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Mostrando entradas de 2018

LA CULPA

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¿Sabéis por qué nos sentimos mal cuando algo se termina?  Porque nos han inyectado en la sangre complejos de culpa.  De culpa de haber fallado,  de culpa de no haber sido suficiente.  De culpa de dejar ir o de dejar que se vayan. De no saber querer y de querer saber qué hay al otro lado. De culpa de no haberlo sabido hacer mejor,  o de que mejor no volveremos a hacerlo nunca. De culpa de que no quede más en la nevera,  de no haber hecho compra,  o de haberlo dejado que se queme en el horno.
De no verlo venir, de no venir a verlo. De culpa de gastarnos (la paciencia),  de culpa de llenarnos (de manías). De culpa de que ya más no se haga,  o de meternos los dedos en la llaga. De quedarnos con hambre, de cambiar de opinión o de vivir con sed. De culpa de no hallar algo mejor. O peor. O distinto.  De no tener recambio.  De quedarnos sin nada cuando ya nada había, que si no, no se acaba. De culpa al fin y al cabo.
Pero la culpa es un invento de Occidente para poder apretarnos por el cuell…

YO LO QUE QUIERO ES ESCRIBIR

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No recuerdo el momento exacto en el que me engulló, pero sí la sensación de que una fuerza mayor que la que yo, muy niña, pudiera tener entonces, llevaba la batuta y se hacía conmigo. Pensé en aquel momento en que algo similar a eso debía de sentirse, si eres tragado por un remolino tras hundirse un barco. Y eso que nunca había vivido un naufragio y ni tan siquiera había visto uno en vivo y en directo. Así que no sé que pudo ocurrir de particular, aunque sospecho que se trató más bien de un proceso pausado y paulatino, siempre constante, que fue tirando de mí a ratitos hasta por fin secuestrarme del todo. 
    Desde entonces habito en lugar en el que todo huele a libros. Me emociona su olor, me recreo en su tacto recorriendo las primeras páginas, en hojearlos de refilón para ver lo que esconden y esperando que siempre contengan una palabra oculta semipreciosa que se me enganche de manera especial. Desde entonces no concibo no tener al menos un momento al día para leer unas líneas…

DIOS ME LIBRE DE LOS ANALFABETOS ACOMPLEJADOS, QUE DE LOS RENCORCILLOS YA ME LIBRO YO

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Pocos son los rasgos humanos contra los que yo arremeto sin piedad alguna, entendiéndose estos como defectos naturales que no machacan a nadie ni suponen el abuso del resto. Suelo instalarme en el principio del “vive y deja vivir”, y de igual manera suelo plantearme el hecho de que detrás de cada circunstancia hay una causa. ¿Infalible yo? No, reflexiva y humanamente errada cuando toca. Ahora bien, aclarado esto, dejo constancia de un defecto, mutado a deformación inherente a quien lo porta, que me provoca un nivel de repugnancia tal que me lleva a mi más absoluto desprecio y a la arcada: El acomplejado analfabeto que se jacta de serlo. Solo de escribirlo se me abren las carnes. Ruego, por tanto, desde aquí y a quien corresponda, que tenga compasión y no me ponga  a demasiados en el camino, porque no respondo. Ni entiendo. Ni me apiado. Que no sean muchos, por favor,… Quimera mía esta, pero como decía mi abuela: “de ilusiones vive el hombre, y de pan si se lo dan”. 
    Con la a…

SI ALGÚN DÍA SOY MADRE

Madre,… … cuando sea madre, … si algún día soy madre, … si aún estoy a tiempo de ser madre, solo pido que no me falle nunca la memoria, la cordura, el amor, y no me olvide nunca de lo que significa.
Que cuando esté mi vientre no mire que mi cuerpo se retuerce y me avisa. Si he de guardar reposo, o se me hinchan las piernas. Si me agotan las nauseas o me duermo colgada en las esquinas. Que cuando ya se acerque ese momento de traerlo a este mundo deje el miedo guardado en un armario. Y mis quejas, mis mañas, y las contemplaciones. Que ya no es mi lugar, que ahora es el suyo.
Que cuando el niño corra y caiga y llore, yo enmudezca para que nunca viva temeroso o cobarde. Que salga y trepe, y trote, y busque aquí y allá, aunque al verlo yo tiemble. Que lo deje crecer.
Que jamás me coloque a mí misma primera, ni piense en lo que quiero, en lo que desearía o en mi comodidad. Nunca a mi conveniencia. Que antes de sucumbir me envuelva la locura y me lleven las olas.
Que preserve su mente, que …

