ALBORADAS (I)

Yo que con la espada aferrada a mis manos,
asida reciamente la firme empuñadura,
me rearmo y proclamo imbatibilidades.
Yo que a cada pisada marco las muescas  
del peso inespecífico de mi larga andadura.
Yo que visto mis labios de rotundas proclamas que me nacen del vientre.

Me envuelvo hoy imparablemente enroscada
en los hilos más frágiles de una vulnerabilidad buscada.
No soy tan férrea, no lo pretendo.
No quisiera hacerme jamás roca impenetrable,
sino dejarme ir por las primeras luces
de una mañana que se intuye deslumbrante.

Consciente como soy de caer a veces
en la maraña de la irracionalidad absurda,
conozco el modo de desenredarme
de aquello que no sigue el natural compás de lo sencillo.

Y que la madrugada traiga hasta mis manos
las respuestas que solo el tiempo posee.

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ADULTO ES UN NIÑO ESTROPEADO

¿QUIERES TERMINAR CON LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN?

DOCENTES NO DECENTES