EL VIAJE

     Y es que la vida es un viaje, dicen. Una continua marcha de cuya inevitabilidad e imparabilidad soy cada vez más consciente; aunque solo sea por las huellas del inmenso cansancio que va dejándome a su paso. Un viaje sin origen ni destino. Sin rutas, sin trayectos definidos, ni posibilidad de decisión, pues no se halla esta siempre en tus manos ni en tu voluntad.
  Te verás obligado a viajar incluso cuando planeaste quedarte a salvo en tu morada, cuando perdiste tu sentido nómada y deseaste con todas tus fuerzas una permanencia eterna. Incluso entonces, si así lo percibieras, si atisbaras unos mínimos indicios, síguelos, viaja.
    Viaja pues, obligada o voluntariamente, con dolor o con ganas, de un forzado empujón o de un enfático brinco, dependerá de las circunstancias, pero viaja. Aproxímate al andén, agarra fuertemente tu mínima maleta y sube a tu tren. No hay escapatoria posible, así que no lo intentes. Toma ese tren que habrá de sacarte del lugar al que ya no perteneces, al que quizás jamás perteneciste o al que gustosamente elijas ir. Salta y sigue tu viaje, aunque el intento te arranque la piel a jirones.




VIAJE A ÍTACA
(C. Cavafis)

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas. 







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