ELLA ME CAMBIÓ LA VIDA. Mi sueño (in)confesable

By MARÍA GARCÍA BARANDA - octubre 31, 2017




    Tengo un sueño muy ambicioso, un objetivo bastante elevado, no sé si confesable, pero que pienso contar aquí y ahora. ¡A lo loco! De entre todos los posibles cometidos que querría cumplir a lo largo de mi vida existe uno que tiene que ver con mi relación con quienes me rodean. Independientemente de lo que sueño para mí, cuando tenga que hacer balance final, me gustaría haber dejado una huella lo suficientemente profunda en algunos como para que dijeran: “ella, en mayor o menor medida, me cambió la vida”. Poquita cosa, ¿verdad? Sé que quizás suena ególatra.  Y tal vez tenga un ingrediente o dos de ello. El pretender ser relevante e importante para los demás conlleva cierta dosis de protagonismo, pero de veras que este sentir vive conmigo desde que era niña, y tiene para mí bastante más alcance que el de satisfacer mi ego. ¡Palabra! Aunque lo haga. 

    Mi sueño es una potente e inevitable necesidad de ser útil para alguien más que para mí misma, de que mi paso por aquí sirva, ayude, aporte, alimente, revele, trastoque, revolucione. Me sentiría enormemente vacía, si al final de mis días hubiese vivido por y para mí, casi exclusivamente. ¿Y ya? Inútil. Yo no quiero eso para mí. Y sé que esta es una de las razones por las que enseño, escribo, me abro al resto,… Una de las razones de ser de mi carácter, a veces en exceso tendente a complacer y a querer gustar a los demás. De mi forma de conducirme, con el  motor emocional en arranque constante. De relacionarme con los demás, sin demasiadas corazas. Y especialmente una de las razones de sentir intensamente como siento. Necesito realmente compartir mis pensamientos y sentimientos. Y sé que necesito influir con ellos. No me importa reconocerlo, caiga quien caiga. Busco el saber que las horas gastadas no se quedan únicamente a este lado de la frontera, sino que están ahí para que las ponga en uso quien así lo desee. Aportar, ya lo dije. Remover los cimientos de las cosas, de alguna que otra vida. Eliminar lo dañino. Y hacer crecer. Me resultaría imposible explicar el porqué de tal necesidad, de veras. Realmente lo desconozco, al menos por ahora. Pero está ahí y es parte de quien soy. 

   Revolucionar al paso, en efecto. Y en mi parcela más íntima y privada, escuchar decir: “ella me regaló un concepto del amor nuevo, me enseñó esto o lo otro, me reconcilió con aquello, me hizo aprender ciertos asuntos y querer enseñarla otros que yo domino, me movió a desear compartir quien soy sinceramente, a descubrir y querer descubrirle lo desconocido. Si no hubiera sido por ella,…. Ella me cambió la vida”. Ese es mi sueño (in)confesable. Nada más grande. Ninguno más pequeño. Ya está dicho. 





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