi momento, siempre mi momento. Una tiene ya una edad como para haberse percatado de que la paciencia es una virtud y que, aunque en ocasiones roce con los dedos la estupidez, es un don que con los años se afianza y mejora notablemente. En efecto, resulta peligrosa tal espera ya que se corre el riesgo de estancarse y no vivir el momento presente, que al fin y a la postre es el único que realmente importa. Pero atención, dado que es aquél un don aprendido –y aprehendido- con los años, son éstos los que nos harán distinguir entre aquello que realmente merece la pena que esperemos y lo que simplemente es un lastre y nos retiene en el camino. La clave está en el hábil y finísimo discernimiento para distinguirlos. Ahí, la cabeza jugará un papel importante, en efecto, pero serán la intuición y el propio corazón los encargados de inclinar la balanza hacia uno u otro lado.
Espero. Ya lo he dicho. Y sé que me armo de una paciencia infinita cuando aquello que ansío sé que merece verdaderamente la pena. Eso se sabe y, por inevitables, tales cuestiones llegan a tu vida como un escaso goteo en el desierto. En tal caso siempre es un pálpito el que me indica que algo se me ha adherido por dentro y no me abandonará jamás. Fácilmente reconocible. No sería posible arrancarlo, porque con ello desprendería parte de mi piel. Soy leal a mis afectos. ¿Qué hacer entonces? Esperar por ello, entendiendo que cada cosa tiene sus tiempos. El sabio aguarda con sigilo aquello que sabe que por justicia natural habrá de llegar. Así que espero. Si las cosas vienen a mí es porque empezaban a pertenecerme en cierta forma. Y yo a ellas.

María García Baranda


Voy a gastar los días esperando. No tengo prisa en ello.
Sólo desasosiego. 


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