PEQUEÑOS ESBOZOS: Mejor

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Acabo de sentirme afortunada, muy afortunada, después de que un pensamiento haya brotado en mi cabeza: de los cambios que -llevados a cabo por mi propia acción- he atravesado a lo largo de mi vida puedo decir que todos han sido para mejor. Todos. Con la totalidad de ellos he salido ganando, avanzando, evolucionando. Claro está que eso lo digo ahora, a toro pasado. Y que cuando me encontraba en el epicentro del seísmo sentía que mi mundo se desmoronaba a mis pies. Y en efecto así era, como nos pasa a todos cuando todo lo conocido se esfuma o has de dejar atrás, sin echar una última mirada para no convertirte en sal, eso a lo que te encuentras encadenado. En verdad se despedaza el mundo sobre el que vives, aquello que conoces y reconoces como tuyo; pero nadie dijo, aunque aún no lo creas, que hubiera de ser el mundo ideal. Ni sano, ni feliz. Ni tan siquiera el correcto. Lo que ocurre es que todavía no lo sabes. En ese momento tan solo percibes los temblores, tu aturdimiento y el he…

LO QUE BUSCO

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Tengo la tormentosa y bellísima costumbre de detener el tiempo en el momento en el que me choco con un fragmento literario que me impacta, salirme de mi lectura y aplicarme el cuento. Lo hago. Sin piedad. Leo y releo esas líneas con toda parsimonia, en silencio y con total concentración, y las llevo a mi vida para hacerme un balance o averiguar cuánto de cierto hay en eso que el autor cuenta entre mis propios días. Suelo quedar conforme con el resultado de mis elucubraciones, pero también es verdad que suelen partir las letras de creadores que admiro, que me gustan en su arte, pero en especial en su visión de lo que es la vida.     Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas:  “No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón... Razón por la cual parece como que uno termina por encontrarse al final con las personas que debe encontrar."     ¿Qué hago yo con esto…

IRIS

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Dentro de tu iris se esconde todo un mundo, casi inabarcable, formado por media docena de vidas, por algún crujido y por una súbita chispa con que muerdes el tiempo. Con que le hincas los dientes y, con pausa, le das la vuelta al suelo.      Y es que hay mucho que ver allá adentro, en tu iris. Kilómetros de luz para absorber de ti y para descubrirte. Para escucharte horas y para acariciar una ternura inmensa, generosa. Te confieso que suelo perderme observándolo en las tardes de sol. En esas en que coges mi mano y me cuentas tus cosas, y tu iris se hace eterno. O cuando tu pupila, al escuchar las mías, se dilata o contrae liberando con ello un color jaspeado. Color que he de decirte, así como te pongas o aunque me lo niegues, que se torna en verdoso en lo más claro. Cada día un poquito, sí, un tanto más verdoso. Y también más brillante. Y aún más transparente. Tanto, que cruzo a su través. No me cuesta trabajo adentrarme en tu iris, ¿sabes?, no me es ningún esfuerzo. Es casi mági…

NI LO CARO LO ES POR BUENO, NI LOS BUENOS SON LOS QUE LLEGAN

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No señores, no se engañen, que el ochenta por ciento de las cosas que nos cuentan son mentira. … De las cosas que nos cuentan o de las que creemos y queremos ver. Mentira de cabo a rabo. Puesta en escena, recreación y teatro. Que arriba no llegan los mejores, ni los más listos, ni los más capaces. Que ese arriba que nos venden tampoco es el lugar más alto al que puede llegar el ser humano. Que ni tan siquiera existe un lugar al que tratar de ascender, ni elevarse, de hecho, es un movimiento de intrínseco prestigio para nadie. Que el esfuerzo, el estudio y el trabajo duros no traen el éxito asegurado de la mano. Que lo bueno no cuesta más caro por ser bueno, ni lo caro cuesta tanto por ser de mayor calidad. Que el camino difícil no es ni el obligado ni el correcto para proceder bien, ni los asuntos importantes conllevan  recorrer un sendero pedregoso. No señores, no. Todo eso es mentira. Es la mayor mentira de cuantas nos rodean en este circo nuestro de vida.

