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Mostrando entradas de 2017

AMOR, AMOR. ASÍ LO ENTIENDO 💙💖

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Toda la vida acotando y clasificando los distintos tipos de amor que existen, cuando en realidad de lo que se trata es de saber que todos son uno. Exactamente lo mismo: misma fuerza y mismo potencial dirigido a destinatarios variados. Amor de pareja, amor de amigos, paternofilial y maternofilial, amor de hermanos o amor platónico,… Amor al fin y al cabo. Quiero decir que el elemento que los distingue no es en realidad el vínculo establecido, ni el receptor de dicho amor. O no solamente. Lo que de veras marca la diferencia es la forma de entender el amor que posean las personas que lo experimentan. Porque no todo el mundo entiende de igual forma el amor, ni lo vive igual. Así que al final se trata de identificar y asimilar que surgen tantos tipos de amor como conceptos de este tienen las personas. 
       Existe quien entiende el amor como un regalo espontáneo, caído del cielo, hecho para nutrirse, saciar la sed y el hambre, hacer desaparecer las rendijas del alma, sentirse pleno…

VIENTO

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De repente entró un apacible viento por la ventana. Cálido, muy cálido. Me pilló estornudando, constipada y me abrazó. Yo me dejé abrazar. Y le dejé quitarme aquel frío. Y templarme. Envolverme con los ojos cerrados. Pero pronto levanté la vista, instintivamente, y percibí que aquel no era un viento cualquiera. Era El Viento. Ese que llega pisando con firmeza, pero sin hacer ruido. No quiere revolver, pero revuelve el polvo. Y llega así, sin más, sin previo aviso. Sin preguntar siquiera. Buscando sus espacios. Colándose entre las rendijas que separan mis huesos, enredando sus manos entre los mechones de mi pelo, enlazando su brisa entre mis dedos y tumbándose al sol de mis pensamientos más secretos. Esos que con él dejan de ser secretos. Llega así, como aquel que no quiere la cosa. Pero quiere. Y yo. Sabiendo de las témporas lo mismo que los hombres de campo. De corrientes; tanto como hombres de la mar. Y de abrigo, de ponerse a resguardo, como saben los hombres del hielo. Y es…

EL COLUMPIO DE LOS SENTIMIENTOS

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Quien juega con fuego se acaba quemando. Suena a broma macabra que utilice esta expresión después del artículo que precede a este y con lo que está sucediendo en mi Norte actualmente. Pero nada más lejos. Del fuego real al menos. Me ocupa ahora la sensación de ver una y otra vez, constantemente, a los hombres jugando a la ruleta rusa con la vida. Columpiándose de una cuerda muy fina hasta caer. Para entonces lamentarse de que duele. Como niños. ¿Qué creíais? Y como a niños se nos advierte de eso precisamente, de que quien juega con fuego termina prendido en llamas. Todos nos colocamos en el borde del precipicio más de una vez. Todos nos arriesgamos absurdamente en varios momentos de nuestra vida. Haciéndonos los remolones. Vacilando hasta el límite. Estirando la cuerda de la paciencia de quienes nos quieren hasta casi terminar con ella. Vagueando asuntos de trabajo. Excediéndonos en noches locas hasta que son ya días. Se me ocurren mil ejemplos, todos humanos. Comprensibles. Ne…

ESPAÑA SE QUEMA. QUEMAN ESPAÑA

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Me asomo a la ventana. Hoy no amanece como el resto de los días. Le cuesta despertar al alba. Hay un color rojizo en el ambiente, una luz extraña como de aurora boreal, pero caliente. El aire no huele a limpio, huele a leña quemada, huele a invierno, pero hace calor. No amanece bien el día, no. Me tomo mi primer café de la mañana mientras sigo mirando el panorama. La calle está muy seca. Tremendamente seca. Justo en frente veo los edificios próximos comenzando a despertar. Algunas luces encendidas muestran las primeras señales de movimiento. La gente se pone en pie. Se prepara. Hay ventanas que dejan entrever las siluetas de sus inquilinos deslizándose por la casa. Me gusta imaginar quién habita dentro. De sus soportes exteriores cuelgan banderas. Banderas de España. Están ahí desde hace unos días en que había amenaza de que el país se partiera por su esquina superior derecha, y algunas gentes necesitaron mostrar su amor a la patria. Miro hacia abajo, a la calle. Empiezan a ver…

