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Mostrando entradas de septiembre, 2017

DADME UN HOMBRE

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No me asusta en absoluto el ser humano. Siempre que sea eso, humano antes que ser. Pero no, no me asusta. Hace ya muchos, muchos años que no. Aprendí ese sentir allá de niña. No me asusta la imperfección, ni lo considerado vergonzoso. Acepto o rechazo, pero no me escandalizo ni entro en pánico. Lo que me asustan son las personas que huyen de sus rasgos más básicos obligándose a ser siempre en extremo correctos. Tan perfectos. Tan fuera de mácula. Confundiendo esa plastificada exquisitez con la imprescindible educación. Esos perfeccionistas imperfectos sí que me asustan. Me asusto yo a mí misma, de hecho, cuando rozo ese vicio, lo reconozco. Ese de reñirme cuando fallo o criticarme ya de modo insano. También me asustan quienes esconden sus pies, perfectamente posados sobre el suelo, a base de maquillajes que tardan en derretirse poco más de una hora. A la sombra. Quienes no se atreven a mostrar y se incomodan si muestras. Pero, ¿el ser humano? Ese no. Dadme un hombre que ponga …

MI QUERIDA AMIGA

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Mi querida amiga:
    Jamás te mantengas parada, si te sientes disconforme con la vida que vives. Nunca. En ninguna de sus facetas. No te conformes de tanto comprender. Si en algún momento tienes la más mínima sospecha de que algo no va bien, lúchalo. Pelea, patalea, si es preciso. Rebelate. Y reivindica. Reivindica lo que sueñas, lo que deseas y lo que mereces a quien corresponda. Incluso a ti misma. Tienes y tendrás siempre todo el derecho del mundo para decirte interiormente y para gritar bien claro a quienquiera que toque que necesitas algo distinto. Para afirmar contundentemente que algo no te convence, que eso no te gusta, que no te están haciendo sentir bien, quebte quedas con hambre, o que no te da la gana esto o aquello. No existe para ti otro estado ya, otra emoción menor que de la más absoluta plenitud de estar, ser y sentirte saciada y bien nutrida. A estas alturas de tu vida, tanto ha sido lo luchado y lo vivido, tanto lo comprendido, lo empatizado, lo asumido y lo dul…

OTOÑO

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Hay otoños que llegan contradiciendo a las leyes del tiempo. Del tiempo atmosférico, quiero decir. Aunque al final acaban toreando al cronológico. El otoño se hizo para la lluvia, para derramar litros y litros salados en los que lamentamos que los momentos de sol espléndido y de luz tardía, que las horas intempestivas correteando por las calles y el calorcito al aire libre llegan a su fin. Se hizo para ir recogiéndose algo más temprano, para ver bosques en su mejor momento, para observar la ciudad en ocre y sepia, para oler a humo de las chimeneas y para sentir el momento en el que, estando destemplado, te echas una prenda de abrigo sobre los hombros y suspiras. Se hizo para cenar frente a la tele viendo una buena peli o tu serie favorita, mirando a gusto el reloj de reojo, y yéndote pronto a dormir porque hay que madrugar. El otoño se hizo para recordar y para hacer planes. Para acurrucarse de nostalgia y echar de menos. Se hizo para hacer balance de cara a una nueva etapa, pa…

ESPECIALITOS (Exquisitez positiva)

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La edad nos trae rarezas, manías, intolerancias. Pero también una mayor flexibilidad a la hora de enfrentar lo propio en los demás. Al final es un juego de tira y afloja que permite que nos llevemos medianamente bien, que convivamos con cierto equilibrio y que capeemos temporales. Lo que sí es verdad es que la edad nos hace, a poco listos que andemos, algo más sabios respecto a nosotros. Si las circunstancias nos lo permiten, nos rodeamos de un pequeño, pero selecto, grupo de seres que suman a nuestra existencia. Ya lo dije hace un par de días, tendemos a tener cerca a aquellos que de veras hacen por conocernos y se dejan ver por dentro, sin tener que jugar para ello a las adivinanzas.  ¿Será que nos volvemos un poco especialitos? Será, será. ¿Quién sabe? No seré yo quien desmonte esa creencia. Tal vez se trate de que ya no nos convence cualquiera a la hora de compartir un tiempo, cuyo contador, sabemos, ya no está a cero. Aún así, y aunque sí que creo que el no regalarnos tien…

