FRÁGIL. ALGUNA QUE OTRA TARDE.

By MARÍA GARCÍA BARANDA - junio 22, 2018




  Hay días, momentos sin aviso, tardes sin fecha, horarios imprecisos, en los que me siento terriblemente frágil. Ligerísima al agua, al fuego, a la intemperie. Impresionable al viento, fácil de remover mi posición del suelo, de arrastrarme a la orilla y revolverme el pelo. Sensible a las palabras más sencillas, inquieta a una mirada sin intención alguna, sin doblez, sin matices. Débil desde mi yo más hondo, desde la misma esencia que me licua la sangre y desde la remota raíz de mi pasado.

   Y en esos días es que tan solo me amparan las palabras exactas, tal vez no complicadas pero esas que llegan justo a mi corazón, a su flanco más cálido, más rojizo y más tierno. Que me llenan los ojos de agua salada y me hacen sonreír discretamente. Me ampara un pequeñito gesto de dulzura, un abrazo bien dado con los ojos cerrados en los que yo perciba un mundo. Y el saberme querida, muy querida. No necesito más. Pero lo necesito. Como se busca el aire en una bocanada inconsciente bajo el agua o se le da un mordisco a un pedazo de pan tras tres días de ayuno. Como si en ese impase me salvaran la vida. Y me la salvan, juro. Del modo más sencillo.

  Suelo sentirme mal cuando me siento frágil. Suelo creerme culpable. Porque en ese momento me vienen a la mente los dolores ajenos, los momentos complejos que atraviesan aquellos de quienes yo demando ese guiño anhelado. Y empiezo a preguntarme si seré caprichosa, si actuaré egoísta o pecaré de exceso de atenciones pedidas. Y miro, pienso, escucho, reflexiono, y me muerdo los labios…. Que nadie lo diría, que me tienen por férrea, por pisar con firmeza, por ser bálsamo y risas. Que a mí me necesitan fuerte, capaz, con la cabeza fría y los sentidos puestos en lo que es importante. Con sensatez y el punto bien cogido a la vida. (Que lomtengo). Sin pamplinas ni mañas, sin quejidos. Aunque me sienta frágil alguna que otra tarde. 

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