DICEN QUE POR VIEJOS NOS VOLVEMOS MÁS SABIOS


Dicen que por viejos nos volvemos más sabios. No exactamente. La calma de saber lo que habita al otro lado, lo previsible de las acciones ajenas, procede de la práctica de haber escrutado cada vivencia como si se tratase de la más importante de las gestas. Con los ojos al detalle. Con la mente a cuantas revoluciones pueda dar. Con el reloj parado, porque no hay prisa.


Dicen que por viejos nos volvemos más sabios. No exactamente. Vivir no es necesariamente aprender, si nos rendimos al intento y perdemos la oportunidad de mirar a través de otros ojos. Es elegir pasar por la vida o dejar que la vida pase por ti... ¡sin ti! Con un hambre voraz por hallar la respuesta. Con la mirada fijada únicamente al frente y el rabillo del ojo en lo apre(h)endido. Con la ilusión intacta.


Dicen que por viejos nos volvemos más sabios. No exactamente. Por más que le gritemos al mundo que llegados a este punto sabemos con certeza qué queremos. Porque desear no es necesariamente querer. Querer no es necesariamente amar. Amar no es necesariamente entregarse. Hay que mojarse hasta calar los huesos. Con el tacto dispuesto a medir cómo te erizan la piel. Con las manos tendidas sin condición alguna. Con los bolsillos vacíos y con las ganas llenas. 

Dicen que por viejos nos volvemos más sabios. No exactamente…





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