CON LOS PIES EN EL SUEÑO (Busqué amor)

By MARÍA GARCÍA BARANDA - marzo 12, 2018


Con los pies en el sueño busqué amor.
Y lo encontré en las formas más diversas.

Hallé un amor tan joven e inexperto,
tan suave, tan etéreo,… que no era amor.
Era un cariño envuelto de deseo,
de despertar al mundo,
de sentir, de probar
a qué sabía aquello de estar enamorada.

Con los pies en el sueño busqué amor.
Y supe lo que era ilusionarme,
entregarme a la vida, construir,
… y descubrir mi cuerpo.
Ser compañera fiel,
jugar a ser mayor mientras crecía.
Y conocí lo que era la distancia
de aquellos corazones
que ya no caminaban cogidos de la mano.
Dos seres divergentes, bañados en pasado,
y que ya no miraban
a través de los ojos de aquel a quien amaron.

Con los pies en el sueño busqué amor.
Y dejé de buscarlo. Y lo busqué de nuevo.
Y lo encontré en historias extinguibles, superfluas,
de las que mueren tan solo en unas horas.
Sin mirar, sin sentir, con la mente en la piel,
me dediqué a escuchar esas palabras que siempre se repiten.
Y descubrí patrones de conducta,
interiores heridos y que olían a muerte,
resentimientos varios etiquetados de canto a libertad.
Desenfrenos cubiertos de sudor y de palabras vanas,
de cuchilladas que llegan por la espalda
y se escupen en el cuerpo siguiente.
Y entendí. Y aprendí
lo frágil que es el hombre.

Con los pies en el sueño busqué amor.
Y lo encontré cual describen los cuentos.
Sujeto por los pies, por las ganas de amar
y por esas canciones regaladas
que no dejan dormir.
Pero estaba gastado,
instalado a vivir en lugares comunes.
En tópicos, costumbres y creencias antiguas.
en traiciones pasadas y en engaños.
En daños sin curar.
En juicios de valor y en ganas de venganza.
Y en guerras de palabras entre las que el sentir
intentó resistir perdiendo los principios.
Confundido. Con los ojos vendados y blindados.
Pidiendo ayuda a gritos y alimentando el llanto.
Resabiado, dolido, egoísta algún día,
inseguro a menudo.
Pero tan inocente, tan saber sin saber,
que por no conocer no supo ver
la cara del amor, del verdadero amor, desconocido,
hasta haberlo perdido.

Con los pies en el sueño, ya no buscaba amor,
pues aprendí por fin que el amor no se busca.
Se da, si acaso, cuando es reconocido,
cuando brota y desborda lo esperado.
Cuando llega sin que nos demos cuenta
y se queda a vivir allá en lo limpio.
Buscándose su sitio por sí mismo.
Cuando quiere sentirse y cuando es natural.
Cuando no contrae deudas ni supone una lucha.
Cuando es correspondido y generoso.
Y cuando no se piensa y se vive con pausa,
degustando el momento a bocados pequeños, pero firmes.
Con fuerza, con pasión. Y con inteligencia.
Con los pies en el sueño, me topé con Amor
abrigada en tus brazos.
Y agradecí a la vida todo cuanto encontraba
en cada uno de los besos con que me regalabas una parte de ti.
Y comencé a beberte sorbo a sorbo, a leerte entre líneas, a escucharte sin prisas.
Y te ofrecí mi mano.
Y me diste la tuya entrelazando tus dedos a los míos.
Y caminamos juntos. Paso a paso. Piel con piel. Mirada con mirada.
Para volvernos locos en las noches de lluvia
mordiéndonos los labios,
y desgastar las horas en las tardes de sol.
Para que pase el tiempo, envejecer tal vez, vivirnos.
Y quién sabe qué más.
Que lo diga la vida, pero juntos,
enganchados al cielo,
… con los pies en el sueño.


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