NO TE QUIERAS TANTO Y QUIÉRETE MEJOR

   (ME LO PROMETO)

   Para empezar el libro has de saber quererte, quererte tú a ti mismo para poder querer, dicen los sabios de la emoción madura. Has de quererte más, sí, y quererte mejor, me dices, amiga. Y yo asiento. Y asumo. Interiorizo.
   ...Más me faltó apuntalar la base de un castillo de naipes que se me viene abajo. Que pongo en pie y se inclina cuando miro a otro lado. Y es que no entendí el caso. Y seguí confundiéndome en el paso tanto tiempo ensayado.
    Tanto tiempo jugando a un mismo juego, tanto tiempo en bandeja de plata mis entrañas que he llegado a arrancármelas para ofrecerlas como presente no pedido. Por respetar las reglas, por resultar consecuente, coherente, paciente,... Por ponérselo fácil al contrario, por allanar las piedras y acomodar los pasos. Porque es lo se espera, por no estereotiparme y evitar el ser etiquetada de esto o de lo otro. Por protegerme incluso...
   Pero olvidé quién era. O más bien lo que era. En un tiempo en que aún se mantienen los roles. Yo tan clara, tan llana, tan "te doy" y "no pido", tan comprendo el momento, tan me ofrezco sin precio... que devalué el trato. Que no miré que lo que no cuesta ganarse no se valora. Que dejé a un lado un papel que creí ya obsoleto, anticuado, rancio y marchito, con olor a humedad y márgenes raídos... pero que no fue tal. Que se luchan las cosas para apreciar el triunfo.
    Y ya no más. Ya no allano el camino, ya no me doy sin más, por el simple motivo de que yo ya no quiero.
    Ese "quiérete mucho y quiérete mejor", he de entenderlo bien. Y alojarme en su cumbre para ver a lo lejos. Y seguir siendo yo, sin enfriar aquello que me caracteriza. Y poner por encima de todo a la amante racial que tengo amordazada tantas veces. Y no temerle tanto a resultar visceral, absurda incluso, incomprensiva y desgarrada. Y olvidarme de normas y de entenderlo todo. ¡Tanta empatía! Y dejar que cada cual afronte su labor... 
...Y yo a la mía, que no tengo hoy otra mayor, ni otra más importante que otorgarle valor a lo que verdaderamente importa.

Que el favor y la ayuda
 siempre han de ser pedidos. 
Que la compañía se otorga 
cuando se te reclama tu concreta presencia.
Que el consejo se da cuando por ser el tuyo
 te es solicitado; y ningún otro sirve.
Que el amor se conquista.
Que mi amor se conquista.
Y mi cuerpo. Y mi alma. 
Y mi voz. Y mi mente.
Que si te doy mi vida o te la presto un rato, esta lleva mi nombre. 
Solo el mío. 
Y mi firma. Y mis ojos. 
Y no hay dos como ella.










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