BRINDIS


Un brindis por esa primera mañana del año. Fría y soleada. Silenciosa y reflexiva. Lenta y emotiva.


Un brindis por las nuevas vidas que comienzan. Por las que crecen. Por las que continúan, siempre hacia adelante. Por las que siguen por el camino sano de lo auténtico.

Un brindis por escucharme por dentro. Por ser conocedora de verdades esenciales, aunque nadie más parezca saberlas. Por vaticinar lo que traerán los días, aunque no diga nada.

Un brindis por armarme de valor conmigo misma. Por colocar cada punto y cada coma en la línea justa de mi cuerpo, de mi mente, de mi alma.

Un brindis por reconocer el sabor de lo verdadero. Por no venderme nunca a sucedáneos. Por no dejarme encantar por vidas prefabricadas, ideales, o packs de ensueño y de película. 

Un brindis por rechazar ideas preconcebidas, por no vestir jamás la nada de algún todo, por no dejarme vencer ni de sed ni de hambre, ni engañarme a mí misma.

Un brindis porque yo sí que puedo decir, bien alto y aún más claro, que cada beso dado, cada noche alocada, cada palabra dicha, fueron verdad y no fruto de un buscar de continuo un no se sabe qué. 

Un brindis por mí misma. Sí. Que hoy ya me toca. Por seguir siendo exigente conmigo y con el resto. Por hacerme la tonta en algún caso, y que no me la den. Por estar aprendiendo a mantener silencio cuando toca y aprender que aplastantes caerán dos mil verdades cuando lleguen sus turnos. Por ser leal y segura de mí, del camino que avanza y de lo que es tan solo un espejismo o un placebo con colores brillantes.


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