A LA MAÑANA SIGUIENTE

        La mañana siguiente al 8 de marzo. La mañana siguiente al Día Internacional de la Mujer me siento a escribir lo que habría querido escribir ayer, pero que deliberadamente preferí dejar para hoy. Ayer celebramos, conmemoramos y recordamos a todas aquellas que sufrieron y sufren desigualdades por razones de sexo. Ayer reflexionamos sobre lo que queda por hacer y honramos sobre todo a aquellas que nos abrieron las puertas de un mundo más igualitario entre hombres y mujeres. Hasta ahí, perfecto. Todo el que me conoce sabe bien cuál es mi opinión al respecto. Sabe que no transijo ni con ningún tipo de abuso, ni con un mínimo gesto que pretenda ponerme un pie encima acomodándose en dicha posición. Por lo tanto, ya que como dije, hoy es la mañana siguiente al 8 de marzo, me toca girar la moneda hacia la otra cara y ofrecer lo que por principios me parece de justicia.
         Leí ayer mismo unas letras en las que veía bastante reflejada una parte de mi opinión al respecto. Venían estas a sintetizar el fuerte deseo de que un día como este llegue a desaparecer como reivindicación por innecessaria ante la llegada de una igualdad firmemente asentada socialmente. Y llegó un punto del texto en el que su autora pedía a los hombres que no se nos felicitase en un día como ese, sino que fuesen conscientes de que necesitamos realmente que desaparezcan determinadas bromas machistas y que no se nos cosifique. Rogaba también el que los hombres se implicasen en las tareas de la casa, en la crianza de los hijos, en sus cuidados médicos, en su seguimiento educativo, en su formación diaria, en conocerlos por dentro y por fuera... He de detenerme aquí en seco y es en este mismo instante en el que alzo mi voz y presento justo eso que guardaba para hoy, para este día siguiente.
        Si no me confundo, creo que cuando abogamos por vidas igualitarias lo que estamos pidiendo a gritos es el reconocimiento de la identidad individual del ser humano, esto es, alejarnos todo lo posible de las consideraciones genéricas y tomar en consideración cada vida particular. Y ahí, al César lo que es del César. Bien. Dicho esto, seguir reclamando a día de hoy que el sexo masculino, así en bloque, se implique en la vida familiar me parece absolutamente obsceno y desconsiderado, además de un pelín hipócrita. Diré por qué. 
         Tengo a mi alrededor hombres que llevan el control de hasta el último detalle en lo que a su hogar y crianza de sus hijos se refiere. No podría utilizar el verbo implicarse en esta ocasión, porque se trata de mucho más que eso. Dirigen un circo de tres pistas, saben minuto y resultado de lo que acontece en el interior de las puertas de su casa y, lo que es más importante, del significado de cada gesto de sus hijos. Tienen su cabeza en completa actividad ideando constantemente una forma mejor de hacer las cosas. Y lo hacen bien. Muy bien. Y de forma natural porque les sale de las entrañas y le ponen todo el amor del mundo. Así que, cada vez que escucho una reivindicación de estos tintes dirigida a los hombres, se me ponen los pelos como escarpias pensando justamente en aquellos a quienes aquí describo hoy. 
      Hablé también de hipocresía, sí, y en este caso mi punzada está destinada a determinadas mujeres. No es nuevo en absoluto que se haga mención que en el largo y duro camino por la igualdad se han copiado patrones de comportamiento erróneos asociados tradicionalmente al sexo masculino. Así pues, cada vez que escucho o leo la petición de que no se nos trate como una masa despersonalizada, de que no se nos cosifique, de que se abandonen determinadas bromas de carácter sexual,... me viene a la cabeza la cantidad de comentarios, chistes, bromas, imágenes y videos que llega a mis oídos o a mi retina a diario donde ocurre justamente lo mismo, pero a la inversa; es decir, hacia los hombres. Que sí, que sí,...que ocurre...¡y por kilos! Y desde luego, tampoco me olvido del otro caso que nos ocupa, el de la vida familiar, pues conozco a muchas que por el mero hecho de ser mujeres ni tienen un sobresaliente en implicación precisamente, ni tienen intención de tenerlo. 
       Así que hoy, a la mañana siguiente, 9 de marzo de 2016, les escribo a todos esos hombres a los que quiero y admiro profundamente. Me quito el sombrero... Hats off!




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