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PEQUEÑOS ESBOZOS: Locura controlada

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Si no fuera por la capacidad que poseo para teatralizar, para emanar locura controlada, para reírme y hacer reír, para pintar de vida los días comunes, se me vería cansada. Muy cansada por dentro. Se me verían los ojos que le pongo a la condena de remar en solitario cuando sé bien qué nombre sentaría frente a mí en ese barco. Se me vería la enorme necesidad de rescate de esta náufraga en medio del océano de un sentimiento y una vida, en la que se le sigue pidiendo que se haga la muerta. Sin perder la sonrisa, eso sí. Y poniéndome muy guapa siempre para la foto. Que no se diga que una no es elegante.
     Si no fuera por filtros de colores y una raya en los ojos bien trazada, sabría todo el mundo cuánto es que necesito que vengas a buscarme. Que soy yo quien se hunde. Que se acaba mi oxígeno. Que me pesan los años, no la edad, esa no. Que me has dejado sola. Y que me rompo. Por mucho que sonría.
     Si no fuera porque a veces hago oídos sordos, aparco el sentimiento en un rincón…

¿EN QUÉ ESTARÉ PENSANDO?

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Me estoy lanzando al papel con bastante ansiedad últimamente. Y es que tengo un torrente de cosas por decir disimulando en la punta de mi lengua. Pura revolución despendolada. Cuando se  dan cuenta de que las observan se quedan en la puerta. Miran a un lado. Luego al otro. Silban. Vuelven a mirar de reojillo. Y remolonean. Las tengo a raya a las pobres. Porque son un poco cabras locas, como su dueña cuando a enunciar sentimientos se refiere. Así que sí, disimulan. Regulín regulero, pero ahí están. En apariencia tranquilas. Y yo me inflo como un globo mientras tanto, y muevo las piernas y los pies inquieta, como si ese gesto fuese a calmarme lo no dicho o a relajarme lo más mínimo. No funciona, no. Porque el torrente de todo lo que llevo dentro sigue ahí, contenido1, sujeto por un dique no muy de fiar, aunque construido con paciencia y buena voluntad. Aunque temporal, eso he de decirlo. La presa tiene un tiempo de llenado y después de ello se espera que desborde. Cuando sea el m…

MANÍAS QUE TIENE UNA

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MANÍA N° 1
Hace tiempo que decidí no pedirle a la gente que haga o diga. Lo hacía frecuentemente de manera inocente, pensando que tal vez no se darían cuenta de esto y de lo otro, y que mi petición facilitaría las cosas. Hasta que aprendí que hay determinadas cosas que no se piden. Me limito, lo que no es poco, a hacerles llegar lo que pienso y siento sobre un asunto, como lo resuelvo yo y lo que me gustaría que pasase. Es menos invasivo, eso está claro. Trato con ello de revalorar el respeto que les tengo, a ellos, a su vidas, a sus porqués. Pero hasta ahí. Si de mis labios sale que quiero que actúen de una manera determinada, desvirtuaría con ello sus decisiones. Por no hablar de que sentiría que estoy tratando de arrimar el ascua a mi sardina a fin de conseguir lo que quiero. Por tanto, lo mire por donde lo mire, no me sirve. El que tenga algo que decir o que hacer respecto a mí, que lo haga libremente. Como yo voy a hacerlo, desde luego. Eso por descontado. 

