MAGIA EN TINTA INDELEBLE

By MARÍA GARCÍA BARANDA - julio 02, 2018



    Aprendí a leer tan pronto como fui capaz de sentir el porqué de las cosas. Ante una emoción, un pensamiento. Y una causa. Y entonces la búsqueda de anclajes para recolocar ese descubrimiento. Búsqueda entre las palabras. Primero las escritas por otro y después, tal vez, las mías propias. Aprendí a leer sintiendo. Y viceversa. Pues en efecto cuanto más leía más sentía, o tal vez mejor comprendía todo cuanto iba posándoseme en los labios.

    Hoy, casi cuatro décadas después de aquellos primeros renglones caóticos. mantengo intacto ese escalofrío profundo, calambrazo que quema, cada vez que poso los ojos en unas letras que me conmueven. Mueven y remueven. Promueven. ¿Como cuando una escucha una canción de la que está convencida que cuenta su propia historia,…? Así más o menos. Pero en lugar de con notas, con vocales y consonantes, con palabras de todas las extensiones posibles. Y de pronto ¡zas!, letras que paralizan el cuerpo y sacuden el alma. Incontestables. Clarividentes. Que salvo aquello que las personas nos decimos mirándonos a los ojos, nunca encontré poder más explosivo que el de la palabra escrita. Magia en tinta indeleble. Y el poder de leer un texto y salir de él convertida en sangre. 


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