COMO AYER, POR EJEMPLO

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No tengo ni remota idea de lo que nos depararán los días venideros. No sé, -ni quiero-, leer el futuro, ni encomendarme a fuerzas de fe inexistentes a las que agarrarme fuertecito. Tampoco construir sobre el aire invisible, sin cimientos de vida. Pero lo que sí sé, y con total certeza, es que estoy llena. De ti. De cada tarde de sol, de cada café robado a la mañana y de cada tormenta refugiados bajo una sombrilla remolona. Que me nutren nuestros tiempos, nuestras maneras, ¿sabes? Que estoy llena de hoy y de querer mañana. Y pasado mañana. Y el siguiente. Y el otro. Indefinidamente…
      Que cae la luz pletórica y caliente sobre mis hombros cada noche, al regresar a casa. Y que una vez aquí, sola, en silencio, con una gran sonrisa respiro hondo. Muy hondo. “Me he comido este día”, me digo; y me traigo conmigo un mordisco de ti a estrenar por mis ojos. Y me pierdo con él. Y en él. Y por él. Hago sitio en mi armario cada día desde que estamos juntos, para buscarle hueco en esta pl…

EL JARDÍN DE LOS SUEÑOS ALCANZADOS

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¿Sabíais que García Lorca, Federico, decía que existe un jardín de las posibilidades en el que habita todo lo que pudo ser y no fue? Entre todas las vidas que vivimos dentro de la nuestra, todas tan distintas, tan encadenadas y a veces tan opuestas, acumulamos un sinfín de momentos no vividos. Recorremos constantemente cruces de caminos en los que elegimos entre el sendero de la izquierda o el de la derecha, entre seguir de frente o retroceder casi hasta el punto de partida. Y así, al tomar un sentido y descartar el resto, generamos un número considerable de experiencias no natas. Los amores que no consumamos, los besos no dados, los hijos no tenidos, los sueños no cumplidos. Los te quieros no pronunciados, los perdones no pedidos, las voluntades no cumplidas. Ese es el jardín de las posibilidades. Bello a rabiar y un poco nuestro, aunque nunca hayamos cruzado su puerta de entrada. 
    Yo defiendo que efectivamente ese jardín existe. No sabemos el punto cardinal exacto en el que s…

ME RESTA AÚN

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Sí, sí, que todos los poetas lo han hecho, ya. Pero que, ni mucho menos, he llegado yo aún a ese momento de la vida en el que quien escribe necesita hablar de la soledad, de la edad, del paso del tiempo o de la muerte. Ni he rozado los conceptos. Estoy, creo, para ello demasiado difusa en el tiempo; que no profana. Lo veo lejos, considerablemente lejos, y como tal pienso espantar todo ello por muchos, muchos años. Me encuentro en cambio en un momento de inicio de madurez en el que amanezco hambrienta de vida. De entregarme apasionadamente a todo cuanto me roce la piel. Y la mente. Y esencialmente el corazón. Y me siento terriblemente joven. De ganas y de cosas por hacer. De batallas y peleas de vida. De amor. De tinta. De besos. ¿De hijos, acaso? De labios secos de tanto hablar. De páginas leídas, lugares viajados y tardes al sol. De cientos de letras que le saquen el jugo al hueso de cada experiencia desorbitadamente calmada. Tranquilamente excesiva. Calma de saber lo que se q…

PEQUEÑOS ESBOZOS: Un lugar en el mundo sin miedo

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Dicen que existe un lugar en el mundo apartado, recóndito, donde nada duele, nada hace daño, nada priva de esbozar una sonrisa. Ese lugar no existe en los mapas, no hay localizadores que marquen sus coordenadas, ni guías que lleven hasta él. Se sabe de su existencia por las historias contadas de boca en boca, pero el caso es que nadie que haya ido a él ha regresado de vuelta, por lo que mucho menos ha podido narrar su estancia allí, ni describir cómo es o dónde se halla. Al parecer en ese lugar no existe la sensación de miedo. Cuando se experimenta una emoción simplemente se vive. Los sentimientos se paladean naturalmente, hasta relamerse. Los sueños se persiguen hasta cumplirse, pero una vez despiertos. Y los proyectos de vida se llevan a cabo, sin perder fuelle por el camino, ni tener que sortear zancadillas ajenas. Eso provoca que nadie se frene en seco a sí mismo, por lo que tampoco hace acto de presencia el sentimiento de la frustración, lo que a su vez da lugar a la in…

