YO LO QUE QUIERO ES ESCRIBIR




    No recuerdo el momento exacto en el que me engulló, pero sí la sensación de que una fuerza mayor que la que yo, muy niña, pudiera tener entonces, llevaba la batuta y se hacía conmigo. Pensé en aquel momento en que algo similar a eso debía de sentirse, si eres tragado por un remolino tras hundirse un barco. Y eso que nunca había vivido un naufragio y ni tan siquiera había visto uno en vivo y en directo. Así que no sé que pudo ocurrir de particular, aunque sospecho que se trató más bien de un proceso pausado y paulatino, siempre constante, que fue tirando de mí a ratitos hasta por fin secuestrarme del todo. 

    Desde entonces habito en lugar en el que todo huele a libros. Me emociona su olor, me recreo en su tacto recorriendo las primeras páginas, en hojearlos de refilón para ver lo que esconden y esperando que siempre contengan una palabra oculta semipreciosa que se me enganche de manera especial. Desde entonces no concibo no tener al menos un momento al día para leer unas líneas o escribir unas palabras que me broten por necesidad o se ordenen por puro placer. Un momento para descubrir una nueva manera de contar las cosas o de decirme: “¡Cómo no se me ocurrió a mí antes!”. Se me come por dentro, me pide paso y reclama mi atención. Y yo gustosa se la doy a cambio de su oxígeno. Que el exquisito sabor de robarle tiempo al día y sentarme a escribir me permite crecer, y no es un tópico. Porque sí, señores, de eso se trata, de lo bien que me sienta cada vez que me digo: “¡yo lo que quiero es escribir!”.



Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ADULTO ES UN NIÑO ESTROPEADO

¿QUIERES TERMINAR CON LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN?

LA ECUACIÓN DE DIRAC: (∂ + m) ψ = 0