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Mostrando entradas de 2017

MÍRAME A LOS OJOS

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Mírame a los ojos. Aguanta la mirada. Firme. Directa. ¿Eres capaz? Mantener el tipo frente a frente, ojos contra ojos, en pugna, no es esta cosa fácil. Exige valentía, osadía tal vez, y una apuesta por desnudar las emociones, los sentimientos. ¿Te importa? Órdago a la grande y a ver quién gana. Supone entrega y constancia. Y fuerza. Porque unos ojos cristalinos alcanzan a comunicar todo aquello que los labios se niegan a pronunciar. Y es que los labios, a veces, son unos cobardes. O unos niños juguetones con su pizca de inconsciencia. Depende. Pero no los ojos, los ojos no. Ellos son viejos sabios, cuya misión ha sido verlo todo desde el principio de los tiempos. Por dentro y por fuera. Juegan, expresan intensamente, disimulan a veces si conviene. Son los encargados de enviar al interior la información recogida con detalle y atención, y los elegidos para lanzar afuera el latido interno de cada momento. Pero hay que ser valiente para ello, ya lo dije, para olvidarse del tiempo …

SI LA VIDA FUESE UNA PELÍCULA

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Si la vida fuese una película, yo elegiría ser la protagonista de una obra clásica en blanco y negro. De elegancia impoluta y sex appeal -o sexapil- en cada pequeño gesto. No querría ser una femme fatale de ideas retorcidas, eso no. Almas atormentadas y resentidas, casi siempre por la acción de algún hombre que la cosificó, para dejarla luego tirada en la cuneta. O inconformistas con aires de grandeza y ambición imparable, capaces de maquinar el crimen perfecto que las lleve a vivir en brazos del lujo. Nunca me gustó la gente que sueña con que la vida acabe convirtiéndole en alguien con riqueza y fortuna. No, no me gusta la gente que sueña con dinero o bienes materiales, me cansa y aburre. Además de otras cosas. Así que no querría protagonizar a una devoradora de hombres. Prefiero seducir de forma irremediable. Inevitable. Y a poder ser no darme cuenta de ello. Que no me lo cuenten. No necesito saberlo, aunque lo intuya. Basta con eso. Me quedo con los papeles de esas féminas …

CUESTIÓN DE COMPRENSIÓN

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Encuentro a muy poca gente por la que me encuentro realmente comprendida. Íntimamente entendida. En profundidad. Supongo que eso es algo nos ocurre a todos, pero algo me lo ha recordado hace un momento. Sé que llevo conmigo una insistencia constante en ser claramente vista por dentro por mi gente, y extrañamente obsesiva -y no tan recomendable-, en extenderlo al público ajeno. Pero sé que no durará siempre. Talón de Aquiles, pero me he prometido que mandaré al carajo todo aquello que me empuje a seguir con esa práctica de querer complacer bajo ataque de ansiedad. Le pondré fin a eso. Porque como una amiga me dijo ayer, quienes me quieren o hayan de quererme lo hacen con todas las consecuencias. “Contenta y huraña, justa e injusta, con el ojo pintado o sin pintar”, decía. No abunda quien comprende al otro en todo su espectro. Todos despotricamos, ya lo sé. Pero casi siempre ese sentido de incomprensión me ha venido dado al cuestionárseme ciertos hábitos, cualidades o defectos,…

LO QUE ME RODEA

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Hoy es un día normal. Quiero decir que es un simple viernes laborable sin visos especiales. La mañana está plomiza, creo que acabará lloviendo, porque soplan vientos de cambio. Comienzo la mañana paseando para sentarme después a desayunar en una terraza. Está llena. Algo tiene Santander que al menor atisbo de buena temperatura se atrinchera en las terrazas. A mi lado hay sentada una pareja. El primero de ellos llegó un ratito antes y pidió desayuno para ambos. El otro no tardó en aparecer. Tostada, croissant, cafés, sandwich. Copioso desayuno comido con ansias y con pinta de ser habitual, como desayuna la gente cuando alcanza la mediana edad, y le importa más bien poco nada que no sea disfrutar de los momentos simples y las cosas sencillas que reportan un placer inmediato. Hay sana complicidad entre estos dos hombres de expresión relajada y despreocupada. Intuyo que les une un vínculo sentimental en esa fase ya estabilizada, con la seguridad que da el saberse elegido por el otro …