QUE NO SE TRATA DE ESTAR, SINO DE SER

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He pensado que voy a hacer un pacto conmigo misma. Bueno, y también con quienes caminan por ahí afuera. No sé si voy a ser capaz de cumplirlo, ni si contaré con la destreza suficiente como para percibir si voy bien encaminada o estoy más ciega que un topo, pero al menos voy a proponérmelo. De ahora en adelante trataré de rodearme de gentes con quienes pueda mejorar mi ser, y no mi estar. Me explico, que ya sé que suena confuso. Estar bien se puede estar con mucha gente. Hay con quienes puedes hablar sin cansarte, con quienes puedes compartir temas interesantísimos, e incluso confiarte en tus más íntimos asuntos. Hay con quienes con solo intercambiar dos palabras tienes la diversión y las risas aseguradas, con quienes fluye el buen rollo. Hay con quienes aprendes un montón de cosas y con quienes te apetece adentrarte en asuntos novedosos y apasionantes, con su correspondiente punto de locura incluso. Cuando eso sucede sueles tomar un especial afecto a esos seres en los que descu…

DÉJAME CONOCERTE

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Si el optimismo que me acompaña acaba teniendo razón, debo de encontrarme aproximadamente en el ecuador de mi vida. Del total de los años vividos, dos tercios han sido de asentado uso de razón, y un medio de vida adulta. A lo largo de todo este tiempo, como es natural e inevitable, me he topado y relacionado con un considerable número de personas, a parte de las cuales he tenido la oportunidad de conocer. La medida en que lo he hecho ha variado en función de mil circunstancias: formas de ser, grados de apertura de cada uno, estado psíquico y emocional en el que nos encontrábamos, factores externos a favor o en contra de dicho vínculo,… Lo de siempre. Y de todos ellos, hoy me pregunto: ¿a cuántos seres he podido conocer realmente en la plena y completa extensión del término? Dejando a un lado a los miembros de mi familia, a mis pedazos de corazón, si me centro en el resto de lo que ha sido o es mi entorno, no creo que pudiese contabilizar mucho más de media docena de personas a …

PEQUEÑOS ESBOZOS: Las mejores cosas

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Las mejores cosas de la vida fluyen solas, brotan espontáneas, con fuerza. De puro naturales. Aparecen aparentemente porque sí, porque no se pueden evitar y porque, ¿a fin de qué habría que hacerlo? Son limpias, claras, luminosas. No precisan sortear obstáculos innecesarios para llegar a ellas. No ponen pegas ni problemas, frenos ni retrocesos. ¿Se quieren?, se hacen. Se sienten. Se viven. No suscitan desconfianzas ni segundas intenciones. No son extrañas, raras, ni complicadas. Y tampoco provocan quebraderos de cabeza. Las mejores cosas de la vida son sencillas. Tan bonitas por sí mismas que nutren. Una sonrisa, una caricia, un beso largo, una carcajada, una conversación amena, un susurro. Todas bailan al ritmo de una misma música, al compás de la sencillez de la belleza sin adulterar. Alimentan, sí. Y sacian. Y enriquecen al ser desde lo más profundo hasta la última capa de una piel susceptible de erizarse al sentir de esas mejores cosas. Las que llegan así, para alegrar la v…

LO ESTÁS HACIENDO BIEN

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¿Sabes cuándo te das cuenta de que lo estás haciendo bien?, ¿de que estás viviendo bien? Cuando te percatas de que, precisamente, estás haciendo esto último: vivir. Cuando percibes que el día de hoy es un poquito distinto al de ayer, o tal vez muy distinto, no solo un poco. Que tus pensamientos han girado determinados grados, como los girasoles cuando buscan la luz del sol. Cuando notas que tus sentimientos laten, bum-bum, bum-bum,… hacia el lugar que ellos determinan por sí mismos y sin directrices bobas de las que no sabemos los humanos. Cuando te miras en el espejo y ves belleza, o bien una arruga o una cana que no crees haber visto ayer, pero te observas y sonríes, porque eres tú y te reconoces. Cuando de pronto te apetece hacer algo diferente a lo de siempre, algo que quizás nunca antes te había despertado curiosidad. Cuando observas otras formas de vivir, atenta y detalladamente, y te agrada lo que allí descubres. Cuando tu piel responde a una sensación distinta e inesper…

RELATOS ENCRIPTADOS: Viento sur.