MANÍA N° 2
Tampoco me…

ESTROPEANDO SOCIEDADES

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Voy a empezar por un lugar común y más viejo que el mundo: algo le pasa a esta sociedad que estropea al individuo. Dicho así, repetido desde que lo escrito nos da testimonio de ello, asentimos todos para quejarnos del tiempo que nos toca vivir. Cabeceamos y reprobamos, mitad resignados, mitad críticos. ¡Qué sociedad esta! Como si se tratase de un ente abstracto, creado por una fuerza superior desconocida y misteriosa para todos. Pero realmente no es la sociedad la que estropea al individuo, sino a la inversa. Este, con su mirada de corta trayectoria a su inmenso epicentro desvirtúa el concepto de la sociedad y su materialización. A no ser que decidamos ser lo más parecido a un anacoreta, tendemos a necesitar a nuestro alrededor a una red de gente más o menos nutrida, con quienes establecer relaciones de diversos tipos. Hasta ahí, ya está, integrar una sociedad. Sin embargo, es justo en el matiz que cada uno le da a esas relaciones, donde se encuentra el foco del conflicto que ad…

ENTRE TÚ Y YO

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Entre la llamada que no hago y la llamada que no haces hay un amor enorme maltratado. Entre el “a que no te atreves” y el "que no, que no me atrevo” hay un vacío absurdo y dos o tres pecados. Confesables o no.  Entre mi pensamiento oculto y el tuyo tan callado hay muy poca distancia y tan solo un segundo desviado. Entre tú y yo. Una historia. Un proyecto de vida. Dos docenas de miedos. El sueño y lo soñado. Una novela escrita hoja a hoja. Un cambio de papeles. Luego otro. Después otro. Pero siempre los dos como protagonistas.
Entre tú y yo, esa idea de amor no imaginado. Ese tiempo no vuelto y ese descubrimiento de nosotros, ilusos, sorprendidos, confiados tal vez, queriendo ganar horas al pasado. Entre tú y yo, ese sí pero no, y ese aquí siempre. Ese baile tintado de pasión, que nunca fue ese baile, y ese te echo de menos cuando aún estás al lado. Entre tú y yo,... me vuelvo loca siquiera de pensarlo. Ríndete de una vez. Ríndeme. No funciona ese plan. Lo has comprobado.
Entre t…

CUANDO ME LEAS, PIENSA QUE TE ESTOY REGALANDO MI VIDA (Eso es Literatura)

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Dedicado a todo aquel lector que se asome a mis letras.




Literatura
     Cuando una escribe, cuando toma la decisión de no dejar los folios escondidos en el fondo de un cajón, está colocando a la vista del lector de turno una radiografía de sí en color y en tres dimensiones. Entender la escritura literaria pasa obligatoriamente por aceptar que, independientemente del porcentaje de realidad o ficción que cubra su argumento, es pura vida lo que la apuntala. No es ensayo, no es lección aunque la contenga.  No es una noticia objetiva, ni un estudio científico aunque se analicen situaciones y mentes. Es pura, auténtica e inmediata vivencia particular. Tajante, directa y tan real como una bofetada. Cada uno de los pálpitos y de los pensamientos que conforman las veinticuatro horas del día de un escritor se engancha entre las letras. Leer, pues, una de sus páginas puede darnos más información de cómo es, de cómo siente, de lo vivido y de lo que piensa, que la más atrevida y franca de las conve…

EN GUERRA CON EL MUNDO

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Hoy es uno de esos días en los que estoy enfadada con todos y con todo. En guerra con el mundo. Rujo, rabio, crujo. De grado a grado, sin dejarme un solo paralelo. Estoy en guerra con mi entorno inmediato, con el vecino que me cruzo por la calle, con mi cotidianidad, con el que no parece decir hoy más que simplezas o refugiarse en lugares que por comunes se han convertido en rancias estancias camufladas de modernidad. Con ese que no sale de su zona de confort intelectual, no le vaya a dar un poco más a la cabeza  de lo habitual y en un arranque de ingenio le eche humo, para satisfacción del cuerpo de bomberos. Estoy en guerra con el desconocido que no dice buenos días al entrar a una tienda, y no por ser corto de miras, sino de coco, soltura y habilidades sociales. O con el que casi me lleva por delante a atravesar una puerta. Así me saque la clavícula en el intento. Estoy en guerra con quien solo se escucha cuadriculada y melodiosamente, según su tímpano, claro, y ese placer…