(SO)PESANDO SITUACIONES

    Y tú, ¿cuántos pensamientos se te cuelan entre neuronas tratando de ganar espacio?, ¿cuántas decisiones pendientes?, ¿cuántas reflexiones machacantes?, ¿cuántas ideas fecundas? No lo niegues que todos tenemos. La mayor parte de las veces es prácticamente imposible dejar de tenerlas, de hecho. Fluidas y prolíficas unas. Atascadas otras. Difíciles y dolorosas otras veces. ¡La vida, niños! Pero estas últimas requieren echar los restos y apostar la gracia de Dios metida en un saco. ¿Cómo se hace para tomar una decisión que te resulta realmente sangrante o dura?, ¿para dar un giro a tu vida?, ¿para modificar conductas de forma definitiva? Se me pone cara de persona mayor cuando me formulo estas cuestiones. Cara de escepticismo con una pincelada de resignación.  Cara de “si es que ya lo sé”, “si ya estoy cansada de hacerlo”. Pero la experiencia no inmuniza ni anestesia los sentimientos. Se echa callo, eso sí, pero clava el aguijón. Aunque te digas un pa´lante bien alto. Noches en vela. Días de calma y días de tormenta. Contradicciones a millones. Siempre nos queda la fórmula de la lista en un papel, ¿verdad, amiga? Se lo oí el otro día y seguramente a pesar de los años cumplidos sigue siendo eficiente. “Cuando nos veamos en una situación tal, hagamos una lista de pros y de contras”, me dijo. Y mentalmente lo hacemos. Yo al menos lo hago. Una lista de felicidades e infelicidades, de lo que merece la pena y de lo que no, de lo que nos ha nutrido y desnutrido. ¿Qué me aporta?, ¿qué me ha aportado? ¿Y yo?, ¿qué he aportado?, ¿qué aporto yo? Al final del puzle se condensará todo, calculo, en una sola pregunta: ¿mereció la pena? Suelo decir que cuando te haces esa pregunta es que ya conoces la respuesta, aunque es cierto que el alma es débil. La cosa es que visto a posteriori y con calma, el sistema de la lista de pros y contras es fabuloso para medir una situación, para pesar actitudes y comportamientos, pero no creo que sirva para el ser humano. Las personas no pueden pesarse en una balanza porque no caben en sus platillos. Desbordan. Y al final todo cae por su propio peso. Por eso cuesta.





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