LO EXTRAORDINARIO QUE EN TI HABITA (Si no sabes quién eres, comienza por ahí)



       “Si siempre intentas ser normal, nunca descubrirás lo extraordinario que puedes llegar a ser”, dijo Maya Angelou. Y ¡caray con la frasecita! Una de las mayores verdades en torno al crecimiento y al aprovechamiento de nuestro potencial.

       ¿Intentamos ser normales? Casi todo el tiempo. Normales, convencionales, acordes bien afinados del grupo. Y creo que especialmente en nuestro ámbito más íntimo. Curiosa contradicción. Nuestra vida privada es el lugar en el que nos sentimos más cómodos, más libres para ser nosotros mismos. Y en cambio somos más valientes para adentrarnos en lo desconocido en ámbitos externos: en el trabajo, en sociedad,… Es mucho más frecuente que digamos que somos buenos profesionales, antes que el que reconozcamos aquellas cualidades emocionales de nuestra personalidad que nos hacen destacar. ¿Te has preguntado por qué te cuesta tanto admitirlo? Obvio. Porque te cuesta un mundo verlo. Y por ende, creerlo. Te pueden más las limitaciones que tus destrezas, pero sobre todo te puede más la inseguridad.
            Posees un ámbito en el que eres brillante, en el que destacas. Algo que te hace único. Pero ¿eres capaz de verlo y reconocerlo? No estaría yo tan segura. Habitualmente observo que cuanto más creativo, vivaz e ingenioso es alguien, más peligro hay de que apague esas cualidades para sí mismo en su vida privada. Potencial absolutamente deslumbrante, llevado a prefecto efecto en su vida externa, para luego llegar a casa, mirarse al espejo y no ser capaz de decirse cómo es y cuánto vale. Ya puedes gritárselo, explicárselo, demostrárselo, cantárselo incluso,… que no será capaz de verse a sí mismo de esa forma. Defiende a los cuatro vientos, con acertado criterio, a los seres libres para pensar, para crear, para gestionar y expresar sus emociones. Lo trabaja para los demás. Empuja a las personas que se encuentran a su alrededor a eliminar aquello que asfixie lo auténtico y lo espontáneo, y a que salgan de los cánones del todo bajo control, por aquello de no matar el talento. Lo aplaudo. Pero,… ¿eres capaz de aspirar a algo más grande?, ¿te crees merecedor de ello? ¿Por qué no vivir lo más privado, lo emocional e íntimo, del mismo modo? Resulta contradictorio.
Para lograr lo extraordinario hay que sentir que puedes conseguirlo, que puedes  ser y eres extraordinario y desde luego has de tratar de que alrededor no te boicoteen esa idea de ti mismo, ni en fondo ni en forma, para evitar con ello ser tú quien se boicotee. Quién no te vea así, no te conoce, no es compañero y entonces,… sobra en tu vida. Y no lo echas tú, es la propia vida, el otro quien se va alejando de ti. Créeme. Por lo tanto, si eso ocurre, piensa que es inevitable. Se posicionará de forma natural en el lugar exacto para no apagar tu esencia. Donde no dañe. Y ocurrirá porque no todo el mundo va a saber entenderte ni acompañarte en tus cambios, en tu crecimiento, ni en tus nuevas necesidades; y sí, eso es algo que, aunque peleas con uñas y dientes y es durísimo de ver, estás obligado a echarte a los hombros más pronto que tarde. Hay personas que llegado un momento no pueden o no quieren seguir contigo allá donde vas. Quizás nunca pudieron del todo, pero fuiste capaz de llevártelos a rastras, al menos durante el tiempo en el que aún no sabías bien quién eres.

Bien, y asumido esto, ¿cómo detectas que estás viviendo a medio gas?, ¿cómo saber que has estado viviendo una vida a la que podrías sacar más partido, pero hasta ahora no lo has sabido? Sencillo. Basta con que observes las pistas. Primero, que alguien te diga quién eres, por más que a ti te resulte excesivo; alguien que te vea y te lo haga saber, por más que haya ciegos en el mundo. Segundo, que sientas la necesidad de desarrollar facetas de ti mismo que hasta ahora han estado en lo oscuro y no han sido escuchadas ni por ti, ni por nadie. Y tercero, que sientas una dependencia asombrosa a lo que puedes controlar y al camino archiconocido para hacer las cosas, ya que denota pánico auténtico a no estar a la altura de algo diferente. Si identificas esto, es que en efecto hay algo más allá. Y podría decir con seguridad que si estos pensamientos te están pinchando por dentro y te hacen poner atención, es que eres el candidato perfecto para ir en busca de eso extraordinario que en ti habita.

