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AMOR, AMOR. ASÍ LO ENTIENDO 💙💖

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Toda la vida acotando y clasificando los distintos tipos de amor que existen, cuando en realidad de lo que se trata es de saber que todos son uno. Exactamente lo mismo: misma fuerza y mismo potencial dirigido a destinatarios variados. Amor de pareja, amor de amigos, paternofilial y maternofilial, amor de hermanos o amor platónico,… Amor al fin y al cabo. Quiero decir que el elemento que los distingue no es en realidad el vínculo establecido, ni el receptor de dicho amor. O no solamente. Lo que de veras marca la diferencia es la forma de entender el amor que posean las personas que lo experimentan. Porque no todo el mundo entiende de igual forma el amor, ni lo vive igual. Así que al final se trata de identificar y asimilar que surgen tantos tipos de amor como conceptos de este tienen las personas. 
       Existe quien entiende el amor como un regalo espontáneo, caído del cielo, hecho para nutrirse, saciar la sed y el hambre, hacer desaparecer las rendijas del alma, sentirse pleno…

VIENTO

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De repente entró un apacible viento por la ventana. Cálido, muy cálido. Me pilló estornudando, constipada y me abrazó. Yo me dejé abrazar. Y le dejé quitarme aquel frío. Y templarme. Envolverme con los ojos cerrados. Pero pronto levanté la vista, instintivamente, y percibí que aquel no era un viento cualquiera. Era El Viento. Ese que llega pisando con firmeza, pero sin hacer ruido. No quiere revolver, pero revuelve el polvo. Y llega así, sin más, sin previo aviso. Sin preguntar siquiera. Buscando sus espacios. Colándose entre las rendijas que separan mis huesos, enredando sus manos entre los mechones de mi pelo, enlazando su brisa entre mis dedos y tumbándose al sol de mis pensamientos más secretos. Esos que con él dejan de ser secretos. Llega así, como aquel que no quiere la cosa. Pero quiere. Y yo. Sabiendo de las témporas lo mismo que los hombres de campo. De corrientes; tanto como hombres de la mar. Y de abrigo, de ponerse a resguardo, como saben los hombres del hielo. Y es…

EL COLUMPIO DE LOS SENTIMIENTOS

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Quien juega con fuego se acaba quemando. Suena a broma macabra que utilice esta expresión después del artículo que precede a este y con lo que está sucediendo en mi Norte actualmente. Pero nada más lejos. Del fuego real al menos. Me ocupa ahora la sensación de ver una y otra vez, constantemente, a los hombres jugando a la ruleta rusa con la vida. Columpiándose de una cuerda muy fina hasta caer. Para entonces lamentarse de que duele. Como niños. ¿Qué creíais? Y como a niños se nos advierte de eso precisamente, de que quien juega con fuego termina prendido en llamas. Todos nos colocamos en el borde del precipicio más de una vez. Todos nos arriesgamos absurdamente en varios momentos de nuestra vida. Haciéndonos los remolones. Vacilando hasta el límite. Estirando la cuerda de la paciencia de quienes nos quieren hasta casi terminar con ella. Vagueando asuntos de trabajo. Excediéndonos en noches locas hasta que son ya días. Se me ocurren mil ejemplos, todos humanos. Comprensibles. Ne…

ESPAÑA SE QUEMA. QUEMAN ESPAÑA

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Me asomo a la ventana. Hoy no amanece como el resto de los días. Le cuesta despertar al alba. Hay un color rojizo en el ambiente, una luz extraña como de aurora boreal, pero caliente. El aire no huele a limpio, huele a leña quemada, huele a invierno, pero hace calor. No amanece bien el día, no. Me tomo mi primer café de la mañana mientras sigo mirando el panorama. La calle está muy seca. Tremendamente seca. Justo en frente veo los edificios próximos comenzando a despertar. Algunas luces encendidas muestran las primeras señales de movimiento. La gente se pone en pie. Se prepara. Hay ventanas que dejan entrever las siluetas de sus inquilinos deslizándose por la casa. Me gusta imaginar quién habita dentro. De sus soportes exteriores cuelgan banderas. Banderas de España. Están ahí desde hace unos días en que había amenaza de que el país se partiera por su esquina superior derecha, y algunas gentes necesitaron mostrar su amor a la patria. Miro hacia abajo, a la calle. Empiezan a ver…

COMO AYER, POR EJEMPLO

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No tengo ni remota idea de lo que nos depararán los días venideros. No sé, -ni quiero-, leer el futuro, ni encomendarme a fuerzas de fe inexistentes a las que agarrarme fuertecito. Tampoco construir sobre el aire invisible, sin cimientos de vida. Pero lo que sí sé, y con total certeza, es que estoy llena. De ti. De cada tarde de sol, de cada café robado a la mañana y de cada tormenta refugiados bajo una sombrilla remolona. Que me nutren nuestros tiempos, nuestras maneras, ¿sabes? Que estoy llena de hoy y de querer mañana. Y pasado mañana. Y el siguiente. Y el otro. Indefinidamente…
      Que cae la luz pletórica y caliente sobre mis hombros cada noche, al regresar a casa. Y que una vez aquí, sola, en silencio, con una gran sonrisa respiro hondo. Muy hondo. “Me he comido este día”, me digo; y me traigo conmigo un mordisco de ti a estrenar por mis ojos. Y me pierdo con él. Y en él. Y por él. Hago sitio en mi armario cada día desde que estamos juntos, para buscarle hueco en esta pl…

EL JARDÍN DE LOS SUEÑOS ALCANZADOS

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¿Sabíais que García Lorca, Federico, decía que existe un jardín de las posibilidades en el que habita todo lo que pudo ser y no fue? Entre todas las vidas que vivimos dentro de la nuestra, todas tan distintas, tan encadenadas y a veces tan opuestas, acumulamos un sinfín de momentos no vividos. Recorremos constantemente cruces de caminos en los que elegimos entre el sendero de la izquierda o el de la derecha, entre seguir de frente o retroceder casi hasta el punto de partida. Y así, al tomar un sentido y descartar el resto, generamos un número considerable de experiencias no natas. Los amores que no consumamos, los besos no dados, los hijos no tenidos, los sueños no cumplidos. Los te quieros no pronunciados, los perdones no pedidos, las voluntades no cumplidas. Ese es el jardín de las posibilidades. Bello a rabiar y un poco nuestro, aunque nunca hayamos cruzado su puerta de entrada. 
    Yo defiendo que efectivamente ese jardín existe. No sabemos el punto cardinal exacto en el que s…

ME RESTA AÚN

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Sí, sí, que todos los poetas lo han hecho, ya. Pero que, ni mucho menos, he llegado yo aún a ese momento de la vida en el que quien escribe necesita hablar de la soledad, de la edad, del paso del tiempo o de la muerte. Ni he rozado los conceptos. Estoy, creo, para ello demasiado difusa en el tiempo; que no profana. Lo veo lejos, considerablemente lejos, y como tal pienso espantar todo ello por muchos, muchos años. Me encuentro en cambio en un momento de inicio de madurez en el que amanezco hambrienta de vida. De entregarme apasionadamente a todo cuanto me roce la piel. Y la mente. Y esencialmente el corazón. Y me siento terriblemente joven. De ganas y de cosas por hacer. De batallas y peleas de vida. De amor. De tinta. De besos. ¿De hijos, acaso? De labios secos de tanto hablar. De páginas leídas, lugares viajados y tardes al sol. De cientos de letras que le saquen el jugo al hueso de cada experiencia desorbitadamente calmada. Tranquilamente excesiva. Calma de saber lo que se q…