HISTORIAS DEL AMOR CUASIPROFUNDO (1) - Matrimonio y residentes en el Barrio de Salamanca








Solían pasear la avenida arriba y abajo. Ella se ponía sus pendientes de oro blanco, su collar largo y su vestido verde con puntillas. Él su pantalón azul marino, su camisa de finísimas rayas y sus zapatos brillantes. Tras una tarde de primavera en las barcas del Retiro, él le propuso matrimonio. Ella dijo que sí. Días después él le pidió la mano ante sus padres. Ella dijo de nuevo que sí. La madre de ella lloraba emocionada. Iban todos muy elegantes. Se casaron por la iglesia una tarde de sol ante doscientos invitados. A los once meses llegó el niño. Dos años después llegó la niña. Les pusieron a estudiar Francés y Piano. Y también Inglés. Y jugaban al tenis. E iban al hipódromo. Él se pasaba días enteros en el despacho. Con su socio. Ella pasaba el día arriba y abajo, como cuando eran novios. A las diez el masaje. A las doce su brunch. Comer con Fulanita de Toie. Té con menganita de Poie. Los martes y los jueves paddle. Los lunes y los miércoles yoga y pintura. Los viernes tarde de compras. Los sábados peluquería, manicura, pedicura y estética. Los domingos a misa con mamá. Y a comer en familia. Él se dedicaba en cuerpo y alma al bienestar de la familia. Ella lo visitaba alguna vez. Como ese día. Entró sin llamar. Él se estaba dedicando en cuerpo y... ganas con su socio. Cuando la vio entrar mantuvo la templanza y dijo: "¡vaya!, lo había olvidado, hoy se cumplen veinte años del día que encargamos en aquella tienda del Barrio de Salamanca kilo y medio de relación convencional". Desde entonces no fallan en una celebración. Ya están por el trigesimoquinto aniversario. Y él no olvida un regalo: joya y flores. Ella, por su parte, también le corresponde: llama siempre antes de entrar. Ambos se aman como el primer día.



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