CUANDO ENTENDÍ

(1996 - 2012)
8 de mayo

Líneas que solo a mí pertenecen. Líneas que llevan media vida, no ya comprender, sino tener el valor de pronunciar con calma. Líneas tan viejas como la vida, como el amor. Líneas que son el único punto en común de cualquier relación con sus versatilidades, sus diferencias y sus distinciones. Líneas que podría callar, pero pronuncio por ser requisito inevitable. Líneas que no son parche a lo pequeño, sino visión a las raíces.


Me curé cuando entendí que no me pertenecía.
Me curé cuando admití que dejarlo ir era un acto de amor.
Me curé cuando supe que su modo de vivir no podía estar supeditado al mío.
Me curé cuando vi que aunque durante años me había acompañado, estaba viviendo mis sueños y pagando la renuncia a los suyos.
Me curé cuando comprendí que involuntariamente me había convertido en su verdugo.
Me curé cuando reconocí que aunque hubo momentos de felicidad, que aun a pesar de lo compartido y de lo creado juntos, su autorrealización estaba siendo ahogada por mí.
Me curé cuando identifiqué mis reproches como puñaladas que le recordaban que no estaba haciendo bien las cosas.
Me curé cuando encajé que sus desmanes y su falta de ganas eran la señal de que cada paso era un esfuerzo por hacer algo que no le llenaba.
Me curé cuando asumí que su alejamiento no era más que la huída de una vida que nunca le había pertenecido del todo.
Me curé cuando asimilé que nunca podríamos hacernos felices.
Me curé cuando dejé de preguntarme cómo podía pasarme eso a mí, cuando dejé la soberbia de decir que lo mío era distinto, que mi manera de amar era más potente que la de otros, que lo mío tendría arreglo con tesón.
Me curé cuando todo ello me llevó a saber que con esos gestos me estaba liberando de la posesión, del rechazo y del rencor.
Me curé cuando me dije que siempre sería parte importante de mi vida, que siempre habría sentimiento, pero que querer a alguien es saber pasar al otro lado y desearle felicidad dejando que viva al fin su propia vida. 

Me curé cuando entendí que tampoco yo estaba viviendo la vida que soñaba. Que pensé que sí. Que algún tiempo así fue. Que hubo belleza en ello. Pero que era caduco cuando y si quien estaba a mi lado no lo estaba haciendo con la misma autenticidad que yo.








Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ADULTO ES UN NIÑO ESTROPEADO

DOCENTES NO DECENTES

LA EDUCACIÓN DE UN PAÍS NO ES SINO EL REFLEJO DE LA SOCIEDAD QUE LO HABITA (Primera parte)