CARTA ABIERTA A MI AMOR


      Cientos son ya las letras que te he dedicado, Amor. Miles las que guardo en mi cabeza. Infinitas en mi corazón. Bien sabes que ese gesto es parte esencial de mí misma. Necesario como respirar, le canto con ello al mundo lo que llevo dentro. Me dota de oxígeno y de desahogo, me alimenta el alma, me alivia en los malos tiempos y me ordena la mente. Describo así con ello algo que tú ya sabes, el efecto que en mí provoca, la importancia que en mí tiene el escribir. Pero falta la mitad de mis razones: por qué ofrecer esas letras, tus letras, de manera abierta y a ti dedicadas. Jamás antes. Nunca así. Pero llegaste a mi vida y las hiciste tuyas al tiempo que tuyo hiciste mi corazón. Intensamente y solo con ser. Sin más. No lo escondí ni lo disimulé, porque desde ese instante se me reveló como el más  puro sentimiento que pude imaginar sentir, pero sobre todo porque quise gritar al aire tu grandeza. Y así lo hice. Alguien como tú, tan especial, tan sensible,... tan igual a mí, merecía oírlo y leerlo sin descanso. Y lo supe desde el inicio. Sin dudarlo.
     Y así empecé, poco a poco, a cantarte lo que siento. A expresarle al mundo tus virtudes, tu belleza, mis desvelos, mi alegría, mi deseo, mis dolores y el cuánto me llenabas los días. Le escribía a lo triste y a lo alegre, a lo sutil y a lo intenso. Le escribía al hombre y al sueño. Mi sueño. Y así, de día en día, me desnudaba sin pudor alguno, sin vergüenza y sin miedo a ser juzgada. Y es que no hay orgullos ni silencios cuando se trata de expresar la inmensidad que en ti habita y en mi corazón provocas. Pero eso es algo patente para todo aquel que me lee.
      Y llega el día de hoy, 21 de abril. Y de nuevo te escribo. Y de nuevo sin pudores. Y sé que seré leída por propios y extraños. Y sé que habrá quién aquí se asome que nos conozca a ambos, que de mí sepa y de ti sepa. En profundidad. Y no importa. Más bien al contrario. Como una niña lo ofrezco aquí con la mayor limpieza, con la mayor dulzura y sin ninguna otra intención que la de no morirme por dentro callándolo. 
      Así que a ti te digo, Amor, y a quienes puedan leerme que todo en ti es belleza. Que eres el hombre más auténtico y puro que pude encontrarme. Que llegaste a mí por azar, como llegan estas cosas, y que como por arte de magia me despertaste. Perdida la esperanza de que todo alrededor fuera frialdad y egoísmo, vi que aún quedaba quien situaba el amor como el bien supremo e imprescindible. Y tiré por ti mi muralla sin apenas esfuerzo y sin apenas tiempo. Solo tuve que escucharte y que verte por dentro. Tendría que haber estado sorda y ciega para no darme cuenta que la vida había puesto frente a mí a alguien único y de idéntica visión del mundo y de los sentimientos que la que yo poseo. Era inevitable pues enamorarme. Y quererte. Y amarte. ¿Cómo?, te preguntabas. Pero sé que conoces ya ese modo y ese porqué. Nadie supo leerme el corazón como tú, ni asomarse a mi esencia. Nadie supo admirarme así desde el primer momento, ni detectar aquello que me llena el alma. Respetarme el sentir, protegerme - ya sabes-, desearme lo mejor y alegrarme los días. Nadie se abrió conmigo de ese modo, perdiendo el miedo y la vergüenza, compartiendo su interior a sabiendas de que se lo cuidaría. Nadie reflexionó a solas luego, con mimo, con ternura, cómo podría sentirme yo por dentro, qué podría herirme y dónde se encuentra aquello que necesito para ser feliz. Nadie fue jamás tan honesto, a pesar de que la circunstancias nos envolvieran de la mayor crudeza. Pero eso solo tú y yo lo sabemos. Por primera vez  nacía todo esto, de la mano de alguien que deseaba de la vida las mismas cosas con las que yo había soñado siempre. Mismo tipo de vida, misma cotidianeidad, mismos gustos, mismo corazón. Y hay más. El destino ponía frente a mí la imagen de la absoluta complicidad. Brotaba sola y de forma espontánea. Alguien con quien la risa era constante, hasta cuando el rictus se torcía en un enfado. Alguien con una rapidez mental, una  creatividad y una agudeza deslumbrantes, como para seguirnos el ritmo mutuamente y sin descanso. Alguien con quien compartir conversaciones eternas e inagotables sobre todo lo conversable. Alguien con quien poder poner sobre el tapete cualquier cosa, sin temor. Alguien con quien... shhhh. Así que,...por si cabe alguna duda, ¿cómo no enamorarme?, ¿cómo no quererte?, ¿cómo no amarte? Era imposible que yo no sintiera eso. Especial. Sí. Maravilloso y especial. Tan solo tuvieron que darse dos circunstancias: la primera, ser tú mismo, tal cual eres y en estado puro; perfectamente imperfecto, perfectamente auténtico, perfectamente compatible. La segunda, cruzarte conmigo y revelarte como un ser al que he comprendido y se ha hecho comprender hasta el último milímetro y sin apenas esfuerzo.
   Y aquí está. Esta es la declaración de amor abierta al mundo más hermosa (perdón por la inmodestia) que he escrito en mi vida, porque del mismo modo este es el amor más hermoso que jamás he sentido. Nunca sentí tan generosamente, tan desprendidamente, tan limpiamente. Y a ti te lo debo. No importa nada más. No importa lo ocurrido. No importan las piedras encontradas, porque haría lo indecible por verte feliz, porque me parte el alma verte sufrir un solo instante y porque no deseo otra cosa que la plenitud de tu corazón. Y has de lograrlo.
     Esta es una declaración de amor abierta al mundo, sí. Esta es mi canción a tu grandeza inmensa porque mereces oírlo, leerlo y que todo el mundo sepa. Esta es mi eterna gratitud por hacerme sentir lo sentido. Esta es mi escucha de lo que llevas dentro y mi deseo de que lo vivas. Esta es mi plegaria profunda para que seas feliz, mi Amor. Aunque sea sin mí.


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