DOBLE MORAL DE ANDAR POR CASA

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Anna Karenina fue víctima perfecta de un verdugo social, elegantemente ataviado con las ropas de la doble moral. Indumentaria espesa, regia, pesada. De opaco terciopelo negro, tal vez. Fue ella, símbolo femenino de la literatura decimonónica, la que se quitó la vida, pero la colectividad, carne de relación ilícita en salones privados y refinadas formas ante el público, fue quien empujó su alma a buscar el final de su cuerpo. Fue por tanto carne desmenuzada por una sociedad hipócrita. Y Ana Ozores lo fue. Y Fortunata. Y El Jeckyll con su Hyde. Y eso tan solo asomándonos a siglo y pico atrás, pero la literatura es buena forma de ver ejemplos de un mal estructural que ha acompañado al hombre per saecula saeculoum. Ayer, hoy, y… Y en todo ello, gentes sin cara, caras sin nombre dispuestas a convertirse en castigador azote de las relaciones libres, del impulso erótico, del amor sentido, de los instintos,… pero cuando es de otros, cuando es al resto a los que afecta. Y ello siempre …

RÉPLICA A TUS LETRAS: ÚNICO INESPERADO

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¿Sabes lo que es único para mí? Que me dejen entrar en lugares en los que nadie habitó antes. Y que lo hagan sin miedo. Sin temor y con ganas. Acaso con hambre acumulada de no haberlo probado, del que observa goloso frente a él un banquete, tras años sin tomar bocado alguno. Que me miren y digan: “tú sí, tú puedes; no sé explicar el porqué, pero sí que tú puedes entrar aquí”. Que me muestren su alma con el valor de quien quiere enseñarla. Sin dobleces. En su medida justa. A su ritmo. A su paso. Pero a mí, solo a mí. Tan solo con mirarme. Privilegiada yo. Afortunada entonces.
         Adivinas muy bien. Con mucho acierto dices que cada vez que poso mis ojos en los tuyos entro sin darme cuenta, pero al tiempo queriendo, a tu interior más hondo. Tal vez sea una osada que pasa sin llamar, a través de la puerta que dejas entornada,… para mí. O eso espero. Eso creo entender. Pero es que hay algo ahí, adentro muy adentro, imponente y tremendo, que a mis ojos atrapa. Engancha mis sen…

DESAPRENDIENDO LA CANCIÓN APRENDIDA

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Supongamos una existencia que alcanza la esperanza media de vida, aquí en España, de unos ochenta y pico años de edad. Imaginemos que todo va bien, que lidiamos con aceptable índice de éxito con las correspondientes enfermedades, achaques, caídas de todo género,… y que al final llegamos a la frontera de la octava década. Dividamos el pastel, pues, en ocho partes, una por cada diez años de vida, y pensemos en quiénes somos, en cómo vivimos y en qué es lo realmente importante de cada momento vital. No por pasarnos de rosca, no, sino por reparar durante un momento en todo ello y darnos cuenta de lo mucho que aprendemos y desaprendemos una y otra vez. 
        Partiendo de la base de que creo firmemente en que, a poco espabilados que seamos, la vida es un continuo aprendizaje aun en las malas experiencias; partiendo de la base de que no eliminaría (casi) ninguna de las vivencias que he atravesado -y esta vez hablo únicamente por mí-; y de que podríamos sacar beneficio de (casi) todo…

MORDIENDO MI VIDA

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Dicen que para escribir hay que vivir. Vivir mucho. Ir de acá para allá sin billetes ni planes, observar a la gente con la exquisita atención de quien analiza una obra de arte. Hablar con todo el mundo, sin distinciones, como si en cada conversación fueran a resolverse los principios esenciales de la vida. Escuchar sus historias y hacerte partícipe de ellas. Un personaje más. Provocar las tuyas, dándole a cada la importancia de ser el epicentro del terremoto que recolocará tu existencia. Vivir para poder escribir.
    Y eso estoy haciendo: vivir mucho, intensamente. Como yo sé. Y degustar cada momento. Y sentirlo como si fuera el único, que no como el último; que eso siempre tiene sabor a precipitaciones y a tropiezos por las prisas. Vivir con verdad y avanzar impulsada por la propia fuerza natural de la marea. Y es que la vida, sabia como a veces es, sabia como la hacemos en realidad, no nos permite vivir de otra manera. Hay ocasiones, sí, eso es cierto, en las que nos deja deam…

