PEQUEÑOS ESBOZOS (XIX): Lo que yo necesito



¿El qué? Espera, sí, te lo digo ahora mismo.

Luz natural diaria, y no parpadeante, intermitente, azul o de bajo consumo.
Ocupar con laureles el primer puesto del rol que yo interpreto. No bajar de las tablas y volver a subir a cada escena, ni cruzar el telón, ni entre las bambalinas esconderme a esperar algún aplauso.
Sentirme siempre igual. Ahí, aquí, ahora, ayer o de este modo. Así o dentro de un año. Pero sentirme igual.
No dudar de qué hago, de qué digo, de nada. Y sentirme segura. 
Y pensar sin hablar. Y decir sin pensar. Y que no pase nada.
Y ser y estar y parecer. Copulativo el verbo. Verbalizar la cópula.
Quitarme la punzada y el pellizco. Y respirar muy hondo y que no rasgue.
Y no pensar en más, que está cansada el alma de tanto pensamiento. Tanta especulación. Y tantos miedos.
No sentir extrañeza, ni que cierro los ojos sin querer, sin mirar. Ni que ensordezco igual una verdad a medias.
Encenderme hasta el fin, sin que nada me apague, ni que nadie me ahogue el oxígeno que hace viva la llama.
No dibujarme en gris. Ni verme dibujada por ninguna pincelada sin fuerza.
Ser un ente completo que comparte su voz, su piel, su mente. Que comparte su fuerza. 
Y acostarme. Y dormir cada noche sabiendo todo ello. Y no sentirme inquieta, creyendo que una parte de mí, ¿se estará deshaciendo?, ¿la estarán agotando?, ¿marchitando? O tal vez,… ¿seré yo?

Eso es. Eso es todo. Lo que yo necesito. Ni más, mi menos. Ni tanto, ni tan poco. En su medida justa y su peso equilibrado. 
Lo que yo necesito es sentir todo ello. Que es sencilla la cosa, pero es aire. Y es agua. Y alimento. Y me siento con fuerza últimamente para quererme mucho. Y me gusta al detalle lo que veo, cuando me miro en mí. 







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