PEQUEÑOS ESBOZOS: En silencio y a un ritmo lento

By MARÍA GARCÍA BARANDA - diciembre 29, 2017





    Hay días en los que tengo unas ganas inmensas de escribir, pero mi interior, acaso mi cabeza, no me acompaña. No es por falta de ideas ni de reflexiones, tampoco por falta de emociones. Estas me estallan por dentro y hierven con el olor de la pólvora pura. Ni se lo imaginan. Pero me espesa un manta de niebla que hace que el cuerpo me pese más de lo normal y que el alma supere su gramaje. Cuando esto me sucede me pregunto si se debe a una falta puntual de destreza, si se trata de un aturdimiento causal de mis sentidos, o si es un acto inconsciente para no disparar mis palabras. Y si he de ser sincera diré que no lo sé. Pero he decidido que tampoco voy a pararme a analizarlo. Son días de cincuenta gramos y treinta y seis horas. Días en los que me cuesta expresar con fluidez mi yo más íntimo y punto. De vez en cuando me asiste ese derecho, sin dejar de ser yo. Sin dejar de sentir. Sin dejar de pensar. Ni de esculpirme a través de la palabra escrita. Aunque sea en silencio. Y a un ritmo lento, muy lento, para que duerma el alma.  




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