LOS PLANES SECRETOS DE LAS COSAS

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Yo creo que nada sucede por casualidad. En el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos”. 
La sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón. 


     Cuántas veces he hablado del destino. Y cuántas he dudado de si existirá un designio escrito o bocetado por ahí para cada uno de nosotros, o si es, en cambio, un mecano que vamos construyendo día a día.  Pero ¿por qué no tomar ingredientes de ambos platos y sacar una hipótesis común? A mí esa idea de que las cosas, los acontecimientos, tengan un plan secreto, tramado en la intimidad y de antemano, me atrae como un imán. Es una idea salpicada de magia y de misterio, y supone además un relativo descanso para nosotros. Si los acontecimientos ya se las apañan por sí mismos, podemos dejar de obsesionarnos por que salgan de la forma que nos gustaría. Ellos ya lo tienen todo decidido. Y a partir de ahí, cuando nuestros asuntos se van definiendo, ahí ya actuamos en consecuencia. 
     ¿Qué es lo que hace que un proyecto salga…

NO ERES QUIEN DICEN QUE ERES. NO LE CREAS A NADIE

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No eres quien dicen que eres. No eres ese ser que describe tu familia. No eres el que cree tu madre, mucho menos quien dice tu padre. Ni eres eso define tu pareja, ni tus hermanos, ni tus hijos. En absoluto tus exparejas. Tampoco eres el amigo de tus amigos, quien cuentan tus compañeros de trabajo, ni quien describe con todo delicado detalle el que te hace terapia un par de tardes al mes. No eres ninguno de esos. Tal vez te pareces en algunos de esos aspectos, pero ese no eres tú. Y sin embargo, constantemente estás escuchando una nomenclatura identificativa, un conjunto de rasgos caracterizadores de tu personalidad que te ubican en el mundo. Todo el mundo parece tenerlo claro y como tal lo aceptas. Y te dices ser eso. Pero yerras el tiro. Así que ni siquiera eres quien tú dices ser, porque al hablar de ti mismo, tus palabras son solo el eco de lo que has oído de boca de los demás. Y me dirás: “¡pero es que yo me siento así!, siento que soy de esa manera”. Ya, ya lo sé. Pero re…

SI QUIERES CAMBIAR EL MUNDO, EMPIEZA POR TI MISMO

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Qué bonito eso que acaban de decirme sobre lo que escribo: “Hay en tus letras aún algo de inocencia, algo de niña que quiere cambiar el mundo”. Claro que lo hay, siempre lo digo. Si quisiera que las cosas permaneciesen en el mismo punto y en el estado en el cual están hoy, no escribiría. Tampoco pensaría. No le contaría a nadie mis impresiones. Ni soñaría con misterios reales que desentrañar. Sí que quiero cambiar las cosas y solucionar lo que no marcha. Pero sinceramente, hay algo que quiero cambiar mucho más cercano al mundo en general, y esa soy yo en particular. Mal podría si no. Antes de pretender darle la vuelta a nada, dar un consejo a nadie o dirigir otras vidas, es la mía la que se lleva mi foco de atención más inmediato. Es lógico, ¿no? ¿No era Tolstoi el que decía que todo el mundo sale a la calle envalentonado y con ansias de cambiar el mundo, pero nadie se dispone a cambiarse a sí mismo? Pues de eso va todo esto. De que sin mi experiencia, la acertada y la equívo…

