EN GUERRA CON EL MUNDO

  


        Hoy es uno de esos días en los que estoy enfadada con todos y con todo. En guerra con el mundo. Rujo, rabio, crujo. De grado a grado, sin dejarme un solo paralelo. Estoy en guerra con mi entorno inmediato, con el vecino que me cruzo por la calle, con mi cotidianidad, con el que no parece decir hoy más que simplezas o refugiarse en lugares que por comunes se han convertido en rancias estancias camufladas de modernidad. Con ese que no sale de su zona de confort intelectual, no le vaya a dar un poco más a la cabeza  de lo habitual y en un arranque de ingenio le eche humo, para satisfacción del cuerpo de bomberos. Estoy en guerra con el desconocido que no dice buenos días al entrar a una tienda, y no por ser corto de miras, sino de coco, soltura y habilidades sociales. O con el que casi me lleva por delante a atravesar una puerta. Así me saque la clavícula en el intento. Estoy en guerra con quien solo se escucha cuadriculada y melodiosamente, según su tímpano, claro, y ese placer interno provocado por el único eco de sus solitarias palabras. Con quien no percibe que su voz está distorsionada por el efecto del pensamiento único, y que otras, en contraste, crean armonías de las finas, pero le resultan sordas. Estoy en guerra con la crítica alimentada por la propia crítica, sin más sentido que la fuerza de la inercia, seca, baldía. O de la falta de miras más allá del micromundo que rodea al individuo. Estoy en guerra, sí. Sin cuartel. Y lo estoy conmigo misma y con mi parcela interna y privada. Por sentirme beligerante. Por estar mal a gusto, que dirían en tierras vecinas. Por llevar mi día de cabeza y a cabezazos contra lo evidente. Que peleo por lo que está escrito en un idioma de poquísimos hablantes y de escasísimos aprendices con aún menos voluntad de bilingüismo. Ya nadie mira a nadie. Ni escucha a nadie. Ni entiende a nadie. Y le da igual a ese nadie. Le importa poco no saber mirar qué se ve allí delante. Y ante el desconocimiento, extrae de su funda la navaja y la afila en la espalda de algún que otro políglota. Lo normal. Hablaba raro. 
     Hoy es uno de esos días en los que estoy enfadada con el mundo. Y con mi mundo. Con lo que no despega y con lo ausente. Con la rebeldía sin sentido y el estatismo vestido de movimiento constantemente acelerado. Con lo que me tuerce el rictus y con lo que no evoluciona por desgana. En guerra y con rugido con qué le pasa al mundo que va a su gorda bola. Y... lo escribo por terapia, a ver si lo soporto. Y no me cargo a nadie en esta guerra.







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