REPARTO DE ROLES - LAS CHICAS (y los chicos) DE MI GENERACIÓN (I)

   
 
  Las chicas de mi generación ya hemos superado la barrera de las cuatro décadas. Nacimos sobre un puente hecho con cuerdas y listones de madera, adaptable al entorno, pero en el que la pisada firme nunca fue cosa hecha.
   Las chicas de mi generación llevamos baby de cuadros rosas al colegio. Y una cartera preparada por mamá y repleta de obediencia a la seño. La dirección de casa aprendida de memoria tras la charla con papá. Y la velocidad de un rayo a la salida para contarles nuestro día sin hacerles esperar. 
   Las chicas de mi generación jugamos con la Nancy a ser mayores, a alimentar bebés y preparar comiditas. Pero también jugamos con la Barbie a ser guapas, coquetas e independientes.   Las chicas de mi generación asistimos a la llegada de la tele en color. Soñamos con ser la rubia de Los Ángeles de Charlie y miramos de refilón y con recelo series como Anillos de Oro, por si lo que allí se contaba invadía nuestra casa. 
   Las chicas de mi generación normalizamos conceptos como B.U.P y C.O.U. y Licenciatura, divorcio, aborto, vivir en el extranjero o hacer un Máster; cuando éramos las primeras mujeres de la familia en cursar ese B.U.P. y ese C.O.U. o en ser Licenciadas o Máster; cuando temblábamos porque la palabra divorcio entrase en casa; cuando hasta en las películas nos aterraba la idea de un aborto; y cuando marcharnos al extranjero fue un acto de sacar pecho con un nudo en la garganta.
   Las chicas de mi generación ya no iban vírgenes al matrimonio. De hecho muchas no hemos ido siquiera a ese matrimonio. Somos independientes y liberales. Capaces de tener únicamente un vínculo físico con un hombre sin perder la sonrisa ni esperar amor eterno. Y tras ello, elegir tenerlo o no tenerlo, pero siempre preparadas para oír el binomio estrecha o putón, aunque no sea ya cosa de estos tiempos, ni estemos nunca tan preparadas.
   Las chicas de mi generación somos profesionales y nos encanta, pero nos sentimos culpables cuando no llegamos a cubrir el resto de las facetas. Y nos maquillamos para que no se note que se nos tuerce el gesto cuando nos preguntan por esa pareja o hijos inexistentes y lo hacen con condescendencia.
   Las chicas de mi generación asumimos que lo del compromiso es rara avis. Que decir que quieres vivir en pareja o ser madre son palabras non gratae hasta que llevas un cuarto de hipoteca pagada a medias o ha quedado clarísimo que no lo quieres por ninguna razón de corte femenino. Que estudiadas, aprendidas y formadas nos hicimos fuertes como para poder encajar aquellos ya lejanos conceptos oídos de niñas por primera vez y superar, si fuese necesario, un divorcio, un aborto, un no compromiso y hasta algún calificativo. Porque las chicas de mi generación somos modernas y se nos puso a los pies todo un abanico de oportunidades.

   Pero las chicas de mi generación nos sentamos a veces mirando al mar o al fondo de una taza de café, absortas, y nos acordamos de aquella merienda aún vestidas de baby rosa. Y no olvidamos que jugamos con la Nancy proyectando las imágenes humanas aprendidas en casa, al olor de la comida recién hecha y con la ropa tendida alrededor. Que también jugamos a casarnos con el compi del cole. Y a ser emprendedoras usando nuestra cartera escolar como si fuese el maletín de una gran ejecutiva con los labios pintados. Y recordamos las primeras salidas con amigas, los nervios en el estómago al ver al chico de turno y el apretar mandíbula cuando tras un rollo no volvía a aparecer. Porque éramos libres. Y actuales. Y abiertas de mente. Despotricábamos con una amiga, llorábamos un rato en la almohada y a dormir. Pero al cerrar los ojos la imagen de nuestros juegos con la muñeca Nancy no se borraba.

   Las chicas de mi generación tenemos dos mundos en nuestro interior. Y pedimos a los chicos de mi generación que los comprendan. Que no ahoguen ninguno. Que no se queden a vivir tan solo en uno. Y que no nos juzguen. Y no siempre saben. Y es que... los chicos de mi generación... nacieron sobre un puente hecho con cuerdas y listones de madera, adaptable al entorno, pero en el que la pisada firme nunca fue cosa hecha. Comenzaron llamándonos al teléfono de casa o al portero automático para salir con ellos. Se tragaron los nervios y algún que otro corte. Y hasta hicieron la mili. Asumieron que habrían de cuidar de nosotras, pero fuimos creciendo y nos cuidamos solas. Y volamos a veces. Y llamamos nosotras y pedimos las citas. Y hoy mandamos whatsapps y decimos adiós mientras vamos vistiéndonos. Y no sabemos bien si llamar otra vez es saber lo que quieres o es debilidad.

Las chicas de mi generación... los chicos de mi generación no lo tenemos fácil. Dudamos ya de todo. Recordamos las Barbies sabiendo ahora que eran más sexistas y retrógadas que esas Nancys y los Clics de Playmobil. Y... ya no sabemos bien qué esperar de nosotros. Porque decir que eliges una vida o la otra traerá tormentas. Porque las dos a un tiempo escasea por días. Porque aprendimos a comunicarnos en idiomas distintos y de la misma forma, autodidacta, aprendimos la actual. Aunque no la sentimos.

   Las chicas y los chicos de mi generación... ¡ay! Solo queda una baza y es no vendernos.




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