YO NO TENGO LA CLAVE

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No tengo respuestas para todo, ni para todo el mundo. Pero a veces me importa poco no alcanzarlas, aunque no lo parezca y las busque con ahínco. Eso es algo que no puedo evitar, su búsqueda incansable. Una pista que me ayude a entender, que me enseñe el camino, que me indique que tecla pulsar a continuación. Y aunque giro la tuerca hasta el crujido, sé bien que no siempre hay respuestas, ni explicaciones. O que de haberlas no siempre resultan comprensibles para todos. ¿Qué hago entonces? Las aparco. O sucumbo. Según el caso. Porque yo también me rindo de pensar o, en el mejor de los casos,  necesito vacaciones de ello, recordándome que encontrar las respuestas a las preguntas de todos los días es una labor condenada al fracaso. También innecesaria. Las respuestas a las preguntas que se esconden en cabezas ajenas se encuentran en pequeñas cajas blindadas de compleja apertura. Y cambian cada día. Repasamos una por una, las estudiamos, y cuando las tenemos listas, varían de orden,…

CURTIR EL CORAZÓN

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     "En las grandes crisis, el corazón se curte o se rompe”. No lo digo yo, lo decía Balzac. Y no creo que haya quien niegue esa verdad máxima. Salvo por,… por una palabra. Yo cambiaría una sola palabra: la conjunción “o”. Y en su lugar pondría una “y” como una catedral de grande. Estoy convencida de que cuando nos llevamos un zarpazo no hay quien se libre de ambas acciones. No son en absoluto excluyentes. Sin una no hay otra. No habrá quien quede con el corazón roto sin que posteriormente se curta, ni será tampoco posible que haga callo sin que haya antes una rotura que cicatrizar. Eso es una obviedad. Nos rompemos el corazón continuamente unos a otros, aunque nos queramos con locura. Somos así de imbéciles, o tenemos el riego sanguíneo selectivo, que si fluye a borbotones al corazón pasa con dificultad al cerebro. Pero nos herimos por múltiples razones. Y mientras, el corazón cruje, cruje y cruje. A continuación se curte, se recompone, pero he de lanzar desde aquí una adverten…

PEQUEÑOS ESBOZOS: Mirando hacia afuera

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Tras cuatro días lloviendo sin cesar hoy el sol trata de colarse entre los huecos de las persianas. Me quedo absorta mirando hacia la calle, distraída, pensando en mis cosas. Sintiendo mis cosas.  Consciente como soy de que si ni siquiera la naturaleza es estable, si ni siquiera el día mantiene lo esperado, poco podemos pedirle al ser humano que camine siempre en línea recta. Somos un juego de cristales poliédricos, que cambian al influjo de la luz y completan una gama de tonos versátiles, brillantes o mates, fríos o cálidos, dependiendo del sol que entre por esa ventana. Mirando hacia afuera me veo pequeñita, me doy cuenta de que hay todo un mundo exterior que sigue girando, con sus días y sus noches, sus buenas acciones, sus malos rollos. Que aunque para mí mi mundo es el todo, resulta tan insignificante para el resto, que poco importa lo que yo haga. Mi poder de decisión, mi capacidad de actuación alcanzan tan solo donde llega mi vista. No mucho más allá. Como nos pasa a todo…

LAS PALABRAS MÁS BONITAS TE DAN EN LA CARA

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¿Que qué palabras me gustan? ¡Uff, es un conflicto! A ver cómo explico el quid de mi cuestión. Ni grandes, ni pequeñas. Ni en tinta de un color determinado... Pero sí, naturalmente que tengo mis preferencias.
Si voy a pasar páginas que sea organizadamente. De izquierda a derecha, como en el alfabeto latino, pero es lo de siempre. De derecha a izquierda, así como en el árabe, aunque no sé si sepa. Empezando por el principio y en orden cronológico como la narración lineal, más de lo mismo. Directamente al grano, es decir, in media res, pero yo no estoy lista. Desde hoy y retrocediendo hasta los orígenes, o el arte de la analepsis, ¿cómo has llegado aquí?... No hay orden que me deje tranquila, puesto que no hay tranquilidad en ningún orden. Que no me sirve.
Pero es que tampoco me rinde tener la gramática a mis pies…, porque… A media luz, casi no veo.  Ante… anteojos necesito.  Bajo presión,… ¡que no me entero!  Cabe la posibilidad de que no me guste. Con compañía, me distraigo. Contra t…

