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VISTA CON OTROS OJOS

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Entre el miedo pavoroso y la irrefrenable -y a veces suicida- curiosidad gatuna ubico el sentimiento que me provoca saber la visión que los demás tengan de mí. ¡Deformación desde niña tendente a no querer decepcionar!       Cacharreando por las redes leo una se esas sentencias en forma de tarjeta de autoayuda y me paro a pensar. Esta vez decía: “siempre he querido saber cómo soy desde los ojos de otra persona”. Y me pregunto: “¿he querido?” Pues sí, sí que he sentido siempre tal comezón, como la mayoría, sospecho. Porque cierto es que una va eligiendo con el tiempo de quién le importa un pimiento su opinión -véanse ajenos titulados-, de quién le despierta consideración -los seres relevantes de tu vida-, y de quién importa mucho, mucho lo que se cueza en su cabeza -esos se saben sin duda, se nota el pálpito-. Y verdad es también que deseamos, en tal caso y con los dedos cruzados, llevarnos una buena impresión de vuelta, a qué negarlo. Porque ese saber cómo somos a los ojos de otra…

ALMA DESORDENADA

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A veces tengo el alma algo desordenada. Sin motivo aparente, ni causa que provoque ese bullicio. Me refiero a esos días en los que nada ocurre y no obstante me vuelvo un explosivo. Se da vuelta mi piel, se me hace fina, me inquieto, me revuelvo y me vuelvo más sensible, discuto fácilmente…. Dicen que esto es debido a que algunas hormonas se amotinan, y tal vez haya algo de cierto en ello. Pero yo le adjudico gran parte de la culpa a un momento puntual de descuido interior por el que se me abre una rendija a través de la cual se me cuelan cosillas sin ninguna importancia. De ese descuido hablo, del de bajar la guardia y que se descompensen los calibres de lo considerable y de lo nimio. A veces pasa.
    Tengo instalado en mí un fino mecanismo, ajustado al milímetro, afinado, por el que no tolero que los asuntos vanos me quiten la alegría. Ni la paz interior, la calma ni la risa. No me permito ya entristecerme, sentirme preocupada o agobiada por cosas materiales, por una discusión …

PEQUEÑOS ESBOZOS: Talón de Aquiles

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Hoy me he dado cuenta de que te has convertido en mi debilidad. Mi punto flaco. Sentados el uno frente al otro no pude aguantarte la mirada al saberlo. Dejé de percibir el ruido circundante para pasar a oír tan solo el agitado ritmo de mi propia respiración. Atronadora. Tomé las gafas que tenía sobre la mesa y me cubrí los ojos en un acto instintivo y reflejo, algo inconsciente, propio de quien se siente al descubierto y no quiere que le adivinen todas sus cartas. Creo. O mostrarse tal vez un blanco fácil para ser abatido. En un par de minutos un escalofrío me recorrió el cuerpo, desde las plantas de los pies hasta la nuca, porque pude entender cómo la misma alma que me nutre de amor y fortaleza se me dibujaba al tiempo como talón de Aquiles. Y me tembló la voz, ajándose en un sonido apenas perceptible. Casi inentiligible. En cuestión de segundos la mujer se hizo niña, un tanto frágil, un tanto más sensible. Salió mi punto débil, mi vulnerabilidad escrita con tu nombre. Solo porq…

ESPAÑA: NO PASAR, PELIGRO DE DERRUMBE

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Si os pregunto a cerca del sistema político mediante el que se rige nuestro país, ¿diríais que vivimos en una democracia? Es casi seguro que casi la totalidad diría que sí, pero también sospecho que la respuesta sería un acto reflejo, un algo aprendido y pronunciado con comprensible orgullo a lo largo los últimos cuarenta años de historia, pero que nos nace sin pararnos a analizar si es un diagnóstico riguroso. Para poder analizarnos por dentro y llegar a una conclusión certera sería preciso repasar ciertas cuestiones: ¿en qué consiste una democracia?, ¿qué valores presupone?, ¿se están cumpliendo estos en España?, ¿cabe la posibilidad de ser una democracia en teoría pero no en la práctica?
   Acabo de leer un artículo de El New York Times en el que se afirma que a día de hoy España se encuentra entre las democracias que se derrumban estrepitosamente. Al parecer  su situación es pareja a la de Italia, Hungría y Polonia, y siguen todas ellas las estela de lo ya acontecido en Turq…

MARAVILLOSO

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Es maravilloso...
   Cuando al fin encuentras a alguien que tiene la valentía, el coraje y la sensatez de tratarte como a una mujer. No como a una damisela decimonónica, ni como a un colega de bravuconadas. (O sí, pero solo si viene al caso y se comparte complicidad en un momento concreto). Ni como a un objeto de deseo irresistible únicamente, sino como a un único objeto de irresistible deseo. 
   Cuando te trata como a un igual de cuyas cualidades no duda, de cuyos defectos no se espanta, de cuya fuerza no se asusta ni se siente amenazado, y de cuya magia no se despega,… ni tiene intención alguna. Alguien que no te habla con condescendencia sino con palabras brotadas del amor que siente. Que no confunde la ingenuidad con ternura. Que contribuye a potenciar tu mejor lado y pone en valor lo que quiera que seas. 
 Es fantástico no sentirse una joya a tasar, un animalillo a diseccionar o una sustancia de tubo de ensayo. Saberse compañera y no complemento, alimento y no medicina, titu…

ROMPIENDO CADENAS

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Cada vez que rompes una cadena logras una victoria de dimensión inabarcable. Es una batalla ganada al tiempo y a ti mismo. Cada requerimiento externamente impuesto no cumplido, cada expresión sin sentido apenas escuchada, cada reacción de respuesta infundada no apreciada,…son pasos hacia adelante dados con botas de siete leguas. 
    Rompes una cadena cuando ya no te entregas abnegadamente a nada que provenga de una boca extraña y no íntima, cuando consigues que quien no cuenta no tenga voz. Cuando vas a contrapié y aun así te sientes enormemente lleno porque te sabes apreciablemente excepcional. (Lo eres). Cuando, salvo que tú lo elijas por razones de verdadera enjundia, no te sometes a nada que no te brote de unas ganas reales de hacer o sentir algo. Cuando tu tiempo es oro y tu compañía se vende cara. Cuando te pones la bandera de tus propios principios y no te cortas ni media al tumbar lo obsceno. Rompes una cadena cuando te vuelves crítico para volver a apreciar el sabor de…

COLMAR MI PACIENCIA

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Hay personas que agotan tan sumamente la paciencia que llegan a desfondar al contrario. Completa, devastadora e irremediablemente. A mí al menos me ocurre de ese modo. Me acordaba hace un momento de una amiga de la infancia cuya amistad mutua se extinguió con los años, y pensaba en cómo mi sentir hacia ella desembocó en un absoluto y profundo hartazgo respecto a todo lo que tenía que ver con ella. Ni sus gestos, ni su voz, ni su forma de hablar, ni su imagen se me hacían ya mínimamente soportables. Las razones concretas de aquello no vienen aquí al caso, pero ese recuerdo me ha provocado pararme a pensar en aquellas personas que se fueron quedando por el camino, no por vía natural, sino a causa de una ruptura drástica del vínculo. En todos los casos se dio en mí un denominador común: se columpiaron tanto, tanto, tanto en mi paciencia que los anclajes acabaron cediendo. Y, ¡al suelo! C’est fini. 
     Siempre he sabido, no me pesa reconocerlo, que cuento con una considerable dos…