YO QUE AMO LAS PALABRAS





Yo que amo las PALABRAS como el más alto de los himnos del hombre,
examino ese canto melodioso de sirenas que arrullan
las espumantes olas.
Arrastradas tan lentas hasta la dulce orilla
sin estallido apenas. Sin ruidos,
solo el eco de los suaves murmullos
que hacen llegar bailando 
la apacible fragancia de un sol temprano.

Yo que amo las palabras, las LETRAS, 
las páginas en blanco voy mimando, 
las líneas, los renglones y los párrafos, 
buscando en lo profundo el término perfecto y ajustado,
ese que brilla solo, que destaca por sí,
que penetra en el alma, que se clava en los ojos,
que describe preciso lo que siento en mi piel.

Yo que amo las palabras, que ESCRIBO cada día,
que sin decir no alcanzo a vivir, ni a dormir,
sé bien que no podría encontrar más vocablos,
más puntos ni más comas,
más signos elocuentes, más razones al fin
que lo ya pronunciado. No una vez, sino mil.

Yo que amo las palabras
las hallo insuficientes ESTA NOCHE.
Tan pequeñas, tan nimias para acercarse al centro
de cuanto sé de mí. Y de ti. Y del mundo
que nos atrapa en actos, que nos ata las manos,
que nos ciega los ojos y tapa los oídos
a los gestos más obvios, a las verdades, sí,
a una vida más libre, a un amor sin sufrir.

Buscar entre las letras sentimientos grandiosos
es de un absurdo tal como querer vivir
dormido allá en el fondo del cofre de un tesoro,
enterrado en la arena de un lejano confín,
y una vez que despiertas pronunciar un TE QUIERO
y pretender entonces que te logren oír.

Yo que amo las palabras, sé que sobran a veces
que no hacen falta siempre, que no son necesarias,
ni es preciso decir lo que ya se conoce,
lo que se ha demostrado, que ya nos resta entonces
solamente SENTIR.




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