DUDAR O NO DUDAR, HE AHÍ LA CUESTIÓN

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He vuelto a pensar en ello. Hablamos de ese rasgo y me reitero: no soy indecisa. Rara vez dudo, qué curioso. ¡Ojo! Rara vez dudo de aquellas cuestiones que tienen que ver prácticamente en exclusiva conmigo, si es que eso es posible en algún grado, claro. Esto es, con aquello que parte de mi acción y de mi movimiento de base. Me enfrento a un asunto, lo miro exhaustivamente, lo huelo, lo escucho, lo toco, lo paladeo. Y ya es mío. Decido. Suelo saber qué quiero y lo que no. Qué soporto y qué no tolero. Qué me hará feliz y qué me apagará. Qué necesito, qué deseo, qué ansío. Qué detesto, qué no perdono, qué desprecio. Vamos, que no suelo dudar de ello y de cómo conducirme al respecto. No soy insegura en mis tomas de decisiones. Y tampoco suelo pensar que voy a equivocarme con una opción u otra. Si lo elijo por algo es. Será que me late así. 
     Me he preguntado muchas veces el por qué de ese rasgo o de su contrario, tanto en mí como en los demás. ¿Qué es lo que hace que una persona…

YO TAMBIÉN SOY AGREDIDA SEXUALMENTE

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A todo el que me lea,
Íntimo. Personalísimo. Y tan real como mi vida. En mi completa libertad para escribir sobre ello y con la más absoluta de las conciencias, abordo este tema tras considerar reflexivamente sus porqués y su para qué. Comparto con este texto mis pensamientos, mis sentimientos más privados y algunas de mis experiencias vitales, hasta mi presente más absoluto. Lo hago porque es mi vida y solo mía, y por ello hablo en primera persona, ejemplo de una más, pero real. Lo hago porque soy mujer. Lo hago porque callar estas cosas es seguir alimentando el monstruo. Lo hago porque no me da vergüenza. Lo hago porque es la verdad y porque en estas horas he explotado. Y lo hago para contribuir a que el mundo sepa, piensa, juzgue y actúe. 


     A mis casi 42 años estoy profundamente herida, erosionada, de ser agredida sexualmente prácticamente a diario y desde que tengo conciencia de ser mujer. Por fortuna, en mi caso particular no quiero decir con ello -y espero que no suceda jamás…

PEQUEÑOS ESBOZOS: Casi nadie sabe lo que es el primer amor

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El primer amor no siempre llega a la primera. Ni a la segunda. Ni cuando somos jóvenes. Tampoco es necesariamente el que se consolida, ni aquel que acaba en boda ni con hijos. No tiene por qué ser ese amor imposible, arrebatado, intenso, que nunca llegó a más. Ese tampoco. Y casi nadie sabe qué es el primer amor. Ni siquiera el romántico imposible que siempre se recuerda y se escucha en las canciones. Tampoco hay que asociarlo con el amor maduro, pausado, relajado. De mecedora y fuego. Con el compañerismo ni con los fines de semana entre las sábanas. El primer amor es tan solo ese que se tilda interiormente como amor en grande, de calidad y cantidad. Ese en que se te hace imposible no querer al otro por más cosas que ocurran y tenerlo en tu vida. El que te enseña que se puede querer sin egoísmos y también sin reproches. No es difícil ni es fácil. Tan solo es y punto. No tiene escrito que haya de salir bien, ni siquiera salir. Puede que lo estropees. Pero tampoco mal. ¿Eso dónde lo…

