PEQUEÑOS ESBOZOS (XXVI): No resistirme a mí misma.

    Avanzar, progresar, enmendar errores y hacerme con mejores métodos para ser feliz y sacarle un mayor rendimiento a la vida. Lo que siempre repito a propios y extraños, ¿verdad? Siempre hacia adelante y nunca estancada. 

    Por lo que a mí se refiere, en mi ámbito más privado me digo que tengo que controlar la gestión de mis emociones para que estas no me puedan y no manden en mí. Me digo que tengo que aprender a relajarme y no preocuparme en exceso por las cosas o las personas antes de saber su dimensión o incluso si ocurrirán. Me digo que he de aprender a no ser tan sentida ni sensible ante ciertas palabras o hechos, y dejar que me resbale lo no esencial. Me digo que he de dosificarme en ganas, trabajo, empeño y sentimientos, sin dar mi todo por el todo sin condiciones. Yo misma en la mesa de operaciones a fin de ver qué se puede hacer. 

     Pero acaba de aparecer por primera vez en mi cabeza una cuestión que va más allá de mi empeño por la mejora continua y que no ha de ser excluyente con ese deseo mío: ¿Qué coño hago intentando cambiar mi esencia? ¿no sería mejor reconciliarme conmigo misma y aceptar que soy como soy? Modificarse a una misma es muy difícil. Aprender es un gesto de movimiento natural y precioso, pero transformarse hasta donde yo pretendo… sería casi una aberración, seguramente. Porque sí, porque las emociones sí mandan en mí. Porque me preocupo en exceso por las cosas y eso viene sucediendo desde que era niña. Porque no me resbalan ni me resbalarán nunca palabras o hechos que procedan de alguien que me importa. Y porque, ya lo siento, pero no sé dosificarme, soy intensa, pongo ganas, pongo fuerza y me doy entera. Con lo bueno y lo malo que trae todo ello tanto para mí, como para quienes me rodean. A aguantar la tormenta, el viento y el granizo. Es lo que hay. Pero a lo mejor es hora de aceptar que soy como soy, y que no sirve de nada viajar al revés. Que si esto son cuatro días son para conocernos y querernos un poco y llevarnos bien con nosotros mismos. 

     Y es que en asuntos emocionales ir contracorriente supone un doble trabajo: el llevado a cabo al hacer el recorrido según el curso natural de las cosas, y el frenada y resistencia tratando de impedir esa fuerza y esa dirección marcada. O lo que se traduce en un gasto de energía inútil y excesivo. Es absurdo resistirse a uno mismo.







Entradas populares de este blog

EL ADULTO ES UN NIÑO ESTROPEADO

DOCENTES NO DECENTES

LA EDUCACIÓN DE UN PAÍS NO ES SINO EL REFLEJO DE LA SOCIEDAD QUE LO HABITA (Primera parte)