PEQUEÑOS ESBOZOS (XVI): FRÍO








Muda. Sin voz.
Desperté ya sin ella, sin tono de expresión,
sin el poder de la palabra.
El frío se coló entre las rendijas y me atacó a traición.
Enmudeció mis letras, mis ideas, mi sentir y mis versos.
Me llevó hacia los gestos, a la sobreactuación,
al rictus implacable, a la palabra escrita únicamente. 
Y me dejó impedida, desnuda, desvalida.
Confundida y extraña.
Mirando hacia otro lado, para ver lo que viene,
rebuscando por casa una prenda que abrigue.
Que me alivie el temblor. Que me cubra y proteja.
El pecho y sus latidos, la cintura y sus curvas, 
la voz de mi garganta. 
Y los ojos. 
Que me abrigue los ojos. 
Muda. Sin voz. Desperté ya sin ella.
 El frío se coló entre las rendijas
... y me atacó a traición.
Y qué casual resulta.
Pues fuera, allá en la calle, también hace ese frío. 
Fuera y dentro,…
helador.





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