Y QUEMARSE LOS PIES SIN QUE ESO IMPORTE...

Expertos en querencias fallidas y sentires a medias.
En dolores de incalculables tonos y matices,
en efímeras noches físicas sin química ni alquimia.
¿A qué frenarse, entonces?, me pregunto.
Que lo aprendido sirva en recordarnos
que no hay pérdida alguna en el intento
y que en cambio esta habita en contenerse,
en privarse de probar lo que se intuye
y se dibuja fuego.

¿Y por qué no atreverse a la aventura, pues?
No es lanzarse al vacío y arriesgarse al suicidio.
Es acaso entregarse a la vida y arrojarse a la hoguera.
Y quemarse los pies sin que eso importe.
Y cerrarnos los ojos uno al otro.
Y probarnos la piel, escalofrío intenso.
Es mirarnos sin prisa y clavarnos el alma sin palabras.
Y escucharnos sin ruido.
Y guarecernos en los brazos más cálidos.
Y besarnos hasta que los labios se entumezcan violáceos.
Y mordernos.
Y no pensar si el tiempo extinguirá la llama.
Y no temer.


Y quemarse los pies sin que eso importe…





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