PICO Y PALA, CORAZÓN

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¡Pico y pala, corazón! Que la vida son dos días y el tiempo es oro. Que el que algo quiere algo le cuesta. Que nadie vende duros a cuatro pesetas. Y que a Dios rogando y con el mazo dando. Y que el que quiere peces ha de mojarse el culo.     Que prácticamente la totalidad de las cosas de esta vida conllevan esfuerzo no es nada nuevo. Al menos desde que Adán y Eva nos la liaron parda, para llegar Darwin mucho después, desmontar el chiringuito y liarla aún mayor, con eso de que sobrevive el más fuerte. Nada ni nadie nos libra del concepto ultrarrealista de que los retos de esta vida se convierten en logros cuando le ponemos ganas, alma y horas de práctica al asunto. Y el amor no iba a ser una excepción en este teatro. Y sin embargo, me atrevería a decir que es mucho más habitual observar a la gente dejarse la piel en asuntos materiales. Echar horas, años, en adquirir unos conocimientos determinados, conseguir un ascenso, comprarse uno la casa de sus sueños más ambiciosos, amasar un…

HACERSE HIPPIE

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Yo no sé si algún día me quitaré la razón a mí misma. Pudiera ser. A lo largo de una vida lo hacemos cientos de veces. Cambios de opinión, descubrimientos, caídas del burro, redescubrimientos,… Así que seguramente dé unos cuantos bandazos, todavía, en línea desdibujadamente recta, pero como ahora me encuentro en mi cota más alta de experiencia, bien puedo afirmar el estado de mi evolución personal. Vivo en sentido opuesto a las agujas del reloj. Dicen que con los años uno se hace más inmovilista. Que se aburguesa. Que abraza el conservadurismo, la quietud de lo conocido, el orden. Pero lo cierto es que yo ya nací vestida de todo ello. Sobre mi frescura de niña y mi felicidad eterna, portaba un traje de lo bien hecho bien parece, y respondía rauda y veloz, sin ser llamada a veces, a lo correcto. Sin imposiciones externas, sin presiones, sin obligaciones que no correspondieran. Tan solo era como yo creía que tenía que ser. Para bien. No fue un error. Pero expiró. Porque el error…

UNA BRÚJULA PARA QUE NO PIERDAS EL NORTE ☄

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Al principio no me di cuenta, no me percaté de que la vida no era una línea recta que tomaba desvíos ocasionales para posteriormente volver al camino. Pero es que entonces era muy joven y era lógico no verlo. Después me costó admitir que este invento es similar a un puzle, y que cada ciclo, etapa, fase se asemeja a una de esas piezas que forman el juego y tratan de encajar con la anterior y con la siguiente. Me llevó esfuerzo, tiempo y unos cuantos cientos de vueltas al pensamiento. Sin embargo, a pesar de que finalmente conseguí asumirlo, de que aprendí que esto es una ruta siempre zigzagueante, tampoco pensé de forma inmediata que se tratase de un rompecabezas de esos de más de nueve o doce cubos. Jamás se me antojó tan sobredimensionado. Ahora al fin me he dado cuenta de que esto es un conglomerado de compleja extensión, que bien parece tomar el aspecto de un bello mosaico de cerámica, de esos en los que se distinguen diez tonos distintos de azul entre sus diminutas y preci…

DADME UN HOMBRE

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No me asusta en absoluto el ser humano. Siempre que sea eso, humano antes que ser. Pero no, no me asusta. Hace ya muchos, muchos años que no. Aprendí ese sentir allá de niña. No me asusta la imperfección, ni lo considerado vergonzoso. Acepto o rechazo, pero no me escandalizo ni entro en pánico. Lo que me asustan son las personas que huyen de sus rasgos más básicos obligándose a ser siempre en extremo correctos. Tan perfectos. Tan fuera de mácula. Confundiendo esa plastificada exquisitez con la imprescindible educación. Esos perfeccionistas imperfectos sí que me asustan. Me asusto yo a mí misma, de hecho, cuando rozo ese vicio, lo reconozco. Ese de reñirme cuando fallo o criticarme ya de modo insano. También me asustan quienes esconden sus pies, perfectamente posados sobre el suelo, a base de maquillajes que tardan en derretirse poco más de una hora. A la sombra. Quienes no se atreven a mostrar y se incomodan si muestras. Pero, ¿el ser humano? Ese no. Dadme un hombre que ponga …