EL VALOR DE LAS COSAS      …

UNA LEY DE MEMORIA HISTÓRICO-SENTIMENTAL

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Hace mucho tiempo algún anónimo debió de contar a sus allegados haber oído que por ciertas tierras se rumoreaba que en algún remoto escondite estaba escrito que los seres humanos al separarse han de iniciar una batalla campal a fuego y a sangre. Que cuando dos personas dejan de compartir espacio y tiempo, y toman destinos diferentes han de profesarse un odio y una sed de venganza tan arraigadas a los huesos como para justificar los actos más detestables. Efectivamente algún documento de enjundia debe de recoger ese principio, con seguridad, porque de otro modo no me explico cómo es posible que tal mediocridad humana se practique con tanta alegría. Y sin despeinarse. Desconozco si se enseña en las escuelas, en las calles o en el entorno de algunas familias a la hora de la cena. Desconozco si es un rasgo propio de un genoma o fruto de la imitación. Lo que sí sé es que me provoca un profundo asco  cruzarme con quien sin temblarle el pulso es capaz de volverles la cara a aquellos con…

POCO O NADA YA (Docente revolucionada)

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Me estoy cansando y mucho de mandar callar. De fijar deberes. Y de oír(me) decir: “estate quieto”, “siéntate bien” o “así no se está en clase”. Me estoy cansando y mucho de poner exámenes. Y de corregirlos. Y de calcular las notas medias de un cerebro para etiquetarlo. De seguir temarios mientras digo “no, hoy no tenemos tiempo para hablar de eso”. Me estoy cansando mucho de oír ciertas críticas. Y de darme cuenta de que fomentamos que no sepan nada de aquello que importa. De que no sonrían las tres cuartas partes del tiempo, de las voces altas, el enfado, el grito. Me estoy cansando mucho de verles llorar. De pedir que empleen unas herramientas que antes no les dejamos aprender a usar. De querer que sean perfecto instrumento para este engranaje en el que compitan o se queden fuera. Y maten sus sueños. Pero que produzcan. Me estoy cansando y mucho de que ya no aprendan lo que es esencial. Que se sientan menos. Que se sientan nada. Y que sepan mucho de frivolidades muy poco apro…

RELATOS ENCRIPTADOS: El libro

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Se durmió profundamente sobre el libro, venciéndole el peso de su propia cabeza, de tal forma que ya no sabía cuáles de sus ideas eran reales y cuáles pertenecían a la historia en la que se había estado sumergiendo estas últimas noches. Lo que sí era capaz de percibir era una fuerza extraña, potente, aunque no dolorosa, que le provocaba la sensación de querer meterlo de un tirón seco en el interior de aquel tomo de casi mil páginas que sujetaba entre las manos. Era la tercera vez que sentía algo así, la tercera noche ya en la que un remolino de páginas y de letras proyectaba sobre él la atracción propia de un imán sobre un bloque de hierro. No era metafórico. No se trataba de ser atrapado por letras apasionantes, ni de evadirse durante horas con un argumento atractivo. El libro pretendía devorarlo literalmente. Morderlo, masticarlo y luego comérselo. Y él oponía resistencia, luchaba con todo su empeño para evitarlo. La primera noche se sujetó fuerte al larguero izquierdo de su ca…

TREMENDAMENTE FÁCIL

Quererte es fácil, muy fácil.
Amarte es otra cosa. Son palabras mayores, y me resulta del todo inevitable.
Porque ahí escondido, adentro, muy adentro
al cerrar de tus manos, proteges con inconsciencia
un cúmulo de esencias que por raras y escasas
me han llenado la vida,
simplemente de ti.

