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Mostrando entradas de diciembre, 2017

ESTE AÑO. HOY

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Nunca he sido de las personas que se mueren por ver su futuro a través de un agujerito. No quiero saber, bajo ningún concepto, qué me espera allí delante. Creo que no podría soportar saber todo aquello que ocurrirá escapándoseme de las manos y de mi control. Si algo tiene vivir en modo presente es que podemos tomarnos la vida en pequeños tragos, en dosis más o menos digeribles. Y bastante es. Así que no sé qué traerá el año que comienza en horas, pero no quiero saberlo. Tan solo miro a este que hoy termina... y repaso.      Recuerdo de forma cristalina, casi como si fuera hoy, el modo en el que comencé el año. Podría reproducir palabra por palabra, conversación a conversación, sensación a sensación. Sé bien cómo llegué a la medianoche y lo que pasaba por dentro de mi cabeza. E igualmente cómo amanecí la mañana de Año Nuevo y cómo fue transcurriendo el día. Envuelta en tristeza. Tremendamente triste. Y más. Y rememoro en mi cabeza cada mes. Enero, febrero, marzo, abril… Si aquel…

PEQUEÑOS ESBOZOS: En silencio y a un ritmo lento

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Hay días en los que tengo unas ganas inmensas de escribir, pero mi interior, acaso mi cabeza, no me acompaña. No es por falta de ideas ni de reflexiones, tampoco por falta de emociones. Estas me estallan por dentro y hierven con el olor de la pólvora pura. Ni se lo imaginan. Pero me espesa un manta de niebla que hace que el cuerpo me pese más de lo normal y que el alma supere su gramaje. Cuando esto me sucede me pregunto si se debe a una falta puntual de destreza, si se trata de un aturdimiento causal de mis sentidos, o si es un acto inconsciente para no disparar mis palabras. Y si he de ser sincera diré que no lo sé. Pero he decidido que tampoco voy a pararme a analizarlo. Son días de cincuenta gramos y treinta y seis horas. Días en los que me cuesta expresar con fluidez mi yo más íntimo y punto. De vez en cuando me asiste ese derecho, sin dejar de ser yo. Sin dejar de sentir. Sin dejar de pensar. Ni de esculpirme a través de la palabra escrita. Aunque sea en silencio. Y a un ri…

LECCIÓN DE MADUREZ: Identificar el AMOR del bueno.

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Cuando era pequeñita solía pensar aquello de que todo el mundo que tenía cierta importancia en la vida de otro ser se convertía automáticamente en alguien conservable, perenne hasta la muerte. Utópicamente calculaba los vínculos como cuasi eternos y por alguna extraña razón otorgaba ese privilegio a cuantos pasaban por mi vida y desempeñaban un papel de considerable relevancia. Pero fui creciendo. Por fuera y por dentro. Y ya sabemos lo que eso trae consigo y lo que provoca en el epicentro de la inocencia. Con dicha madurez la utopía se fue desvaneciendo como lo hacen las fotografías deshechas en agua. Y con ella mi ingenuidad. Sin embargo, si bien al principio me sentí desnuda y desubicada, poco a poco fui logrando que el espacio donde se originó el vacío se llenara de una materia que entonces no identificaba, pero que habría de servirme de salvoconducto en un futuro y para el resto de mis días. Sobre las ramas de aquel sueño inocente recién podado brotaron hojas verdes y jug…

CANTANDO: No one 🎵

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PARA MI MELENAS DEL ALMA ❤❤❤


NO ONE  /  NADIE


Simplemente te quiero cerca,
donde puedas quedarte para siempre,
puedes estar seguro,
que esto solo mejorará. Tú y yo juntos,
a través de los días y las noches,
no me preocupo, porque
todo va a salir bien.
La gente sigue hablando, pueden decir lo que quieran,
pero todo lo que sé es que todo va a ir bien. Nadie, nadie, nadie
puede interponerse en lo que estoy sintiendo,
nadie, nadie, nadie,
puede interponerse en lo que estoy sintiendo por ti, por ti,
puede interponerse en lo que estoy sintiendo por ti. Cuando la lluvia está cayendo,
y mi corazón está dolorido,
siempre estarás alrededor,
de esto estoy segura,
tú y yo juntos,
a través de los días y las noches. No me preocupo, porque
todo va a salir bien.
La gente sigue hablando, pueden decir lo que quieran,
pero todo lo que sé es que todo va a ir bien. Nadie, nadie, nadie
puede interponerse en lo que estoy sintiendo,
nadie, nadie, nadie,
puede interponerse en lo que estoy sintiendo por ti, por ti,
puede interponerse en lo …

