¡ESCUCHA! (Adiodivagaciones) - SUEÑOS II





AUDIODIVAGACIONES  (Audio: El mundo, Pablo Álvarez - Instrumental )


Sueños plácidos. Sueños agitados. Sueños eternos. Sueños ligeros. Sueños reparadores. Sueños de una noche de verano. Sueños  recurrentes. Sueños temidos. Sueños profundos. Sueños evocadores. Sueños ilegibles. Sueños premonitorios. Sueños reveladores. Sueños mil…Sueños.

     De todos ellos me quedo con los últimos, con esos de los que despegando la punta de una hebra, obtienes un hilo fino, pero firme, que te lleva hasta la respuesta anhelada. Sueños reveladores, sí. De esos que te ponen en paz con tu subconsciente, que terminan el puzle. De los que eliminan las tonterías de un plumazo y las debilidades, para de un golpe seco decirte: ¿qué demonios haces?  
     El ser humano es tan absurdo que ha de necesitar curarse al menos un par de brechas en la frente, causadas por los golpes secos contra un muro, para darse por enterado de lo que ya sabe. Lecciones aprendidas de las que se queda en blanco. Páginas pegadas de algún libro atragantado. Chuletas incompletas carentes de materia esencial. Aprendizajes vanos que se diluyen en el golpe mencionado. Pero que están ahí.
      Hay en cada uno de nosotros una verdad oculta, una verdad negada, una ignorancia supina, que no es tan ignorada. Se aloja en nuestra mente el destello final, el que saca al aire las cosas como son, aquello que resuelve las pesquisas y nos dibuja la sonrisa final. Y llegará en los sueños. A mí me llega en ellos, así que...¡a dormir!

Soñando suelo ser,
soñando veo claro,
soñando coso ideas y construyo mi fe.
Soñando no me engaño y lo siento en la piel.
Me despierto tan lúcida que pronuncio un “lo sé”.
Los sueños me traerán respuestas que conozco.
Los escucho con calma, porque en el fondo sé.
Hace tiempo que observo desde lo alto,
muy alto.
Y que callo.
Y que espero
a que los otros hablen.
Cada cual se conoce.
Cada cual se es sincero.
O se miente hasta el tuétano.
Quién lo sabe, tal vez,
no se escuchen en sueños.
Pero yo,… yo me escucho.
Y me digo. Y elijo.
Y giro la cabeza si es preciso. Y remiro.
Y por arte de magia tomo mi decisión.
Y la mantengo a fuego.
¿Se preguntan por qué?
Será porque la sueño.





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