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Se dirigió al recibidor y abrió la puerta de entrada a la casa. Era uno de esos pesados portones macizos en los que se pueden apreciar los nudos de la madera, los cambios de tonalidad y alguna imperfección de talla. En los goznes, tres gruesas bisagras de color bronce. Y un poco más arriba de la altura de sus ojos una aldaba metálica y sencilla, que había comprado en un mercado artesano de esos que ponen los domingos en los pueblos. Se asomó a la calle. De pronto había cambiado la estación del año, de un momento para otro. El tiempo estaba confuso. No hacía frío, al contrario, la temperatura era más alta de lo que había calculado y hacía un viento sur endiablado. Se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla. Apenas se había asomado afuera y en menos de un minuto se le revolvió el pelo tanto que decidió recogerse las ondas en una coleta alta. Miró al cielo y torció el gesto. Cogió una gabardina fina del perchero y un paraguas plegable, y cerró con llave. Comenzó a andar calle…

USUFRUCTUARIOS PERSONALES

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Saberse utilizado, rentabilizado, aprovechado. Quien más y quien menos ha padecido esa sensación en alguna ocasión de su vida, dentro de cualquiera de los múltiples contextos en los que puede aparecer. Llego a pensar que dicho sentir comienza a ser visible desde que somos niños y que, por ende, las personas comenzamos a utilizarnos desde nuestra más tierna infancia. Seguramente se trate de un rasgo tan humano como lo es el respirar, tan connatural a nosotros como nuestro propio instinto de supervivencia. Pero lo que sí calculo, y deseo fervientemente no equivocarme, es que su aplicación práctica de forma más o menos inconsciente esté directamente relacionada con la catadura moral de cada uno de nosotros. Espero que no haya fugas al respecto.
    Llevo un tiempo más que considerable dándole vueltas al concepto de la utilización de las personas desde su contexto más cotidiano y mundano. Dejo a un lado ahora sofisticados y elaborados planes de sacar rendimientos materiales de algui…

DÓNDE

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No se puede regresar a dónde ya no hay nada. No se vuelve a un dónde inexistente, evaporado. Ya no está. No hay espacio, no hay lugar, no hay sitio. Quizás lo hubo, claro, pero desapareció con el paso de las noches eternas y la erosión de los acontecimientos. El decorado se fue deshaciendo centímetro a centímetro hasta quedar de él solo las ruinas, esas que terminaron llevándose un par de inviernos fríos de agua demasiado salada y viento de locura. Primero alguna piedra. Después escombros. Luego solo cenizas. Tras ello,… nada. Sin hueco, sin hogar. Y no se vuelve donde no hay hogar, no. No se viaja de nuevo a la nada. Porque para volver hay tener a dónde. 
Tan solo se regresa donde aún quedan cimientos, vigas maestras que sostienen el porqué de las cosas. El porqué de esas vidas y de los sentimientos. Cuando ese dónde existe, ubicado en un mapa imaginario o arraigado, más bien, en el fondo del alma. Profundo. Anclado con los pies hasta el mismísimo estómago. Ahí queda un espacio, un …

EL AMOR: LA TIERRA DE LAS CIEN MENTIRAS Y LAS MIL CONTRADICCIONES

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El amor está plagado de mentiras. Riámonos de él, pues, de pura inteligencia. No queda otro remedio. Mentiras enormes, descomunales. Verdaderas trolas creadas a la carta para salir del atolladero. Para esconder el miedo a que nos hieran. Y camuflar el pánico a que sea de nuevo. Además suele vestirse de saberse bien lo que se hace, aunque no tenga ni la más mínima idea de cómo manejarse. Se hace pasar por sabio experimentado, por ese a quien es tarea difícil el dársela con queso. Y miente, miente sin cesar. Desde que nace, además. Para ejemplo esta caja de botones. 
     Veamos esta expresión. Dos incautos se conocen, inician y se inician, se reinician. Pinta bien. Y alguien de su entorno pregunta por el asunto de esta recién inaugurada historia. Y el enamorado contesta: “Bueno, ya veremos en qué acaba todo esto. De momento, pasito a pasito y poco a poco. Con calma”.      Empezamos bien. Mentira y gorda. No veremos, verás, en singular. Y es que si acaba, es porque no salió nada de…

VESTIDA DE ENFADO NATURAL

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Hoy un amigo me ha dicho que parezco enfadada. Y que contaba con pruebas para demostrarme que supuro ese estado de puro evidente. Y tiene razón. Es así. Parezco enfadada porque lo estoy. Contrariada, ofuscada, airada. Que mis palabras y mis reacciones denotan una pizca de dolor y rencor, decía él. También en eso está en lo cierto. Ese es el ciclo vital que atravieso. Es obvio y no merece la pena negarlo. Así que aquí lo lanzo, como siempre hago. Quien se sienta identificado conmigo se sentirá menos solo. Quien esté, por fortuna, en un momento opuesto, quizás me envíe con el pensamiento la fórmula que me saque de este zulo, no sin antes darme un par de zarandeos a modo de espabile. Y en cuanto a mí, si bien es cierto que no habrá de curarme dado que la raíz está profunda, me pongo en orden a mí misma al menos.
      Si pudiera colocarme bajo el microscopio para inspeccionarme al milímetro justo en este momento, el diagnóstico no sería el de una mujer que se siente realmente infe…