PEQUEÑOS ESBOZOS: Una mezcla especial

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Sé de sobra que mi risa puntual a carcajadas, mis bromas, mi tono distendido pueden tapar el aspecto de mi carga sensible. Sé que el remango con el que camino, el contoneo  al paso, el ruido del tacón que gasto o las pestañas pintadas dan la imagen de un movimiento airado y sin cerrojos. Sin freno. Que mis ganas incansables de hacer cosas, de hablar de aquellos temas hasta caer dormida, de explotar los momentos, de investigar aquí y allá, y averiguar el todo que se esconde por debajo del todo, no parecen mostrar que repliego las alas ni aun cuando estoy dormida. Pero eso es lo curioso. Que yo soy todo eso y también soy lo opuesto. Compresiva exigente. Tolerante al dedillo. No te deslices mucho, que te lo haré saber. Y quizás si me explicas, hasta pueda entenderlo. Y no diga ni mú. Ya lo veremos. Hasta el amanecer. Y también... un silencio pausado y reflexivo. Una tarde en un libro. Las ganas de hacer nada acurrucada debajo de una manta. Una siesta infinita. Una peli con más de t…

EL MUNDO ES NUESTRO

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Cuando aprendes a sentir que el mundo es tuyo, en ese exacto momento, estás listo para entonar “el mundo es nuestro”. Se lee mucho en  estos tiempos la importancia que tiene el practicar eso de desaprender. Nos enseñaron mal, al parecer, así que ahora toca deshacer parte del camino andado. Desaprender hábitos adquiridos, costumbres sociales, prejuicios inyectados y lecciones memorizadas. Especialmente todo aquello que tenga que ver con encasillarnos en un papel concreto que asfixie nuestras múltiples identidades. Nacemos en el seno de una sociedad con roles de género, de clase, de religión, de ideología política. De estética, de alimentación, de cultura, de ciencia y tecnología. Perfectamente programados para ser seres sociales dispuestos a entrar en la pista de baile al primer compás y permanecer en ella, sin decepcionar a nadie, mientras dure la pieza. Pero al crecer e ir viéndonos en la tesitura de tener que pelear y abrirnos camino en la maleza vamos generando un manto prot…

SER MUJER NO ES UN CHOLLO Y YO ESTOY EN GUERRA

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Ser mujer no es ningún chollo, os lo puedo asegurar. Y al respecto de escribir este artículo, pensaba hace un rato: “voy a repetirme”; “si vuelvo a sacar este tema, del que ya he escrito, va a ser más de lo mismo”. Y en efecto así es. Pero no se trata de que yo aborde más de lo mismo, ni me repito yo al ponerlo por escrito, no. Se trata de que el tema sigue ahí, siendo exactamente eso: más de lo mismo. Porque como digo, ser mujer no es ningún chollo. 
   Al escribir hoy, os cuento que lo hago profundamente triste y seria, muy seria. Exactamente ese es mi estado en estos últimos días por lo que a este tema se refiere. Me gusta quién soy y cómo soy. Disfruto y mimo el hecho de ser mujer, sin más bombo que el que ha de tener, puesto que antes de nada deberíamos sentirnos individuos del entorno. Pero ni puedo ni quiero mentir cuando digo que, aunque ese sería mi ideal, yo misma me siento cada día mujer integrante de una sociedad determinada, mucho antes y por encima de sentirme un in…