Yo sé que no lo entiendes, o tal vez sí;
pero quererte es fácil, tremendamente fácil.
Y amarte,… inevitable.
No es por lo que me das,
que es más de lo esperado,
y desborda exultante la frontera del sueño y la vigilia.
¡Tan descarado!
Es por lo que tú eres. Enorme en ti,
agua clara en torrente que precipita el paso.
Y llama que se prende a sí misma en incendio.
A un mismo tiempo.
Al ritmo de un reloj al que nunca te olvidas de dar cuerda.
Con razón. Muchísima razón. Con el menos común de los sentidos.

Quererte es tan sencillo,…
amarte, irrefrenable.
Tremendamente fácil.
Afortunada yo.













LA MALA DE LA PELÍCULA

Dicen que todos somos el malo de la película de alguien, y seguramente es cierto, aunque me cueste un mundo creerlo o imaginarme siendo el tormento de alguna vida. Pero donde se despierta amor también se suscitan odios. Y envidias. Y simpatías. Y celos. Y todo un variadísimo espectro de emociones y sentimientos que vamos esparciendo, con o sin darnos cuenta, a nuestro paso. Así que asumo que en efecto, aunque quiera pensar que es fruto de las circunstancias, de cabezonerías, o de estados transitorios, posiblemente yo interprete el papel de la mala de la película de alguna vida ajena. Que pude no haber medido el alcance de mis acciones y haber provocado algunos estallidos. Mala. Mala de las de atraer rencores, de las de haber sido soberbia o de las de haber abandonado el barco. Mala de las de haber hecho sufrir o haber provocado lágrimas. O tal vez mala por haber dado un rotundo “no”, un “hasta aquí”, por haber vuelto la cara, haberme airado o simplemente retirarme en silencio. …

ESPACIO, AIRE Y TIEMPO. (Renovarse o morir)

Todo gran cambio vital profundo, serio, radical suele ir precedido, y a veces algo solapado incluso, por un íntimo estruendo interior que arrasa con al menos la mitad de quienes somos. Eso como mínimo. Me suele gustar dar por hecho que todos pasamos en la vida al menos por un par de ellos, por eso de que me provoca una enorme desilusión el pensar que existen seres inmutables. No me engaño, pero lo edulcoro. Pero sí, las vueltas de campana existenciales están ahí y tengo claro que experimentar un giro de ciento ochenta grados suele acompañarse de una explosión silenciosa en el mismo epicentro del alma. Cruje. Arde. Origina un sonido estridente y ensordecedor para uno mismo, pero casi mudo para el resto. Deja ver algún resto al exterior, inevitablemente, pero en absoluto permite calibrar a los demás cuán drástico es ese movimiento ni qué intensidad de emociones siente su protagonista. Ni falta que hace, tampoco. Se verán pistas en el aspecto del sujeto, eso sí, como pérdida de pe…

PERMANENTEMENTE EN DUDA. PERMANENTEMENTE FELICES

Creo que la clave de la felicidad se encuentra en hallarnos en duda permanente, esto es, en procurar no tener la certeza absoluta de prácticamente nada ni de lo importante ni de lo banal. Así, como me lo estáis leyendo. Justamente lo contrario de lo que siempre perseguí. Justamente lo contrario de aquello a lo que nos empuja el entramado en el que vivimos. Y es que cuando somos niños buscamos seguridad, y esa seguridad la encontramos en saber qué va a ocurrir(nos), cómo, dónde, cuándo,…. En sabernos a resguardo, protegidos, acompañados, libres de peligros. Tal necesidad es profundamente natural, tal vez la más natural de todas cuantas generemos a lo largo de nuestra vida, pues es alimento necesario de un ser aún altamente dependiente. Pero, ¿y después?, ¿por qué no nos despegamos del hambre de tener todo bajo control? Huimos despavoridamente de todo cuanto pueda ponernos en riesgo de shock.  Crecemos y seguimos -muchos, aunque bien sé que no todos viven así-, tratando de asegurar…

CON LOS PIES EN EL SUEÑO (Busqué amor)

Con los pies en el sueño busqué amor.
Y lo encontré en las formas más diversas.

Hallé un amor tan joven e inexperto,
tan suave, tan etéreo,… que no era amor.
Era un cariño envuelto de deseo,
de despertar al mundo,
de sentir, de probar
a qué sabía aquello de estar enamorada.