MI QUERIDA AMIGA

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Mi querida amiga:
    Jamás te mantengas parada, si te sientes disconforme con la vida que vives. Nunca. En ninguna de sus facetas. No te conformes de tanto comprender. Si en algún momento tienes la más mínima sospecha de que algo no va bien, lúchalo. Pelea, patalea, si es preciso. Rebelate. Y reivindica. Reivindica lo que sueñas, lo que deseas y lo que mereces a quien corresponda. Incluso a ti misma. Tienes y tendrás siempre todo el derecho del mundo para decirte interiormente y para gritar bien claro a quienquiera que toque que necesitas algo distinto. Para afirmar contundentemente que algo no te convence, que eso no te gusta, que no te están haciendo sentir bien, quebte quedas con hambre, o que no te da la gana esto o aquello. No existe para ti otro estado ya, otra emoción menor que de la más absoluta plenitud de estar, ser y sentirte saciada y bien nutrida. A estas alturas de tu vida, tanto ha sido lo luchado y lo vivido, tanto lo comprendido, lo empatizado, lo asumido y lo dul…

OTOÑO

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Hay otoños que llegan contradiciendo a las leyes del tiempo. Del tiempo atmosférico, quiero decir. Aunque al final acaban toreando al cronológico. El otoño se hizo para la lluvia, para derramar litros y litros salados en los que lamentamos que los momentos de sol espléndido y de luz tardía, que las horas intempestivas correteando por las calles y el calorcito al aire libre llegan a su fin. Se hizo para ir recogiéndose algo más temprano, para ver bosques en su mejor momento, para observar la ciudad en ocre y sepia, para oler a humo de las chimeneas y para sentir el momento en el que, estando destemplado, te echas una prenda de abrigo sobre los hombros y suspiras. Se hizo para cenar frente a la tele viendo una buena peli o tu serie favorita, mirando a gusto el reloj de reojo, y yéndote pronto a dormir porque hay que madrugar. El otoño se hizo para recordar y para hacer planes. Para acurrucarse de nostalgia y echar de menos. Se hizo para hacer balance de cara a una nueva etapa, pa…

ESPECIALITOS (Exquisitez positiva)

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La edad nos trae rarezas, manías, intolerancias. Pero también una mayor flexibilidad a la hora de enfrentar lo propio en los demás. Al final es un juego de tira y afloja que permite que nos llevemos medianamente bien, que convivamos con cierto equilibrio y que capeemos temporales. Lo que sí es verdad es que la edad nos hace, a poco listos que andemos, algo más sabios respecto a nosotros. Si las circunstancias nos lo permiten, nos rodeamos de un pequeño, pero selecto, grupo de seres que suman a nuestra existencia. Ya lo dije hace un par de días, tendemos a tener cerca a aquellos que de veras hacen por conocernos y se dejan ver por dentro, sin tener que jugar para ello a las adivinanzas.  ¿Será que nos volvemos un poco especialitos? Será, será. ¿Quién sabe? No seré yo quien desmonte esa creencia. Tal vez se trate de que ya no nos convence cualquiera a la hora de compartir un tiempo, cuyo contador, sabemos, ya no está a cero. Aún así, y aunque sí que creo que el no regalarnos tien…

QUE NO SE TRATA DE ESTAR, SINO DE SER

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He pensado que voy a hacer un pacto conmigo misma. Bueno, y también con quienes caminan por ahí afuera. No sé si voy a ser capaz de cumplirlo, ni si contaré con la destreza suficiente como para percibir si voy bien encaminada o estoy más ciega que un topo, pero al menos voy a proponérmelo. De ahora en adelante trataré de rodearme de gentes con quienes pueda mejorar mi ser, y no mi estar. Me explico, que ya sé que suena confuso. Estar bien se puede estar con mucha gente. Hay con quienes puedes hablar sin cansarte, con quienes puedes compartir temas interesantísimos, e incluso confiarte en tus más íntimos asuntos. Hay con quienes con solo intercambiar dos palabras tienes la diversión y las risas aseguradas, con quienes fluye el buen rollo. Hay con quienes aprendes un montón de cosas y con quienes te apetece adentrarte en asuntos novedosos y apasionantes, con su correspondiente punto de locura incluso. Cuando eso sucede sueles tomar un especial afecto a esos seres en los que descu…

