SIN TRAMPAS



 "Sigo buscando dónde está el fallo, dónde está la trampa".
Mil de lo primero; poco o nada de lo segundo. 
Y una radiografía...



PRIMER VISTAZO:
Intensa, dicen. Sí, en efecto. Sería absurdo negarlo. Así nací, así soy y así moriré.
Pero si intensa me muestro, es porque intensa siento. Toma nota, pues.
Sensible hasta derretirme, también es cierto. En exceso a veces, lo reconozco.
De lágrima fácil y risa aún más fácil. Es lo que hay. Puede encogérseme el alma o puedo sentirme pletórica con un sencillo estímulo.
Inevitablemente transparente y evidente.
Dialogante hasta la extenuación.
Mente muy pensante y corazón aún más latente.

MI ÓRDAGO:
Tú eliges: conocerme o desconocerme.
Asómate sin términos medios ni caminos ambiguos preguntándote de qué pie cojeo. No dudes, por lo tanto, de quién soy una vez que te he dejado entrar, porque eso me exasperará hasta dar un portazo.
Nunca olvides que aquí no hay entrada libre para todo aquel que lo pretenda, que si te escogí a ti es porque te vi único (lo eres y te reconocí) y porque no quise otra cosa que mostrarme a ti. 
Pero tampoco olvides que aunque no hay entrada libre, sí hay salida abierta para quien crea que no va a resistirlo. Aquí nada es obligatorio.

PROS Y CONTRAS:
Si emprendes camino conmigo, trataré de hacerte la vida sencilla y apacible, de comprender tus neuras y acompañarte en tus miedos. Pero tendrás que darme herramientas para ello: dejarte ver por dentro sin muros. Ayúdame a entenderte, el resto lo pongo yo. No comerciaré con ello. Tampoco pediré un pago a cambio, salvo que hagas el mismo esfuerzo por conocerme a mí y el que no olvides nunca ni mi sensibilidad ni mi autenticidad. No quiero dudas de ello, porque no soy de medias tintas. 

¿Y en mi día a día? Verás, no es complicado...
Si creo en algo, pelearé con todo aquel que trate de echármelo abajo y lo abordaré sin descanso un día y otro día, y otro, y otro. Y una noche, y otra, y otra... Así, hasta que lo resuelva o me desmaye desvanecida. Lo que antes suceda. Podrás pensar que soy obstinada y tal vez lo sea, pero no inflexible.

Si brota un tema de determinada importancia podré tratarlo hasta agotarte, durante horas y destripándolo hasta el amanecer. No tengo límite hasta resolverlo. Si no puedes con ello, habrás de pararme tú, diciéndome con calma y suavemente: ahora no, por favor. Entenderé. 

Lloro aparentemente sin motivo a veces, tan solo porque necesito una mirada cómplice y un gesto de cariño. Por echar de menos. Por estar sensible.
Y si la cosa va contigo o de ti, podrás hacerme llorar con un par de palabras, si las pronuncias en el momento inadecuado y no te has asegurado antes de fortalecerme como tú ya sabes. Y quizás no sepas qué has dicho o hecho y me mandes al cuerno, pero es que soy vulnerable, muy vulnerable. Y seguramente especialmente a ti, por más que mi espíritu sea un valiente… ¡que lo es! Recuérdame qué sentido tengo en tu vida y mi llanto se secará solo. Alimento único.

También podré enfadarme hasta perder el control. Eso ocurrirá si me siento herida o atacada. Esos son mis dos únicos motores de arranque en estos casos. Y si eso sucede, prepárate, porque no habrá quien me pare. Salvo tú. Tú sabrás cómo.

Y verás mi parte más oscura cuando no me sienta valorada en su justa medida. Ni más, ni menos que en función de lo que soy y de mis actos. No quiero podios ni altares, quiero ojos que digan: sé quién eres y te siento especial. Pero si me falla esa fuerza, ahí, empezaré a deshacerme, a perder mi esencia y a morir por dentro. Y en ese caso tenderé a protegerme, a negarme a mí misma lo que siento y a ponerme en mi sitio.

Pero si se trata de amarte, te garantizo que no tendrás descanso. Podrás tenerme colgada de tu cuello y encajada en ti sin que halles el modo de impedirlo. Te lo diré mil veces y más vale que me escuches decírtelo. Te observaré en silencio y trataré de acercarme intuyendo el momento justo en que lo necesites. Y me oirás hablarte hasta hacerte hervir la sangre. Tal vez no acierte siempre, pero serás mi centro. Tú y todo cuanto te rodea.
Ahora bien, haré cuanto esté en mi mano por incluirte en mi vida, has de saberlo y en equilibrio a mi entrega reivindicaré atenciones cuando estas brillen por su ausencia. Y créeme, te lo diré ante la más mínima amenaza de guerra de egos. Solo me cautivan los espacios limpios.

CONCLUSIONES:
Si sabido todo lo anterior no me quieres a tu lado, no te atreves, dudas, temes, quieres salir corriendo, no te lleno, o no te encuentras convencido, entonces... déjame ir. No van a dolerme prendas en tal caso. Tendré que hacerlo. Lo haré y punto. Elevaré la cabeza y me marcharé sin volverla. Podrá ser lo que no quiero, podrá lastimarme y hacerme pasar muchas noches en vela. Podré partirme en dos, llorarte (que lo haré, tenlo por seguro) y echarte de menos hasta dolerme el alma, pero me iré sin hacer ruido. Sin mirar atrás y sin camino de vuelta. Porque de nuevo diré: es lo que hay y esta soy yo.

Si por el contrario me quieres junto a ti, consérvame. Yo haré todo lo posible y lo imposible por permanecer, con fe y sin excusas; pero eso creo que ya lo sabes. Y muéstrame que quieres mantenerme contigo, porque si no lo haces, bien sé que acabaré perdiendo las fuerzas. Las estiraré y alimentaré con el amor que te tengo, pero ellas tratarán de dejarme en los huesos y sin que pueda impedirlo acabarán evaporándose. Y ahí ya no habrá nada que yo pueda hacer. Se me habrá escapado entre los dedos.

Y es que si me conservas, si me haces saber que me necesitas y me quieres a tu lado, entonces me tendrás incondicionalmente. Contra viento y marea, y potenciando lo que de verdad vale la pena. Tú y yo ante la vida. Y nunca, nunca antes te habrás sentido tan profundamente amado. Nunca antes.











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