LAS NOCHES ENTRE AMIGAS

Las noches entre amigas se hacen bien necesario. Como esta. No curan las heridas, pero calman el daño con abrazos, con risas, con la bravuconada de un "yo puedo con todo", con empapar el llanto en algún hombro y el uso del sarcasmo como bálsamo.

Las noches entre amigas te hacen abrir los ojos y salir de tu bucle. Considerar las otras perspectivas, empatizar con otras actitudes y sopesar los pros y cada contra.

Las noches entre amigas a veces coincidentes de materia, te hacen mirarte cómplice en sus ojos y decirnos a un tiempo: "pues sí que estamos bien;... ¡bien apañadas!"

Las noches entre amigas te hacen entusiasmarte o caerte de bruces con estilo, eso depende. Pero te desahogan, te aportan la terapia gratuita de quien bien te conoce y te dejan que digas que te mueres de amor, a pesar de ese todo. Y te cogen del hombro. Y miran con ternura. O te dan dos meneos y con remango dicen: "¿tú estás tonta?".

Las noches entre amigas son para aprovecharlas. Para acudir a ellas sin pensarlo. Para dulcificarte y que al volver a casa, al girar el cerrojo, al cambiarte de gesto, te cueste un poco menos el sentir que te quema por dentro lo que dejaste allí unas horas atrás.

A mis amigas. Por estar y por ser. Por compartir sus cosas. Por abrirse conmigo. Por escuchar. Por saber lo que siento y cómo siento. Por quererme. Por apoyarme siempre o por reñirme si me pongo burruca. Por noches como esta. Por la de ayer. Por la de hace dos días... Por horas de teléfono. Por secarme las lágrimas y reír sin parar hasta faltar el aire. Porque os quiero. Y porque el tiempo habrá de colocar alguna que otra cosa en la vida de todas. Paciencia pues. Y gran sabiduría. Y aprendizaje, ya sabéis...


PAT, SU, MARÍA - Verano de 2016


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