PENSAR ES UN PLACER CONTRADICTORIO


El pensamiento humano es una pura contradicción. Hoy A y mañana Z. Hoy potente y mañana dormido. Hoy preponderante  y mañana sometido a las emociones. Contradicciones puras en fondo y en forma. Pero es que lo curioso es que el propio hecho de pensar y sus posibles beneficios pueden ser también contradictorios.

Dicen que si mantienes la mente activa, pero que muy activa, has de tener cuidado para no sobrecargarla y llegar a rozar la locura en vida. Consumirte. Agotarte. Complicarte. Luego el consejo es: piensa, pero mide la cantidad exacta de actividad cerebral que pones en marcha. Y apaga cada día la maquinaria un rato.

También dicen que si mantienes la mente activa, pero que muy activa, estarás entrenándola para una posible salud intelectual cuando llegues a viejo. Esto es, alejarás ciertos peligros que todos tememos y que privan a los seres humanos del recuerdo de su propia vida.

Y ahora yo,... estoy hecha un lío. ¿Lo pienso o no lo pienso? No alejar de mi mente un pensamiento omnipresente que me invade y me acompaña a diario puede llegar a privarme de cordura en el presente. Mantener dicha presencia viva y en continuo movimiento puede protegerme de esa privación de cordura en el futuro. Y por otro lado, todos los dicen eso de que solo cuenta el momento presente, pero yo quiero llegar a viejita y acordarme de esa imagen. Fresca y nítida, revivida. Por lo que estoy en un verdadero dilema.

Si hoy olvido, me mantendré sana, pero mañana habré perdido la memoria de lo que hoy es mi vida. Contradictoria, iracunda, dubitativamente quizás. Decepcionada a veces, pero intensa otras muchas. Ya veremos. 

Si recuerdo, enfermaré de sobredosis cerebral de la misma imagen, pero mañana, gracias esa hiperactividad estaré tan sana como para recordar lo nunca olvidado.

            No creo hallar solución a mi dilema, por lo que el arreglo para mi cabeza habrá de consistir en prescindir de ella y ser visceral, lo que no es poco, porque del mismo modo que se hace una propia madeja de dulce sentimiento, aparecen también los impulsos guerreros que me mantienen viva. Mi propia sangre, siempre en ebullición, es la que en todo momento me ha dicho, me dice y me dirá si algo sigue manteniéndose vivo en mi interior, si comenzó su agonía o si ha de morir a mis propias manos. Y no suelo equivocarme en aquello que me inspira atracción o rechazo. Si algo me gusta será a morir. ¡Lo juro! Y si algo me aleja, me lanzará hasta las propias antípodas. No obstante, llegar a verse por dentro y comprender requiere quitar la hojarasca de lo poco importante y quedarse en cambio con aquello que resulta inevitablemente esencial para respirar, honorablemente exigible, respetablemente fundamental. Así que creo, como buena libriana, pondré mis pensamientos y emociones bien mezclados, apenas separables, en una balanza brillante, cuyos platillos oscile hasta revelarse en pura y viva sabiduría. He dicho.


 

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