SUBIENDO PELDAÑOS (Muy íntimo y muy personal 2)

     



   Soñé todo este tiempo con alcanzar mis sueños. Dibujé durante varias décadas la silueta de lo que habría de ir consiguiendo poco a poco y con tesón. Determinado y definido. Nítido y en color. Trabajar cada paso me acarreó cansancio. Los tropiezos y fallos me generaron frustración. Las crisis y los disgustos supusieron estados depresivos y litros de lágrimas. Los retos conseguidos me nutrían y me reportaban orgullo en mí misma. Pero cada paso era lento y doloroso. ¿Demasiado costoso?, ¿alto el precio de cada pequeña satisfacción? Posiblemente sí. Desequilibrio y un cálculo mal ajustado marcaban la dinámica de cada día. Pero hallé la clave de todo ello y descubrí que obtener cada una de las metas que deseaba no era lo que me reportaría la verdadera felicidad. Ni tampoco lo era aguantar el tipo, si algo no cuajaba. Descubrí que el único lugar donde podía sentirme realmente plena y pletórica era un estado personal e íntimo. Mi felicidad estaba en cada momento en el que me sentía tranquila, sencilla, sin quebraderos de cabeza ni angustias producidas por mi sobreactividad cerebral y emotiva. Di con ello y no era otra cosa que cada momento ausente de conflicto, simple y verdadero, sin traiciones a mí misma. Cada mañana en la que me levantaba sin sentir remordimientos, cada tarde en la que me zambullía en mis cosas con un relajado sentido del disfrute, y cada noche entre mis sábanas con la última lectura del día acompañándome hasta la frontera de un profundo, suficiente, placentero e ininterrumpido sueño. Eso no tenía precio. Por fin había visto que detrás de cada preciosa visión imaginada se hallaba la verdadera piedra preciosa de la vida, y que lo que yo creí un triunfo era solo un decorado que me tapaba su visión. Me he encontrado conmigo misma en la versión más sencilla de la mujer que soy. Y eso no significa que me desprenda de mis características más identificativas, sino que he invertido la balanza y, pase lo que pase a mi alrededor -dentro de lo razonable-, se tratará de algo menor, porque siempre me inundará la felicidad, si consigo mantener la  calma. Yo misma.

 Creo que he subido un peldaño de considerable altura.





Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ADULTO ES UN NIÑO ESTROPEADO

DOCENTES NO DECENTES

LA EDUCACIÓN DE UN PAÍS NO ES SINO EL REFLEJO DE LA SOCIEDAD QUE LO HABITA (Primera parte)