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CUESTIÓN DE COMPRENSIÓN

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Encuentro a muy poca gente por la que me encuentro realmente comprendida. Íntimamente entendida. En profundidad. Supongo que eso es algo nos ocurre a todos, pero algo me lo ha recordado hace un momento. Sé que llevo conmigo una insistencia constante en ser claramente vista por dentro por mi gente, y extrañamente obsesiva -y no tan recomendable-, en extenderlo al público ajeno. Pero sé que no durará siempre. Talón de Aquiles, pero me he prometido que mandaré al carajo todo aquello que me empuje a seguir con esa práctica de querer complacer bajo ataque de ansiedad. Le pondré fin a eso. Porque como una amiga me dijo ayer, quienes me quieren o hayan de quererme lo hacen con todas las consecuencias. “Contenta y huraña, justa e injusta, con el ojo pintado o sin pintar”, decía. No abunda quien comprende al otro en todo su espectro. Todos despotricamos, ya lo sé. Pero casi siempre ese sentido de incomprensión me ha venido dado al cuestionárseme ciertos hábitos, cualidades o defectos,…

LO QUE ME RODEA

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Hoy es un día normal. Quiero decir que es un simple viernes laborable sin visos especiales. La mañana está plomiza, creo que acabará lloviendo, porque soplan vientos de cambio. Comienzo la mañana paseando para sentarme después a desayunar en una terraza. Está llena. Algo tiene Santander que al menor atisbo de buena temperatura se atrinchera en las terrazas. A mi lado hay sentada una pareja. El primero de ellos llegó un ratito antes y pidió desayuno para ambos. El otro no tardó en aparecer. Tostada, croissant, cafés, sandwich. Copioso desayuno comido con ansias y con pinta de ser habitual, como desayuna la gente cuando alcanza la mediana edad, y le importa más bien poco nada que no sea disfrutar de los momentos simples y las cosas sencillas que reportan un placer inmediato. Hay sana complicidad entre estos dos hombres de expresión relajada y despreocupada. Intuyo que les une un vínculo sentimental en esa fase ya estabilizada, con la seguridad que da el saberse elegido por el otro …

LOS PLANES SECRETOS DE LAS COSAS

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Yo creo que nada sucede por casualidad. En el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos”. 
La sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón. 


     Cuántas veces he hablado del destino. Y cuántas he dudado de si existirá un designio escrito o bocetado por ahí para cada uno de nosotros, o si es, en cambio, un mecano que vamos construyendo día a día.  Pero ¿por qué no tomar ingredientes de ambos platos y sacar una hipótesis común? A mí esa idea de que las cosas, los acontecimientos, tengan un plan secreto, tramado en la intimidad y de antemano, me atrae como un imán. Es una idea salpicada de magia y de misterio, y supone además un relativo descanso para nosotros. Si los acontecimientos ya se las apañan por sí mismos, podemos dejar de obsesionarnos por que salgan de la forma que nos gustaría. Ellos ya lo tienen todo decidido. Y a partir de ahí, cuando nuestros asuntos se van definiendo, ahí ya actuamos en consecuencia. 
     ¿Qué es lo que hace que un proyecto salga…

NO ERES QUIEN DICEN QUE ERES. NO LE CREAS A NADIE

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No eres quien dicen que eres. No eres ese ser que describe tu familia. No eres el que cree tu madre, mucho menos quien dice tu padre. Ni eres eso define tu pareja, ni tus hermanos, ni tus hijos. En absoluto tus exparejas. Tampoco eres el amigo de tus amigos, quien cuentan tus compañeros de trabajo, ni quien describe con todo delicado detalle el que te hace terapia un par de tardes al mes. No eres ninguno de esos. Tal vez te pareces en algunos de esos aspectos, pero ese no eres tú. Y sin embargo, constantemente estás escuchando una nomenclatura identificativa, un conjunto de rasgos caracterizadores de tu personalidad que te ubican en el mundo. Todo el mundo parece tenerlo claro y como tal lo aceptas. Y te dices ser eso. Pero yerras el tiro. Así que ni siquiera eres quien tú dices ser, porque al hablar de ti mismo, tus palabras son solo el eco de lo que has oído de boca de los demás. Y me dirás: “¡pero es que yo me siento así!, siento que soy de esa manera”. Ya, ya lo sé. Pero re…

SI QUIERES CAMBIAR EL MUNDO, EMPIEZA POR TI MISMO

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Qué bonito eso que acaban de decirme sobre lo que escribo: “Hay en tus letras aún algo de inocencia, algo de niña que quiere cambiar el mundo”. Claro que lo hay, siempre lo digo. Si quisiera que las cosas permaneciesen en el mismo punto y en el estado en el cual están hoy, no escribiría. Tampoco pensaría. No le contaría a nadie mis impresiones. Ni soñaría con misterios reales que desentrañar. Sí que quiero cambiar las cosas y solucionar lo que no marcha. Pero sinceramente, hay algo que quiero cambiar mucho más cercano al mundo en general, y esa soy yo en particular. Mal podría si no. Antes de pretender darle la vuelta a nada, dar un consejo a nadie o dirigir otras vidas, es la mía la que se lleva mi foco de atención más inmediato. Es lógico, ¿no? ¿No era Tolstoi el que decía que todo el mundo sale a la calle envalentonado y con ansias de cambiar el mundo, pero nadie se dispone a cambiarse a sí mismo? Pues de eso va todo esto. De que sin mi experiencia, la acertada y la equívo…

YO NO TENGO LA CLAVE

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No tengo respuestas para todo, ni para todo el mundo. Pero a veces me importa poco no alcanzarlas, aunque no lo parezca y las busque con ahínco. Eso es algo que no puedo evitar, su búsqueda incansable. Una pista que me ayude a entender, que me enseñe el camino, que me indique que tecla pulsar a continuación. Y aunque giro la tuerca hasta el crujido, sé bien que no siempre hay respuestas, ni explicaciones. O que de haberlas no siempre resultan comprensibles para todos. ¿Qué hago entonces? Las aparco. O sucumbo. Según el caso. Porque yo también me rindo de pensar o, en el mejor de los casos,  necesito vacaciones de ello, recordándome que encontrar las respuestas a las preguntas de todos los días es una labor condenada al fracaso. También innecesaria. Las respuestas a las preguntas que se esconden en cabezas ajenas se encuentran en pequeñas cajas blindadas de compleja apertura. Y cambian cada día. Repasamos una por una, las estudiamos, y cuando las tenemos listas, varían de orden,…

CURTIR EL CORAZÓN

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     "En las grandes crisis, el corazón se curte o se rompe”. No lo digo yo, lo decía Balzac. Y no creo que haya quien niegue esa verdad máxima. Salvo por,… por una palabra. Yo cambiaría una sola palabra: la conjunción “o”. Y en su lugar pondría una “y” como una catedral de grande. Estoy convencida de que cuando nos llevamos un zarpazo no hay quien se libre de ambas acciones. No son en absoluto excluyentes. Sin una no hay otra. No habrá quien quede con el corazón roto sin que posteriormente se curta, ni será tampoco posible que haga callo sin que haya antes una rotura que cicatrizar. Eso es una obviedad. Nos rompemos el corazón continuamente unos a otros, aunque nos queramos con locura. Somos así de imbéciles, o tenemos el riego sanguíneo selectivo, que si fluye a borbotones al corazón pasa con dificultad al cerebro. Pero nos herimos por múltiples razones. Y mientras, el corazón cruje, cruje y cruje. A continuación se curte, se recompone, pero he de lanzar desde aquí una adverten…