LA DEUDA DE MI NAVIDAD 🎄🎅☃️

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Mi Navidad de este año me la debía la vida. Y con intereses. Hacía tiempo que mantenía conmigo una deuda pagadera a la que no puso fecha, pero finalmente este año ha comenzado a saldarla. ¡Albricias! Llegó diciembre. Y llegó el invierno. Y con ellos la Navidad. Sabemos que esta fecha es cuanto menos delicada para casi todos. Impone. Da respeto. A poco que acumulemos vida, es el momento del año más calibrado y mirado con lupa de todos. Y es que no solamente trae consigo sentimientos por sí mismo, sino que es capaz de provocar que nos pongamos en guardia a observar cómo nos sentimos, y aún más, cómo hemos de sentirnos. La Navidad ha sido desde siempre la niña mimada de las celebraciones. Envuelta entre algodones, de ella se espera lo mejor y se teme lo peor. Más allá de creencias, más allá de los tópicos, costumbres, tradiciones y hasta poses, es una fecha madre en las relaciones humanas de la cultura occidental. Se ama tanto como se aborrece. Y se aguarda tanto como se teme. Des…

ASÍ. Y a mí.

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Hacía tanto, tanto, tanto, pero tantísimo tiempo, que ya no me acordaba si alguna vez fui así. Pero no así durante un rato o por un día. No así frente a lo emocionante, o por una sorpresa. No. Así de a todas horas. Durante todo el día. Todos los días. De pleno al quince. De antes, ahora y luego. De ayer, hoy y mañana. Y pasado mañana. Y al otro. En los momentos calmos y en los otros inquietos. En la risa y en el rigor más absoluto. Así por lo especial o mientras campa a sus anchas la monotonía. Justo así. Incandescente el cuerpo, pero más el alma. Pólvora sin adulterar ni sabor a metal. Sin demasiado frío, ni hambre, ni sed. Sin cansancio ni sensación de hartazgo. Así. Como yo sé y tú intuyes. O un poco más. Que yo digo y tú permaneces atento, sí. Un kilómetro más allá de la intuición, donde se hallan las pistas y mis palabras. Y mis gestos más obvios conviven con los tuyos. Y con tus pistas. También con tus palabras. Allí se sabe cómo es ese así en el que yo me encuentro. Ese a…

PEQUEÑOS ESBOZOS: Ordeno la vida una vez cada noche

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Remoloneo, me hago la despistada, busco excusas. Cualquier pretexto para no irme a dormir. Cada noche. 
    Y me gusta la noche, sí, me gusta demasiado. Cansada, con la mente perdida y lejana a la frecuencia habitual de lo cotidiano,… pero al caer el día encuentro mi momento. De vida, no de sueño. De pensar más profundo y procurar con calma hurgar en lo más íntimo. Y en medio de esa noche hallo el modo de ser más sincera conmigo. Tan solo yo conmigo. Y me ajusto las cuentas y procuro no mentirme. Pero todo de noche. Y el reloj… marca otra hora más. Y sigo sin dormirme. Pues me digo a mí misma todo aquello que una debe decirse sin miedo y sin rodeos. Ardiendo, a bocajarro. 
    Me cuesta ir a dormir, que sí,… que me cuesta. ¡Que he de ordenar las cosas! Que no hay asunto de mayor importancia que el de poner en su sitio el pensamiento y tomarle la tensión al sentimiento. Diastólica y sistólica. Y saber con rigor qué se cuece en mis huesos. Así que me mantengo con los ojos abiertos …