DÉJAME CONOCERTE

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Si el optimismo que me acompaña acaba teniendo razón, debo de encontrarme aproximadamente en el ecuador de mi vida. Del total de los años vividos, dos tercios han sido de asentado uso de razón, y un medio de vida adulta. A lo largo de todo este tiempo, como es natural e inevitable, me he topado y relacionado con un considerable número de personas, a parte de las cuales he tenido la oportunidad de conocer. La medida en que lo he hecho ha variado en función de mil circunstancias: formas de ser, grados de apertura de cada uno, estado psíquico y emocional en el que nos encontrábamos, factores externos a favor o en contra de dicho vínculo,… Lo de siempre. Y de todos ellos, hoy me pregunto: ¿a cuántos seres he podido conocer realmente en la plena y completa extensión del término? Dejando a un lado a los miembros de mi familia, a mis pedazos de corazón, si me centro en el resto de lo que ha sido o es mi entorno, no creo que pudiese contabilizar mucho más de media docena de personas a …

PEQUEÑOS ESBOZOS: Las mejores cosas

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Las mejores cosas de la vida fluyen solas, brotan espontáneas, con fuerza. De puro naturales. Aparecen aparentemente porque sí, porque no se pueden evitar y porque, ¿a fin de qué habría que hacerlo? Son limpias, claras, luminosas. No precisan sortear obstáculos innecesarios para llegar a ellas. No ponen pegas ni problemas, frenos ni retrocesos. ¿Se quieren?, se hacen. Se sienten. Se viven. No suscitan desconfianzas ni segundas intenciones. No son extrañas, raras, ni complicadas. Y tampoco provocan quebraderos de cabeza. Las mejores cosas de la vida son sencillas. Tan bonitas por sí mismas que nutren. Una sonrisa, una caricia, un beso largo, una carcajada, una conversación amena, un susurro. Todas bailan al ritmo de una misma música, al compás de la sencillez de la belleza sin adulterar. Alimentan, sí. Y sacian. Y enriquecen al ser desde lo más profundo hasta la última capa de una piel susceptible de erizarse al sentir de esas mejores cosas. Las que llegan así, para alegrar la v…

LO ESTÁS HACIENDO BIEN

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¿Sabes cuándo te das cuenta de que lo estás haciendo bien?, ¿de que estás viviendo bien? Cuando te percatas de que, precisamente, estás haciendo esto último: vivir. Cuando percibes que el día de hoy es un poquito distinto al de ayer, o tal vez muy distinto, no solo un poco. Que tus pensamientos han girado determinados grados, como los girasoles cuando buscan la luz del sol. Cuando notas que tus sentimientos laten, bum-bum, bum-bum,… hacia el lugar que ellos determinan por sí mismos y sin directrices bobas de las que no sabemos los humanos. Cuando te miras en el espejo y ves belleza, o bien una arruga o una cana que no crees haber visto ayer, pero te observas y sonríes, porque eres tú y te reconoces. Cuando de pronto te apetece hacer algo diferente a lo de siempre, algo que quizás nunca antes te había despertado curiosidad. Cuando observas otras formas de vivir, atenta y detalladamente, y te agrada lo que allí descubres. Cuando tu piel responde a una sensación distinta e inesper…

RELATOS ENCRIPTADOS: Viento sur.

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Se dirigió al recibidor y abrió la puerta de entrada a la casa. Era uno de esos pesados portones macizos en los que se pueden apreciar los nudos de la madera, los cambios de tonalidad y alguna imperfección de talla. En los goznes, tres gruesas bisagras de color bronce. Y un poco más arriba de la altura de sus ojos una aldaba metálica y sencilla, que había comprado en un mercado artesano de esos que ponen los domingos en los pueblos. Se asomó a la calle. De pronto había cambiado la estación del año, de un momento para otro. El tiempo estaba confuso. No hacía frío, al contrario, la temperatura era más alta de lo que había calculado y hacía un viento sur endiablado. Se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla. Apenas se había asomado afuera y en menos de un minuto se le revolvió el pelo tanto que decidió recogerse las ondas en una coleta alta. Miró al cielo y torció el gesto. Cogió una gabardina fina del perchero y un paraguas plegable, y cerró con llave. Comenzó a andar calle…