Y TÚ,... ¿TÚ CON QUÉ SUEÑAS?

By MARÍA GARCÍA BARANDA - enero 23, 2018





     Los sueños de niños son locuras que creemos posibles. Cuando somos pequeños hasta lo irrealizable nos parece factible. Si se inventara un cómo, un modo, una herramienta.... Los sueños cuando niños son todos futuribles, porque jamás pensamos siquiera en la posibilidad de no lograrlos. De que sean disparates, cosas de cuentos. Cuando era pequeñita soñaba con mi hermano con viajar en el tiempo. Sabíamos los dos que en aquel entonces no era posible, pero confiábamos en que el paso de los años trajese consigo un avance tecnológico tal, que nos permitiera visitar juntos el Antiguo Egipto, Roma, La Edad Media, el Madrid del Siglo de Oro y del siglo XIX,…. “Quizás, ¿quién sabe?”, decíamos, “cuando seamos mayores”. Solo había que creer. Y creíamos. Y no era esa la única ensoñación. Entre mis fantasías siempre se encontró también la capacidad de hacerme invisible. Pero era ese un don muy particular en mi caso, porque más que una invisibilidad propia, se trataba más bien de una ceguera mental del contrario. Un olvido puntual de que yo estaba allí tras el cual yo sería capaz de escuchar aquello en lo que estaba pensando. ¿De leer su mente? Posiblemente sí, podríamos llamarlo así. Y soñaba. Y creía. Y deseaba. 
      Guardo hoy alguna nota de aquella melodía. Me sigue fascinando la idea de visitar otras épocas, otros modos de vida. Mismos sentimientos. De comprender qué y cómo era todo aquello que hoy sigue siendo. Y del mismo modo con frecuencia daría mucho y bueno por saber lo que ronda en algunas cabecitas. Aunque con límites, gestionando yo el qué, el cuánto y el cuándo. Viajar al pasado remoto. Leer las mentes. Y añado hoy sueños de mujer. Quisiera penetrar hasta el fondo insondable de los corazones, hasta algún territorio en principio inexpugnable. Inexpugnable para todos, excepto para mí. Entrar a ese rincón y permanecer allí por siempre. Discreta y sanamente. Limpiamente. Mis sueños pasan hoy por un detalle a tiempo, una mirada enamorada, una carta de amor. Una confesión íntima, una declaración. Un te pienso a cada rato. Y un me haces muy feliz. Que lo tendré por siempre. A mi lado. Mis sueños hoy cuentan con ese sentido común que supone la edad adulta, pero están pintados sobre las líneas de mis bocetos de niña. Y se cumplen con tan solo escuchar un “te voy a querer siempre”.  Y tú,... ¿tú con qué sueñas?



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