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

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El amor después del amor es cálido. Y potente. Y luminoso. Es tórrido y tierno a partes iguales. Es la estampa de nosotros dos sentados frente a una copa una noche de viernes, con mis piernas entre las tuyas y tus manos acariciándome los muslos. Es besarnos olvidándonos completa y voluntariamente de la gente que nos rodea y nos mira con envidia. (Porque así nos miran, tenlo en cuenta). Es una carcajada permanente. Una partida jugada sin nada que perder y mucho que ganar, sin saber que se juega, como lo hacen quienes ya han pasado por mucho y de pronto se encuentran con el cielo abierto y por sorpresa. Karma. Es una sensación de inicio que no se agota, una vuelta a los orígenes de nosotros mismos y un renacer a la vida con ganas. El amor después del amor somos nosotros dos envueltos en la complicidad de lo vivido y lo vivible. Es la expresión en un idioma que ambos conocemos y al fin hablamos. Juntos. Es encajar los cuerpos con violencia, las bocas con ternura, los abrazos sin t…

LA APÁTRIDA

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Siempre me ha resultado curioso no tener un sentimiento de pertenencia a ningún lugar. No lo tengo, de veras que no. O al menos yo no creo tenerlo. No lo percibo así. Nunca he sentido mi tierra de un modo visceral. Nací y vivo en el Norte y me gustan muchas de sus peculiaridades. Pero como me gustan las de otros lugares si voy a visitarlos y tengo la ocasión de disfrutarlos con un poco de calma. Tampoco me he sentido incondicional de ninguna ciudad, más allá de la raigambre que ofrece la vivencia presente. Quiero decir que, en el momento en el que soy habitante de una urbe precisa esa es mi ciudad. Lo es por cotidianidad, por el hecho de moverme entre sus calles y ser capaz de notarlas como mi contexto habitual, pero no por que por ello se desarrolle en mí un especial sentimiento de hogar, ni una emoción mayor que la que pudo provocarme un destino anterior. Si lo pienso, crecí en una ciudad distinta a la que hoy habito. En la primera pasé treinta y tantos años: infancia y juve…

CONVERSACIONES: Sigmund

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Sigmund, es la segunda vez hoy que estás en el candelero. Ya te he dicho más de una vez que en ocasiones hilas tan fino que partes la hebra, pero si hay una verdad entre todas tus ideas es esa de que las emociones no expresadas nunca mueren. Esa de que las enterramos vivas para ver más tarde cómo acaban sacando la cabeza con el peor de los aspectos(1). ¡Qué cierto!, ¡qué acierto, Sigmund! Será por eso que yo hablo y hablo, escribo y escribo, destripo y destripo. Porque cuando me topo con una emoción de las que inquietan y pinchan, mi cara empieza a amoldarse a un gesto rígido y a tomar un color amarillento, cetrino. Como si se tratase de una indigestión que no permite que te centres ni te concentres en nada absolutamente. Puedes percibirla dando vueltas en tu estómago como una única prenda atrapada en el tambor de una lavadora industrial. Tienes toda la razón, Sigmund, y es que es eterna, nunca muere, no. La dejamos encerrada en un zulo de menos de un metro cuadrado y acaba sufr…

POR EL RABILLO DEL OJO

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Hay una historia por ahí pululando, a la que yo he bautizado como La teoría del rabillo del ojo, que hace referencia a la inexistencia de las coincidencias personales. Al parecer se fundamenta en la opinión de, nada más y nada menos, Sigmund Freud que afirmaría que los seres humanos no nos encontramos por casualidad. Que no se da eso de chocarnos de pronto, repentina e inesperadamente, con quien será esencial en nuestra vida, sino que se trata de alguien con quien ya nos habíamos cruzado en algún momento anterior. Alguien a quien ya habíamos visto por el rabillo del ojo, sin apenas darnos cuenta, y a quien habíamos dejado pasar, pero que queda grabado en nuestra mente. Alguien que se aloja ahí, en un lugar de nuestro subconsciente y a quien, envueltos en nuestra vida cotidiana, comenzaremos a buscar sin saberlo y sin descanso hasta que al fin lo encontramos. Pura magia envuelta en ese mundo del estudio de la mente y que a mí me atrapa tantísimo, al pensar que no tenemos ni remo…

