LAS COSAS DE LA VIDA

By María García Baranda - mayo 16, 2021

 




Los álbumes de fotos no nacieron porque sí. Tampoco del deseo de almacenar instantáneas que vivifiquen el recuerdo y mantengan fresca la memoria, porque en muchas ocasiones las fotografías mienten, los recuerdos se manipulan y reinterpretan y esa idea de conservación de emociones y sentimientos se ha cocinado adulterando la materia prima. Los álbumes de fotos surgieron, en verdad,  de la necesidad de materializar la locura de la vida. Hubo que buscar el modo de entender el aspecto que tomaba la sucesión de pasos cambiantes y contradictorios que damos a lo largo de los años, sin aparente conexión unos con otros, dos a la izquierda, uno hacia la derecha…; y se encontraron los álbumes de fotos, la metáfora más fiel de lo que supone la existencia: una colección de páginas repletas de cosas hechas, por hacer o fingidas. Porque, al fin y al cabo, de eso se trata todo esto: de cosas, una tras otra, enmarcadas sobre fondo liso.

En efecto, abrimos el álbum y hallamos pegada a sus páginas toda suerte de cosas. Hay cosas que se buscan con afán, cosas que se planean meticulosamente, cosas que se descartan al instante, cosas que se eligen a sabiendas y cosas que te eligen sin saber. Hay cosas que se descubren por sorpresa, cosas que se asumen a regañadientes, cosas que se aceptan con resignación, cosas que desean con enfermedad. Hay cosas que gustaron y caducan, y cosas que en inicio detestamos para después ensimismarnos viviéndolas. Cosas… Las cosas de la vida. La proporción de cada tipo de ellas es fiel diagnóstico no ya de quién eres, sino de cómo has ido siendo. Creciendo o decreciendo. Y sí, ya se sabe que dicha cifra no se fija del todo por uno mismo, ¡ojalá!, pero sí se modifica, aun contando con la acción de la casualidad y de lo inevitable. Sea como sea, si llegados a cierta altura de la vida, superado el ecuador, puedes seleccionar al menos una cosa de cada tipo, siéntete satisfecho. No todo en ti ha sido fruto de la fuerza de inercia. Ni de la manipulación. Ni del conformismo. Ni de la incapacidad para comprender el mundo. Pero no te duermas, que los laureles también se secan. Y a los álbumes se los come la humedad.

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