PEQUEÑOS ESBOZOS (XXVII): Emerger y nutrirse






A punto de acostarme me invade una sensación intima de calmada plenitud. Si de los días se hiciera balance con constancia y con continuidad, podría decir que el de hoy lo cierro con saldo positivo. Hoy me siento satisfecha de mí, algo que suele sucederme cuando se cumplen al tiempo dos condiciones complementarias: salir de las pausas internas y nutrirme personalmente. Hoy es uno de esos días. Dedicado a mí, a mi interior, a mi mente. A proyectarme más allá. A seguir creciendo y ofreciéndole al mundo lo que de mí pueda tomar.

Sé identificar los bucles profundos donde casi no hay luz. Donde no existe más aire que el viciado, la claridad mental, ni las ganas de salir de él. Donde las ideas se caducan sin desarrollar el verdadero entendimiento de los acontecimientos. Donde incluso se agotan y pensamos que ya poco podemos dar. Donde la visión de lo que somos va quedando en los huesos. Y donde el compañero se transforma en una imagen debilitada e injusta de quien es. Soy visitante periódica de ellos, cuando los acontecimientos nos ganan la batalla y toman de rehenes. Y bien sé que cuando una etapa de esas características se inicia, me envuelve en sus melódicos cantos de sirena, hipnotizadores y sibilinos, hasta dejarme sin aliento. Tan en ello, tan adentro, tan absorta, tan… que olvido seguir creciendo yo. 

Pero no duran siempre. Los bucles se consumen, por fortuna. A veces esa perdida luz se recupera y se sale del punto en el que atascamos nuestro desarrollo personal, las ganas y las iniciativas de ser nosotros mismos. Por ejemplo, hoy. Hoy bien puedo decir que he disfrutado de un día completo alejada del bucle que me frena por dentro. Primera condición cumplida. Y con ello tan solo ya restaba la segunda. La segunda, sí,… y es que esa ha sido -y es- la más gratificante. Imbuida por mi hambre de expandirme, sin más pretensión de dirigirme hacia donde mis posibilidades mentales me empujen, he logrado sentirme completamente en marcha. En mi funcionamiento natural, en mi sangre de base. 

Hoy inicio un proyecto que comenzó hace días, pero es que ha sido hoy, hace  solo unas horas, el momento crucial en que he sido consciente. Sentido, comprendido, asumido. Y yo no lo busqué, no habría imaginado hace unos meses que emprendería un reto como el que en estos días ha llegado a mis manos. Inesperado es, de eso no hay duda. Pura esencia de mí y esencialmente yo. Y a ello me he asomado, con medio cuerpo fuera. Y así ha sido. La forma que ha tomado ese salir del bucle, en forma de proyecto novedoso en el que poder poner mucha parte de mí. 

Nunca sabemos a que nos asiremos para seguir creciendo, pero eso llega solo. Siempre lo entendí así. Y así cada momento nacido, repleto de nosotros, de poder hacer cosas, de mirar a los lados, de retarse a uno mismo,… ese hay que aprovecharlo. Nunca quedarnos quietos, nunca frenar en seco. Que hasta en los malos tiempos se asoma la cabeza y es de ellos de donde siempre emerge un avance mayor. Que la vida pondrá cada cosa en su sitio. Que se ocupa. Que sabe. Y que si la dejamos, podrá solucionar.





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