EL AMOR ES UN ARTE DE CARÁCTER REALISTA

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Siempre he considerado que el amor es un arte. Un arte franco y de estilo realista, absoluta y tremendamente realista, pero adornado con los recursos expresivos más bellos que podemos llegar a imaginar. El idealismo del que se habla solo es belleza, pues. Belleza y marketing de invención artística, en efecto, y datable hará ya unos siete siglos. Realmente no afecta a la sustancia de la que se compone el sentimiento amoroso sincero y natural. Es exaltación de lo que sentimos, arranques de pura felicidad y sana admiración. Es asirse a los elementos circundantes para ser capaces de explicar la dimensión de lo que sentimos por el otro, lo que nos hace sentir, lo que siente por nosotros. Es acudir al ornamento más hermoso para tratar de llegar a la aún más grande hermosura de ese amor. Y aunque bello, no es la esencia. Nos complace agasajarnos, ateclarnos, oír al otro bellas palabras y endulzarnos los días. Nos agrada un detalle, un regalo, un gesto. Y sentirnos atendidos por el otro…

RELATOS ENCRIPTADOS: Sabía que su profesión me traería problemas

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(I)
      Sabía que su profesión me traería problemas. Y no equivoqué ni un poquito, porque por culpa de eso nuestra comunicación se hacía casi imposible. Al principio no era así. Hablábamos durante horas y yo estaba entusiasmada con su capacidad de escucha. Conversábamos de todo. Del trabajo, de la familia, de los sentimientos, de los sueños por alcanzar y hasta de los pequeños demonios que todos llevamos dentro. Una maravilla. Tenía además la capacidad de aportarme su punto de vista sin que pareciera que me aleccionara o me dijese qué hacer. Era un consejero de excepción, pero sobre todo un buen escuchador. Pero  eso no duró mucho, más bien diría que fue una exhalación, porque enseguida empezó a mostrar su agotamiento y sus pocas ganas de oír retahílas de ningún tipo. Sufrió un cambió radical, dio un giro de ciento ochenta grados. Y yo ya ni siquiera le contaba mis problemas, porque en cuanto comenzaba con “¿sabes lo que me ha pasado?” o con un “hoy me siento muy decaída”, su cara se…

POR TODAS ESTAS COSAS

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Te quiero porque de veras quieres estar conmigo. Y lo estás y lo dices. Sin juegos de palabras, medias tintas ni ambages. Por saber lo que quieres y que eso sea yo. Punto de partido y de partida. Por no poner excusas ni marear perdices, de esas que acaban fugándose de la jaula una tarde de sol. Porque eres como el agua y no me bailas. Ni me pones en duda. Y me entiendes por dentro, hasta cuando no es fácil. Con toda sencillez. Y quieres entenderme, que es lo más importante.
Te quiero porque si hay obstáculos los vistes de peineta. Sin despeinarte apenas. Procesiones por dentro y viacrucis varios. Porque luchas por no perder tu risa aunque rujan tormentas de más de mil demonios. Por comerte este mundo hasta sin tener hambre, hasta sin tener sed. Aun no teniéndolas. Porque al quebrarse el cielo eres capaz de abrir un camino con luz hasta mis ojos. Y guardas para mí un claro despejado de aguaceros. 
Te quiero por sentirte afortunado, por querer conservarme. Por ser mi gran descubrimient…

SU TIEMPO JUNTO A MÍ

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De todo cuanto me da de sí mismo, me quedo con una cosa por encima de todas: su tiempo. Y es que es lo más preciado. Ese algo con carácter de esencia maravillosa que ya no volverá. Materia irrecuperable y que, no obstante, él comparte conmigo. 
Tiempo en el que se sienta frente a mí y, cruzando una pierna sobre la otra, me toma de la mano. A su lado un café. Solo, largo y con hielo. Y a charlar de la vida, la divina y la humana. Y de la nuestra, claro. ¿Y el café?… como nuestros besos. Constantes, a pequeños sorbos y sin prisa. O a tragos largos, depende. De esos con los que quieres despertarte y volver a la vida. Y volvemos a ella, ¡vaya que si volvemos!
Tiempo en el que me mira silencioso y me dirige una media sonrisa discreta y tranquila, sin muecas. Natural, relajada. Y me va recorriendo con sus dedos la piel, dibujando mis hombros y un collar en torno a mi clavícula, mientras cierro los ojos y vivo. Que entre sus manos vivo, eso lo juro. Y al mirarlo a los ojos, esos en los que …