¿Y dónde está lo extraordinario?, te preguntarás.  No tiene por qué haber fuegos artificiales a tu alrededor, ni grandezas materiales, ni logros de reconocimiento social,… No se trata de eso, ni de que te vayan poniendo una alfombra roja por la calle. Se trata de que estés en sintonía con tu interior sin que nadie te haga sentirte juzgado o incomprendido. Se trata precisamente de vivir inmerso en esa zona en la que puedes ser brillante. Se trata de no desecharlo por cambiar a una frecuencia de sonido más acorde con los que te rodean y así mantenerlos a ellos a costa de perderte a ti mismo, porque créeme que una vez que lo has empezado a ver es cuestión de tiempo, de poco tiempo que la bomba de tu interior estalle. Se trata de llevar esas características particulares tuyas que sí eres capaz de explotar al máximo en el exterior, al desarrollo de esa faceta más privada e íntima, a tus parcelas sentimentales, familiares y amistosas. Y quitarse el corsé que te hacía creer que… ¿ya tenías todo? Lo que has conocido de ti hasta ahora, lo que tenías comprado no tiene por qué ser lo único válido y verdadero. No tienes por qué tener todo el pescado ya vendido. Es más, es casi seguro que ni hayas empezado a desarrollarte aunque creas que ya tienes unos añitos. A lo mejor queda mucho por descubrir en ti, de ti, y hasta ahora te has conformado con aquello que podías controlar. ¿Has tenido miedo alguna vez a que aquello a lo que podrías aspirar llegue y no sepas gestionarlo, lo pierdas o se desvanezca? No creo que merezca la pena tener miedo a eso, porque es entonces cuando nos podemos privar de lo extraordinario y vida solo tenemos una. Algunas de las mejores cosas de esa vida son aquellas que nadie ha descubierto antes; las mejores sensaciones son las que no esperabas tener, las desconocidas, las que te llegan por primera vez, en tiempo, forma y aspecto distinto. Esa primera vez en la que te topas con algo extraño, fuera de lo estipulado, de lo planeado. Ni sabes lo que es, ni si es, ni cómo llamarlo. Solo sabes que no es lo habitual. Como cuando no tenías previsto salir a pasártelo bien y surge sin pensar, para resultar una de las mejores veladas en mucho tiempo. Pues ahí, justo ahí, tienes delante la guinda del pastel, lo mejor que hay en ello: averiguar qué es, de qué demonios se trata. Porque sí, porque te apetece sentir.
Esperas siempre que una hecatombe dé un giro radical a los acontecimientos por sí solos. Mantener hasta la muerte las cosas y si se desvían un poco, que ellas mismas vuelvan a ponerse en su sitio de manera natural. Pero, quizás con eso, aunque no lo pienses, te estás traicionando. A mi edad me digo que me queda otro tanto por vivir equivalente a lo ya vivido. Me queda el doble de años de vida adulta que los recorridos. ¿Acerté con lo experimentado hasta ahora?, ¿era esa la cara de la felicidad o hay algo más en mí que es imposible de enmudecer? ¿Y en ti? Su necesidad de salir a flote puede ser la causa que provocase cambios en tu vida, tal vez, aunque te den la vuelta. Y entonces, ¿por qué no una nueva vida?, ¿por qué no un  nuevo modo de hacer las cosas?, ¿por qué no ir quitando capas, para por primera vez ir degustando fase a fase, minuto a minuto, lo que es reconstruir una nueva versión modernizada y más acorde con tu yo actual? Sin esperar a que nada te venga de serie, a que sea algo que te den hecho, a levantarte un día con ello instalado en ti. Sino descubrir que quizás, solo quizás, esta sea la verdadera cara de algo que no conocías o creías de otro color. Y no por ello estás renunciando a la seguridad que da saber qué tienes y dónde lo tienes, ni renunciando a sentirte cuidado y a salvo, pero nada de esto es un dibujo, ni un mecano construido.
Eso es vivir. Tal vez al filo. Vivir. Y no cumplir requisitos de vida, sino ir en busca de lo extraordinario que en ti habita para que no muera. Para que no te lo maten. Te lo debes.








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