TREMENDAMENTE FÁCIL


Quererte es fácil, muy fácil.
Amarte es otra cosa. Son palabras mayores, y me resulta del todo inevitable.
Porque ahí escondido, adentro, muy adentro
al cerrar de tus manos, proteges con inconsciencia
un cúmulo de esencias que por raras y escasas
me han llenado la vida,
simplemente de ti.

Yo sé que no lo entiendes, o tal vez sí;
pero quererte es fácil, tremendamente fácil.
Y amarte,… inevitable.
No es por lo que me das,
que es más de lo esperado,
y desborda exultante la frontera del sueño y la vigilia.
¡Tan descarado!
Es por lo que tú eres. Enorme en ti,
agua clara en torrente que precipita el paso.
Y llama que se prende a sí misma en incendio.
A un mismo tiempo.
Al ritmo de un reloj al que nunca te olvidas de dar cuerda.
Con razón. Muchísima razón. Con el menos común de los sentidos.

Quererte es tan sencillo,…
amarte, irrefrenable.
Tremendamente fácil.
Afortunada yo.













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