¿QUIÉN QUIERES SER AL CUMPLIR LOS 40?



Nací en una década aún en blanco y negro. Unos años en los que los estereotipos de sexo eran marcados aduciendo cuestiones de moralidad, como si se tratase de un asunto teatral del siglo XVII. Una época en la que los cánones tradicionales marcaban el camino recto que se suponía que debíamos seguir y en el que las niñas aún nos diferenciábamos de los niños por el color del baby. Y fui creciendo… A mis quince años soñaba con formarme académica y profesionalmente, sí, pero también daba por supuestas determinadas metas de vida que de modo natural irían llegando, ¡cómo no!, con mis correspondientes cumpleaños. Eran algo lógico, me decía, pero aún entonces no era consciente de que, no ya los proyectos de futuro, sino los pasos que ya iba dando eran mi verdadero caminar de vida. La esencia de esta no estaba en lo que habría de cumplir y cuántas de esas metas prediseñadas llegaría a conseguir, sino en lo que hacía por mí misma en mi momento presente, y por mis avances y aprendizajes personales de cada día.

Han pasado cuatro décadas desde ese 1 de octubre de 1975, números redondos, e inevitablemente hago balance de ellos, mirando bajo el microscopio quién soy ahora después de todo lo vivido. Y me he formulado la pregunta: ¿quién soy al cumplir los 40? El análisis pasa por preguntarme antes quién quería ser al llegar a esta edad y observar si lo he conseguido. Y las conclusiones a las que llego son las siguientes.

Casi nada de lo estipulado para una mujer de mi tiempo ha salido como se suponía. De hecho, nada sale como lo diseñamos de niños o de jóvenes, porque la vida no se diseña. Se disfruta, se ríe, se llora, se padece, se mejora, se tira a veces por la borda incluso…. ¡se vive! Muchos de los planes que tenía trazados no han salido como los imaginé, pero lo cierto es que si tuviese que responder a la pregunta que da título a este artículo, ¿quién quieres ser al cumplir los 40?, diría: justo quien soy. Con ello no me refiero a que no hay deseos sin cumplir que anhelo tremendamente, porque los hay, y en mi momento presente alguno en concreto tiene una fuerza arrebatadora. Y porque tengo la esperanza de lograrlos y me esfuerzo por ellos. Porque voy a ir a por ellos. Porque a mis 40 me permito el lujo de no impedirme nada. Pero lo que sí es cierto es que sin pudores puedo decir que me siento orgullosa de mi evolución personal. Cada batalla vivida y vencida, cada derrota de la que me he levantado, cada reflexión alcanzada, cada persona comprendida, cada reprimenda que me he echado, cada metedura de pata que he tenido con los demás… todo ello me ha hecho avanzar como nunca imaginé. Y me siento absolutamente nutrida por la fuerza de ese alimento. ¿Quién quiero ser?...pues quien soy. Alguien que lucha por no rendirse ante las dificultades; alguien que se dice, aún cuando tiene lágrimas en los ojos, que ya está bien de lamentarse y que manos a la obra para ir a por lo que quiere; alguien que sigue aferrada a lo que de verdad le importa y a las personas a las que ama, incluso cuando estas parecen desaparecer; alguien que trata de comprender que los años dan calma para adaptarse al ritmo de la gente cuando es preciso; alguien que no se olvida de que frente a ella hay seres humanos imperfectos incluso en la perfección que la obnubila; alguien que sigue poniendo en primer lugar el sentimiento del amor, por más que el pasado le jugase algunas malas pasadas; alguien que por ello, no deja de querer a su gente a la primera de cambio; alguien que trata de comprender hasta los actos en apariencia más absurdos, porque seguramente estos no lo son tanto; alguien satisfecha por lo aprendido y al tiempo consciente de lo mucho que le queda por mejorar y aprender de la gente que le rodea… Pero sobre todo, alguien que sigue perdiendo cada noche el sueño por alcanzar eso que le ocupa el pensamiento. El pensamiento de hoy, del momento presente, del pasado más inmediato, de este mes de octubre que ya comienza y de este día 1 en el que cumple años. Esa es la mujer que quería ser al cumplir los 40. Y esa soy. Fiel a lo que siento porque sé que es certero. Así que soplaré mis velas, cerraré los ojos y desearé con toda la fuerza de mi corazón que se cumpla lo que anhelo, pero eso sí, iré a por ello con uñas y dientes.





…porque las letras le pertenecen

no solo a quien las escribe,

sino a quien provoca el sentimiento que las inspira.












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