A PESAR DE LA NADA, POR ENCIMA DE TODO

    Yo te quiero. A pesar de nada y por encima de todo. Yo no te pienso nunca, no, porque te pienso siempre. Tampoco te recuerdo, porque para acordarse hay que haber olvidado y eso nunca ha ocurrido. Así que todo, nada, nunca, siempre, son cuatro esquinas de opuestos que se anulan al paso. A mi paso y al tuyo. 

    No hay plazos, tiempos, soluciones ni curas. No hay un “déjalo ir, haz que se enfríe”. No. Si no se enfrió ya, si no murió de golpes ni de miedos, ya no lo hará jamás. Aunque te empeñes y quieras sin quererlo. No se puede matar lo que rebosa vida, amor. Yo no puedo dejar de quererte, yo no puedo olvidarte. Yo no puedo seguir sin más, ni aunque lo intente. Tampoco puedo hacer como si nada fuera, ni fingir que no existes. Aquí no vale nada eso de que la distancia vacía de recuerdos, amor, porque vivo contigo. Amanezco contigo y contigo me vence el cansancio diario. Y si hay insomnio también baila contigo. Y al respirar te siento en mis costillas. No puedo prescindir, por tanto, de aquello en lo que creo. ¿No lo entiendes, amor?, ¿no ves que no es posible? A pesar de la nada, por encima de todo. Yo siempre creeré en ti. Siempre lo hice.





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