NOCTURNO XVI

Hace ya un par de horas que debería haberme ido a dormir, pero no engancho el sueño. Son días estos en los que me siento inquieta y me oigo incluso los nítidos latidos de un pulso acelerado. En mi mente las ramificaciones de unos temas enraizados a un mismo tronco y en la boca de mi estómago un mordisco que percibo con la misma intensidad que la de mi propio corazón. No engancho el sueño…

No creo que haya nada en mis asuntos más íntimos que hoy no pueda solventar, y sin embargo no me siento indolente a las pinceladas que dibujan mi vida presente. Como un fresco en la pared las toco con una mezcla de cautela, pudor e inseguridad, e inmediatamente me miro las manos para observar los trazos de aguamarina que dejan entre mis dedos. Y me gustan.

Me mantiene despierta la inquietud de saber con certeza mi única forma de afrontar mis asuntos. Un arrebato, meditado no obstante, me elevará a la superficie desde el silencio de las profundidades; allí todo se observa, todo se toca, pero nada se pronuncia, nada se oye.

No engancho el sueño, no. Me atrapan esas maneras mías,… esas que me apartan de la idea de obviar ni una sola de las piezas que componen mi puzle.


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