SIETE FORMAS DE AMAR. ¿Y TÚ CUÁL SIENTES?

  Dicen por ahí que un tal Robert Sternberg, psicólogo estadounidense, sabe mucho de eso del amor y de cómo lo procesamos. Dicen que este afirma que el amor es la confluencia de los tres vértices de un triángulo, a saber: pasión, intimidad y compromiso. Y que las distintas combinaciones entre ellos dan lugar a siete tipos de amor distintos.

    Al parecer, el primero en hacer acto de presencia es el sentimiento de la pasión; esto es, el deseo sexual o romántico y ese estado de excitada locura psicológica. Y eso lo sabemos, porque bien por la vista, el intelecto o la piel es por donde se alimentan unas ganas terribles de estar con la otra persona. El segundo sentimiento en aparecer es la intimidad o lo que es lo mismo, el nacimiento del vínculo, del afecto, de la conexión, y de las ganas y la necesidad de compartir. Y en tercer lugar surgen la decisión y el compromiso. Llega la decisión de amar a la otra persona y el compromiso de mantenerse con ella, apoyándose en lo bueno y en lo malo. Por lo que percibo pues son tres fases que van apareciendo a su debido tiempo, una tras otra y sin saltarse pasos, con sus ritmos y sus espacios. Ahora bien, dice Sternberg asimismo que una vez que surgen todos, no se dejan atrás entre sí, sino que actúan como tres vértices imprescindibles para formar ese triángulo que es el amor completo. Un... te deseo, conectamos compartiendo y te quiero en mi vida, en las duras y en las maduras.
Seven shapes, Erick Oh

   Amor completo, decía. Pero aquí llega la segunda parte de la historia. Y es que combinaciones pueden aparecer unas cuantas. Y es que si el amor es literatura, si es poesía, si es biología pura, física arrasadora y química o alquimia, es también matemática. Sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Combinaciones y permutaciones. Y así surgen las siete formas de amor posibles de la teoría triangular de Sternberg. Mezclemos pues:

  1. Cariño: Vértice 2, únicamente intimidad o vínculo afectivo. Es el que surge entre los amigos. "Vamos al cine, ¿o prefieres ir a cenar?"
  2. Encaprichamiento: Vértice 1, tan solo pasión o deseo sexual. "¿En tu casa o en la mía? Pásate a las 23:00, baby".
  3. Amor vacío: Vértice 3, compromiso por permanecer y respeto, pero ya no sienten nada el uno por el otro. La pasión e intimidad han muerto. "Mañana no compres pan, que tengo en el congelador".
  4. Amor romántico: Vértices 1 y 2, pasión e intimidad, pero con la idea preconcebida y la asunción de decirse adiós. Surge en las relaciones cortas, amores vacacionales,... "Oh, cari, eres el amor de mi vida. Cuando tenga hijos les contaré que te conocí antes que a su madre".
  5. Amor sociable o de compañía: Vértices 2 y 3. Se acabó la pasión, pero queda la intimidad cariñosa y el compromiso de permanecer juntos. ¡Cuántas relaciones de muchos años conocemos se convierten en amor de este tipo! "Cariño mío, ¿por nuestro aniversario podemos invitar a nuestros amigos a la casa de la playa. / ¡Sí, amor!, ¡es tan romántico!"
  6. Amor fatuo o loco: Aparecen todos los vértices, pero de forma desproporcionada. Entre ambos hay compromiso de permanecer juntos (v 3) y asimismo hay conexión e intimidad (v.2), pero en menor grado; dicha conexión, los intereses de vida compartidos y la comprensión mutua de sentires, carencias y querencias son mínimas, Así la fuerza motriz del compromiso es la pasión (v.1). Lo que de verdad une a esas dos personas, más allá de su complicidad es la prioridad de tener sexo. "Estas insoportable, pero no estoy para que me cuentes tus neurosis. Vamos a la cama y lo arreglamos, churri".
  7. Amor consumado: Vértices 1, 2 y 3 en relativo equilibrio. Relación ideal que se logra excepcionalmente. Pasión, intimidad y compromiso. Se desean, se comprenden y comparten, y quieren permanecer uno en la vida del otro. Rara avis este amor, oro molido y joya preciosa. Y si difícil es dar con él, aún más conservarlo sin que mute a uno de los otros tipos de amor, toda vez que se pierde o merma uno de los tres estados o vértices. "Te amo, amor mío".



   Si lo pienso bien, qué extraño resulta esto de hacerle una analítica al amor. Para mí, que prefiero cantarle, resulta seco. Y a la vez me ayuda echarle un ojo así, sobre la mesa, para saber lo que invade el pensamiento cuando una presencia -u omnipresencia incluso-,  se te instala allí a vivir. ¿Podemos preguntarnos qué sentimos? Poder, podemos. Pensar en nuestros sentimientos. Y desde luego, podemos sentir lo que pensamos que es. Aunque ojo con esta segunda opción de mentalizarnos con que sentimos una cosa u otra, porque la cabeza a veces es muy traicionera, y lo mismo se atrinchera en una fuerte necesidad o deseo de que algo suceda o bien se llena de pensamientos diseñados basados en rechazos, miedos u otros vicios que nos dicen que no, que no y que no.
   
   Por mi parte, yo suelo tenerlo bastante claro. Mi idea del amor, segun la teoría aquí expuesta, es la que se fundamenta en lo mucho que deseo a alguien, en el fuerte vínculo que siento con su interior y la complicidad que me genera, y en mis ganas de quedarme ahí y tenerlo conmigo en mi vida. Lope diría: "esto es amor, quien lo probó lo sabe". Y sí, yo también lo creo y lo conecto con una teoría, también triangular, que a modo particular siempre he tenido sobre el amor. Se basa en la unión de mis tres vértices particulares: unión y compatibilidad física, intelectual y sentimental; o eso de: nos entendemos sexualmente, vamos a un mismo son mental, y nos enternecemos y conmovemos sentimentalmente. Y no hay más vuelta de hoja, ni más pamplinas, ni más matices. Que sé reconocer al vuelo lo que escasa vez hace acto de presencia y sé cuando una de las citadas esquinitas hace aguas o estuvo siempre hundida en la miseria. Caro es. Caro se vende. Y rápidamente se larga como no espabiles y lo descuides. Y sin vuelta además. ¡Bueno es él, pues!

   El amor. Mi sentir del amor. ¿Y tú?, ¿qué tipo de amor buscas?, ¿qué forma de amor sientes?




Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ADULTO ES UN NIÑO ESTROPEADO

DOCENTES NO DECENTES

LA EDUCACIÓN DE UN PAÍS NO ES SINO EL REFLEJO DE LA SOCIEDAD QUE LO HABITA (Primera parte)