SOÑANDO

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Siempre me ha gustado soñar. Dormida y despierta. En ambos casos me encuentro con el momento de mayor sinceridad conmigo misma. Dormida se me aclaran las ideas, transfiguro las dudas, lo confuso. Cuando no sé qué significa algo, unas palabras simples o un gesto sencillo. Cuando no sé por qué es que pienso tanto en un asunto tal o una persona cual. Por qué no encuentro el modo de resolver con timo un enigma cualquiera. Entonces duermo. Y sueño. Y allí toma sentido. Un sentido especial, eso es verdad. Descifrable con mimo y con paciencia. Pero toma su forma y me es sincero. En sueños es también que me enfrento a temores porque allí toman forma, cara y cuerpo, textura, olor, tamaño. Allí sé si es posible vencerlos y me doy cuenta de si son para tanto o son tan solo una inseguridad mía, pequeña y combatible. Abatible con suerte. Y lo llevo conmigo a la vigilia. Así como en las noches de mayor paz conmigo, me dibujo el camino que quiero transitar. El camino, el por dónde, en qué, cómo…

MI CARÁCTER DEPENDE DE MÍ. MI ACTITUD DEL RESTO

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Esta mañana me permití una de esas pequeñas cosas que gustan por ser recordatorio de estar de vacaciones. Aprovechando que salí de casa a hacer unos recados, me senté en una terraza a desayunar tranquilamente y sin prisa. Zumo, café, buena temperatura, brisa y sol. De lujo. A mi lado había unos niños jugando, dos hermanos de entre seis y diez años. Correteaban entre las mesas mientras sus padres tomaban sus respectivos desayunos. A medida que pasaban los minutos, el pequeño de los dos hermanos se iba retratando como el verdadero trasto de la casa. Primero se peleaba con el otro. Gritaba. Desobedecía. Tiró al suelo un trozo del croissant que no se había terminado. No atendía a los requerimientos de sus padres. Lanzó incluso un par de patadas al otro hermano. Mientras veía tal estampa, los demonios se me iban llevando de poco en poco. En primer lugar porque ver a un niño comportarse de dicha manera me duele en el alma y me parece un verdadero crimen construir semejante perfil. En s…

ANIQUILANDO MI MIEDO

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He decidido no tener miedo. Aniquilarlo. Ya sé que el miedo es una emoción y sobre esas no se decide. Tampoco se piensa. Se sienten. Pero aún así yo lo he decidido. También sé que el pretender no tenerlo no me garantiza en absoluto el éxito de apartarlo del todo, pero al menos me coloca en una posición inteligente para ser su contrincante. Y es que por más que yo me empeñe, determinadas cosas pasarán en mi vida sí o sí. E igualmente podré trazarme un camino que tomará todas las bifurcaciones del mundo al mismo tiempo que voy recorriéndolo, y se desarrollará este por tramos que ni yo misma sabía que existían. El camino se rehace porque yo misma me rehago. O viceversa, no lo sé muy bien. Así que es absurdo tenerle miedo a enfrentarme a ciertas cosas, porque estas tienen la suficiente fuerza y vida propia como para decidir por sí mismas. Lo que haya de pasar conmigo ocurrirá igualmente, principalmente porque ni mucho menos todo depende de mis acciones. Ojalá. O, ¡un momento!... ta…

LAS HISTORIAS DE AMOR IMPOSIBLE NO EXISTEN

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A mí toda esa milonga de los amores imposibles e inolvidables, las historias truncadas, lo eternamente venerado e idolatrado por inalcanzable, me saca un poquito de mis casillas. Bueno, más que un poquito. De hecho saca a la psicópata que llevo dentro. He de decir que en este tema he dado un viraje de ciento ochenta grados, lo prometo. Yo era un poco madame Bovary y otro poco Anna Karenina, y suspiraba por esas historias de amor que, aunque no podían ser, me hacían soltar una exhalación solo con su imagen pasando por mi cabeza. Las tenía, además, en un pedestal, puesto que si siendo imposibles como eran, lograban mantener esa llama candente en el corazón, sería porque eran realmente grandiosas, ¿verdad? Pues no, no señores. Ya no lo creo así. Para empezar no creo que las palabras “amor” e “imposible” puedan combinarse en una misma impresión. Salvo de esa quema, si acaso, algunas excepciones realmente puntuales, como condiciones y circunstancias de vida extremas o incluso la muerte…