TANTAS VECES...



Tantas veces propósito de enmienda,
tantas otras he errado en el intento
de mantener a raya la impaciencia,
de acorralarla en un rincón sin aire,
sin oxígeno alguno que alimente su ira.

Y bien lo sé, sí, no me lo repitan.
Que no hay reloj en hora que me marque el ritmo,
ni mi impulso a pensar, sentir o a darme
con los brazos abiertos a mi instinto,
con los ojos cerrados al peligro.

Tantas noches en vela buscando un método certero
que ordenase alfabéticamente mis querencias,
mis deseos más férreos y mis inconveniencias,
mis temores marchitos y mis ensoñaciones,
que me mantenga erguida en equilibrio justo.

Y bien lo sé, sí, no me lo repitan.
Que no hay cartesiano modo que amordace el alma,
que la enjaule, la encripte o la reprima
de gritar con los ojos sin palabras,
de expresar con los labios las miradas.








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