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NADIE SABE

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Nadie sabe cuánta ilusión siento, ni mis ganas inmensas de cada nuevo día y lo que me alimenta cada pequeño gesto. Nadie imaginaría el modo en que lo vivo. Por mucho que lo escriba, y en eso yo me apaño. Por mucho que lo cuente o lo vocee al aire. Ni aún así. Hay días en concreto, ratos precisos, en que camino por la casa buscando un medio de expresión que se ajuste. De pared a pared, rebotando, acercándome al punto pero sin agarrarlo. Sin asirlo del todo, … que se me queda corto, muy corto. 
Nadie sabe cuánto ilusión siento, no. Y mucho más que eso. Es realidad tangible, medible y al mismo tiempo algo inconmensurable. Es verdad y es futuro. Y es hoy. Es sobre todo hoy. No se trata de un deseo aplazable a unos mejores tiempos, ni esperanza ferviente de que llegue el momento o que las cosas cambien, no. De eso ya tuve mucho y se evapora en la nada. Es minuto a minuto de cada día juntos. Es descubrirse en trozos y en retazos de vida, en un gesto que ayer aún no existía, en eso beso dad…

COMPRAVENTA SEXUAL O LA HIPOCRESÍA DEL SISTEMA

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SERIE:  ♀ Fémina
   Explicaba ayer en clase asuntos de semántica. Trataba con mis alumnos los significados de las palabras y de cómo guardan entre ellos diversos tipos de relaciones respecto a aquel, al concepto que expresan. Nos detuvimos, entre otras, en la antonimia, recordando que desde que íbamos al colegio nos enseñaban que dos palabras antónimas tenían significados contrarios, opuestos. Bueno y malo, alto y bajo, comer y ayunar,… Y maticé que existe un tipo de antonimia denominada recíproca, y que esta se da cuando para que exista una palabra ha de existir por fuerza su contraria, esto es, una idea no puede darse sin otra. Pagar y cobrar; dar y recibir; comprar y vender;… Comprar y vender… pensé en este par de términos más tarde. En su nacimiento como uso social, en los primeros trueques,... Y los relacioné con nuestra vida actual para acabar pensando en la ley de la oferta y la demanda, y recalar en un sector realmente amargo: la compraventa de servicios sexuales. ¿Se compra p…

MORDIDA POR LOS PERROS

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¿Sabes qué? Que los días se componen de un inmenso mosaico de miedos y de sueños de toda suerte de rugosidades, tamaños y colores inimaginables. Ambos por igual. Los sueños dan paso a los miedos. Y a su vez estos aparecen en los sueños. ¡Oh! Se encadenan entre ellos. Suelen mantener luchas cruentas y ácidas para obtener el poder de la mente, tratando de abrirse paso a codazos y turnándose en la victoria. Según. Pero eso es la vida y esta, con todo, es inmensamente hermosa. Así que no le temo al miedo. Me hace pequeña, por un rato, pero no le temo. ¿Contradicción tal vez? Podría parecerlo. Y sin embargo, aunque consiga sobrecogerme a ratos, el miedo me recuerda que estoy viva, que siento, y que me importa y mucho cuanto tengo frente a mí. Por eso temo, precisamente. Para mantener en ebullición mi sangre. Y no hay cuita en ello. Y así, podré despertarme en mitad del sueño mordida por los perros, notando la presión de una leve punzada de sus dientes. Justo la suficiente. Mientras …

