CONTRADICTORIAMENTE. COMPLEMENTARIAMENTE

   Las cosas cada vez más claras. La vida cada vez más incierta. 
Y que te guste. Esa es la clave.
¿Quién dijo que hay que tener siempre todo bajo control?, 
¿que hay qué saber lo que aproximadamente pasará mañana?
¿que has de asegurar lo que habrás de hacer?, 
¿y cómo hacerlo?, 
¿cómo sentirlo?


Me hago mayor y recorro caminos que antes no conocía, más libres, novedosos y emocionantes. De puro desconocimiento. De pura improvisación. De puro darse la oportunidad de entrar en ellos.
Contradictoria yo, seguramente. Si hubiera de definirme así lo parecería, pero es que he de ser sincera y reconocer que hay en mí caras en conflicto, en lógica oposición a ojos de cualquiera, pero equilibradamente complementarias para mí. Las necesito a todas y todas me aportan. Y lo saben. Por eso es que se llevan bien entre ellas. 
Nunca he querido ser perfecta, pero es cierto que me comporto como tal. Me exijo hasta la autoevaluación exhaustiva casi a diario y en cambio me encuentro terriblemente cómoda cuando me importa un rábano no serlo. Del mismo modo tolero en los demás sus imperfecciones y hasta le abro la puerta a sus demonios. Pero pido -por ellos, no ya por mí- que traten de combatirlos.
Me encuentro satisfecha con la mujer que soy, me gusta mi vida y me gusta cómo soy. Pero soy muy vulnerable a lo que pueda no gustar de mí. No a todo el mundo, por supuesto, pero sí a quien mi importa. 
Se llevan mi ternura a la primera de cambio, me ganan, me conmueven y tienen mi cariño de niña. Blandita, yo.  Pero mi amor, ¡ay ese amor!, ese no se lo doy a cualquiera. No es fácil cautivarme del todo, a pesar de que encuentro que (casi) todo el mundo tiene algo bueno que aportar. Pero el hombre, ese hombre,... ese tiene en su ser una confluencia de rasgos, indescriptibles algunos, que lo hacen único. Que no se empeñe nadie, que no pueden forzarse.
Me mueven las pasiones intensas. Corpóreas. Espirituales. Intelectuales. Materiales. Sentimentales. Emocional hasta el desvanecimiento. Pero me vuelvo un lío la cabeza. Matemática y cartesianamente analítica; yo, tan de letras, tan etérea. 
Ordenada algún día, programando el curso por el que habrá de transcurrir el río. Y anárquica alocada, para poder respirar, para tomar aliento y disfrutar de todo lo que me dota de auténtica energía.
Terriblemente sensible, frágil al sentimiento, a las heridas del alma. Y al tiempo tan guerrera. Caerme y levantarme. Decidida y dispuesta con la constante idea de que he de avanzar, de aprender, de crecer, de asumir, superar, entender,... y un largo etcétera.
Racional y calmada. De mente. Visceral y tormentosa. De emociones.
Contradictoriamente todo, tal vez. Complementariamente al tiempo, quizás. Tan solo yo. Una mujer adulta. Yo. 




 

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