PEQUEÑOS ESBOZOS (XVIII): Mercancía humana

Vivimos nuestra existencia en el mundo de un modo tan inconsciente, tan desnaturalizado, tan deshumanizado, que hemos perdido la percepción de quiénes somos y de lo que somos en él.

Si nos observamos respecto a lo que nos rodea, somos absolutamente insignificantes y prescindibles. Pero nos comportamos como dueños y soberanos de aquello a lo que realidad deberíamos rendir vasallaje: el orden natural.

Si nos observamos respecto a nuestros iguales, somos parte de una comunidad concebida desde lo espiritual y lo natural, nunca desde lo material. Pero nos comportamos como seres individuales en busca de un beneficio particular, cuando es imposible obtenerlo sin la acción del grupo.

A día de hoy, eso es lo que para mí se ha convertido en base de diferenciación de las personas. Los que lo comprenden como tal y los que no. Y de eso modo habré de obrar en consecuencia con ellos.

El ser humano no es mercancía. No es calculable ni calibrable. Ni programable. Ni descartable. El ser humano no es una opción. Se calcula, se calibra, se programa, se descarta y se opta por las cosas materiales. Nunca con las personas. Y aquel que lo hiciera debería sufrir como castigo el sentirse mercancia.




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