Con los pies en el sueño busqué amor.
Y supe lo que era ilusionarme,
entregarme a la vida, construir,
… y descubrir mi cuerpo.
Ser compañera fiel,
jugar a ser mayor mientras crecía.
Y conocí lo que era la distancia
de aquellos corazones
que ya no caminaban cogidos de la mano.
Dos seres divergentes, bañados en pasado,
y que ya no miraban
a través de los ojos de aquel a quien amaron.

Con los pies en el sueño busqué amor.
Y dejé de buscarlo. Y lo busqué de nuevo.
Y lo encontré en historias extinguibles, superfluas,
de las que mueren tan solo en unas horas.
Sin mirar, sin sentir, con la mente en la piel,
me dediqué a escuchar esas palabras que siempre se repiten.
Y descubrí patrones de conducta,
interiores heridos y q…

LAS DOS ORILLAS

Dos grupos. Dos. Quienes viven y quienes juegan a vivir (la vida). Los dos existen, sí, creedme. Yo los he visto bien. Y sé diferenciarlos. 

A una orilla del río habitan quienes juegan a vivir la vida, a construirla con pequeñas maquetas planeadas por ellos y fijadas por otros. E incluso improvisadas, demasiado. Algunas veces sí, eso depende del aire que sople. Suelen vivir a impulsos. Qué bien nos suena eso, ¿verdad? Pero no es tan bucólico, pues no son destellos de espontaneidad ni de disfrute. Son auténticas hecatombes de vida. De esas que dan la vuelta a la casa y los vuelve irreconocibles unas cuantas veces en su vida. Veinte o treinta, quizás…. Quienes juegan quieren esto hoy y aquello mañana, y por razones que suelen ser del gusto del resto. Quiero decir, porque está muy bien visto, porque se le supone que es correcto, porque tiene vitola y porque es lo que se lleva. Y porque así está escrito, no se sabe bien dónde. Quienes juegan a que viven son seres afligidos cuando toca. Y…

PEQUEÑOS ESBOZOS: Varias lecciones de vida y un secreto.

He aprendido...
Que a lo largo de una vida puede sucederte prácticamente de todo. Que casi nada puede darse por sentado. Que lo efímero a veces se convierte en eterno y lo eterno en transitorio. Que no conviene esperar nada y que lo inesperado también sucede. Que la soledad puede doler horrores y también convertirse en necesidad imprescindible. Que a quien más se ama es a uno mismo y que uno mismo también puede ser el peor de tus enemigos. Que existen heridas de guerra que nunca se cierran y que aprendemos a caminar sobre sus cicatrices. Que hay daños profundos que nunca se superan e inseguridades con las que bailamos un vals a diario.  Que todos tenemos dos o tres temores que nos toman del cuello y nos quitan el aire un par de veces al día.  Que estamos más solos de lo que reconocemos y que sin estarlo hay días en los que nos gana la partida la melancolía. Que fiarse de la vida es un imposible y creerse todo hasta el tuétano más común de lo que debería. Que las mentiras tienen las p…

NO ENTIENDO QUE NO SEAS FEMINISTA

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Capítulo I: MUJERES
No entiendo a las mujeres que dicen no ser feministas. No las comprendo en absoluto. Del mismo modo que no habría entendido a un ciudadano afroamericano impasible en plena lucha por los derechos civiles, o a un trabajador que no se rebela ante la pérdida de sus derechos laborales. Juro que no las comprendo, porque una mujer no feminista es alguien que asume que su lugar en la sociedad se encuentra por debajo del de un hombre en necesidades y derechos. Lo asume, lo interioriza, llega a creerlo firmemente y se siente inferior a ellos. Una mujer no feminista cree que hombres y mujeres hemos de cumplir unas labores concretas y diferenciadas en el seno de nuestra sociedad, porque nuestras genéticas así lo condicionan. Porque toda mujer que se vea, se piense, se sienta y se sepa igual a un hombre es feminista. Por lo tanto algo falla en las consideraciones y comprensión del término feminismo, y en el discurso no escuchado ni leído por muchas y las respuestas aprendidas si…