PROMETO

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Cada día al despertarme formulo la misma ofrenda, el mismo pacto, bajo unas palabras que, aunque no siempre idénticas, conducen siempre al mismo lugar. Palabras que comienzan por: Yo prometo
Escucharte. Con la mente y en silencio para tener presentes tus sentidos sin que nada me distraiga. Sin ruidos ni interrupciones. Sin malas intenciones. Y oír así tu alma sin artificios. Tus miedos sin que los dulcifiques, ocultes o disfraces. Tus silencios, esos en los que no te mientes y tus ratos de soledad obligada y algo amarga. Escucharte a pesar de que nadie más pareciera molestarse en hacerlo.
Serte leal. No ya fiel, por aquello de que lo seres humanos pegamos desbandadas a veces. Seré leal, que es un término aún más amplio y contundente. A razón de lo verdadero y de lo auténtico. Cambie el mundo, se me ponga en guerra el enemigo, gire mi vida o pase lo que pase a mi alrededor. 
Quererte. Siempre y a mi modo, que es intenso. Muy intenso. Y sentido. Muy sentido. Quererte. Más y mejor. Con…

LA VIDA ES UN CAPRICHO

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La vida es una sucesión de caprichos. Una cadena de fuerzas momentáneas, inmensas y potentes que de un empujón nos colocan en una posición en concreto. Cada capricho nos lanza hasta el hito siguiente y allí caemos agotados. Agotados y solos. Decepcionados, abatidos, desganados. Tanto entusiasmo para nada. Tanto esfuerzo para un escape de gas rápido y efímero. Caemos. Y allí permanecemos, recuperamos fuerzas, enormes, arrebatadas… y de un salto, comiéndonos el mundo volvemos a impulsarnos hacia la siguiente cumbre. Esa sí. Esa es la reluciente. La buena. El reto. La verdadera. Esa. Hasta alcanzarla. Y después ya no tanto. Toca parón. Stop. Pausa. Caprichos. Yo también lo soy, para otros tantos. Y lo he sido. Eso seguro. 
     Así es. La vida se compone de momentos de euforia y decadencia, al menos hasta que los cuerpos se desgastan de esos picos tan drásticos. No se puede sostener eternamente un viaje tan convulso. Y el alma va arrugándose. Y el corazón se resiente. Y ahí es cuan…

SOMOS LO QUE TRANSMITIMOS. Y TRANSMITIMOS LO QUE PENSAMOS

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Somos lo que transmitimos. Y transmitimos lo que pensamos. Y no, no voy a hablar de las bondades de El Secreto, de ni de la popular Ley de la atracción, ni de principios de filosofía orientales. O no al menos desde esa perspectiva de manual de autoayuda revelador, leído a la luz de una vela, al aroma de un incienso y con una copa de vino en la mano. Todo ello puede resultar atractivo y fantástico, sí, y su base es eminentemente humanística, también. Espiritualmente humanística. Pero lo que pretendo ahora es bajar del pedestal tales enseñanzas y normalizarlas a fin de que su uso cotidiano nos ayude a interiorizarlas y sacarles partido de verdad. Al final, solo las que se visten de andar por casa son las ideas que verdaderamente absorbemos, por naturales. Pues bien, repito: somos lo que transmitimos y transmitimos lo que pensamos.
      Me paro un momento y pienso en mis relaciones cotidianas. Las observo. Distingo perfectamente las que forman parte de mí, sin pensarlas, sino como…

CREAR VIDA, CREAR ARTE

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Me he dado cuenta de una cosilla que venía intuyendo, pero en la que no me había parado a fijarme en condiciones nunca antes. Son los estados emocionales que llevan a alguien a escribir, cantar, componer, tocar, pintar,… Sabiendo que cada persona es un mundo -que lo es, ¡vive Dios que lo es!, y que de tanto echar de comer aparte vamos a quedarnos sin nada en el centro del plato-, sabiendo eso, es fácilmente reconocible que el estado más prolífico es el del desasosiego. La causa ya, dependerá de muchos factores, porque las preocupaciones humanas son infinitas y si las dejamos, piden billete de ida y vuelta. Así que tenemos el miedo, la decepción, la soledad, la presencia de la muerte, la llegada de la vejez,… y ganando por goleada, el desamor: te dejo, me dejas, no te quiero, no me quieres, soy invisible, no me ves, ya no te veo, quieres a otra, quiero a otro, me engañas, te engaño, todo se ha ido al garete, no te correspondo, no me correspondes,… y toda una hermosa gama que va…