QUE NO SE TRATA DE ESTAR, SINO DE SER

     


      He pensado que voy a hacer un pacto conmigo misma. Bueno, y también con quienes caminan por ahí afuera. No sé si voy a ser capaz de cumplirlo, ni si contaré con la destreza suficiente como para percibir si voy bien encaminada o estoy más ciega que un topo, pero al menos voy a proponérmelo. De ahora en adelante trataré de rodearme de gentes con quienes pueda mejorar mi ser, y no mi estar. Me explico, que ya sé que suena confuso. Estar bien se puede estar con mucha gente. Hay con quienes puedes hablar sin cansarte, con quienes puedes compartir temas interesantísimos, e incluso confiarte en tus más íntimos asuntos. Hay con quienes con solo intercambiar dos palabras tienes la diversión y las risas aseguradas, con quienes fluye el buen rollo. Hay con quienes aprendes un montón de cosas y con quienes te apetece adentrarte en asuntos novedosos y apasionantes, con su correspondiente punto de locura incluso. Cuando eso sucede sueles tomar un especial afecto a esos seres en los que descubres esa complicidad, tratando de conservarlos a tu lado porque con ellos siempre o casi siempre estás bien. Y eso es fantástico. Y especial. Algo a conservar, advierto, de hecho. Pero la cuadratura del círculo no se da en ese espacio maravilloso. No, no. Lo excepcional aparece cuando miras a tu alrededor, cuando observas a tu lado y percibes que hay alguien con quien no solo estas, sino que eres mejor. En estos escasísimos, y a veces inalcanzables casos, gozas de todo lo anterior, pero lo más importante es que logras ser tú y sentir orgullo por ello. Sin intentarlo deliberadamente, reposas sobre una alfombra invisible en la que sacas a relucir tus mejores facetas de forma natural. Si se te olvidan tus virtudes, siempre están ahí para recordártelas, lejos de elogios vacuos. Esas personas sienten y te hacen sentir que permanecen a tu lado orgullosas y felices de estarlo. Se fijan en tu lado bueno y lo celebran. Te lo recuerdan y potencian. Y de paso no permiten que se te olvide en medio de autoevaluaciones duras y autoflagelaciones sin sentido. Y si ven tu lado malo, acuden a atenuártelo sin que apenas te enteres. No escatiman en ganas, en compañía, en tiempo, ni en voluntad contigo. Son personas, como digo, con las que no (solo) estás feliz, sino que eres feliz. ¡Casi nada! Porque de eso se trata la vida: de ser feliz. Continuo y permanente propósito, y regalo cuando aumenta sus límites en profundidad y se prolonga en la línea del tiempo. Así que, de ahora en adelante,… ojo avizor a esas personas e imán en marcha para no separarme de ellas. 


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