CONVERSACIONES: Fiódor

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No te doy la razón Fiódor, ¡que no! Por mucho que hayas escrito y por mucho que normalmente me guste cuanto escribes. Pero esta vez no. Que el creer que el llegar a la madurez supone el vivir tan solo ya de la fuerza de la costumbre me suena a rancio. A deprimente. A rendición. Y a vivir por vivir, ¡qué demonios! (1) ¡Eso! ¡A eso se debe precisamente que me lances una idea tan poco vitalista! ¡A los demonios! A que te has sentado a escribir sin descanso y justamente cansado como estás de algunas visiones de la vida te ha salido una obra así titulada precisamente: Los demonios. Pero yo no puedo estar más en desacuerdo contigo esta vez, Fiódor. Que ya sé que desde que somos niños todo esto se trata de ir dotando de fuerza a la costumbre. Y de que el hábito es inevitable. Nos acostumbramos y nos habituamos sí, y tomamos patrones de conducta que nos hacen sentir bien con la inercia de lo conocido. Vicios de los que difícilmente nos despegamos, además. Por no revolver. Pero de ahí a …

SOY UNA CÁNDIDA SIN REMEDIO

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Soy una cándida sin remedio. Lo soy. Pero de un tipo muy concreto. En mi descargo diré que candidez sí, pero estupidez ninguna. Sin modestia lo digo, porque es así. No me falta, habitualmente visión de las cosas. Soy rápida para identificar por dónde van los tiros. Y suelo ver venir asuntos, personas o sucesos, aunque a veces mire a otro lado y lo deje pasar en un gesto de buena voluntad o de búsqueda de tranquilidad para mi mente, según el caso. Pero soy una cándida. No de las tontas, pero cándida al fin y al cabo. Seguramente no debería decir esto, porque manifestar ciertas cuestiones de uno mismo no siempre es beneficioso. Te deja al descubierto, identifica un blanco al que disparar, y… etcétera, etcétera, etcétera,…. Ya nos sabemos la retahíla, aunque yo me inclino más por la opción de que te priva de ese halo de no saber por dónde vas a salir ni cómo vas a reaccionar, y eso infunde respeto y hace que la gente se piense dos veces las cosas antes de liártela. A pesar  de el…

DE CHONIS Y QUINQUIS ORGULLOSOS DE SERLO

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En todos los trabajos se fuma, se dice. Y el mío no iba a ser una excepción. Cuando tengo la suerte de contar con un ratillo libre suelo escaparme a un pequeño y muy coqueto salón de té que hay junto a mi instituto. Decorado como una acogedora casita de aire provenzal, el olor a repostería despierta la glotonería de cualquiera. Su propietaria, Ana, es una artista del buen gusto, la delicadeza y las buenas maneras. Y sus dulces son palabras mayores. Así que cuando necesito un rato para estar conmigo misma y retomar fuerzas voy a visitarla. Allí, con una suavísima melodía musical de fondo que invita a la tranquilidad de mente y alma, me tomo un gran café con leche, acompañado de galletas cookies recién horneadas, de esas que saben a mantequilla de la de verdad. Y revivo. Ni una voz más alta que otra, ni un sobresalto. Ni un ruido. Y mientras tanto leo algún artículo, curioseo mi teléfono, o,  si procede, charlo amigablemente y en buen tono.  Pura paz y buenos alimentos. Excepto ho…

ESO UNA LO SABE; SIN PREGUNTÁRSELO

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Tan jóvenes, tan llenas de ellas. Apenas empezando a vivir, a experimentar las primeras sensaciones de lo que será el gran estreno de eso a lo que llaman vida adulta. Pero no han nacido ayer. Algo acumulan de vida y de sentires. De ideas, decepciones, desencuentros y alegrías. Son algo sabias ya; sabias inocentes con ojos avispados y los sentidos más despiertos de lo que los tendrán nunca. Me preguntaron ávidas, con sus semblantes llenos de inocencia y unas ganas inmensas de escuchar mis palabras, esperadas como si de ellas fuera a manar la solución al más importante de los misterios de la vida. Y tal vez fuera así. “¿Cómo sabe una que está enamorada?”, me dijeron. Y yo suspiré hondamente, muy hondo. Y asentí con mi gesto, elevando las cejas, pensando con decoro y gran cuidado mi respuesta. Con responsabilidad busqué mis expresiones. Pero no porque fueran a resultar palabras inadecuadas o confusas, sino porque no quería aportar una descripción incompleta o poco precisa, injusta …