HE APRENDIDO POCO, TAN POCO

    He aprendido que no puedo cambiar el curso de los acontecimientos. Que naturalmente puedo elegir, iniciar caminos, variarlos o evitarlos. Y tomar decisiones. Pero que hay muchísimas cuestiones que no están en mi mano. Que la vida también me elige o me rechaza a mí, al igual que yo recibo o rechazo lo que quiero y lo que no. Y que me guste o no, no me queda otra que asumirlo.
  He aprendido que aceptar no es conformarse, ni rendirse, sino saber que por más que quiera que algo sea diferente, mi mano no alcanza tan lejos ni a todo.
  He aprendido que querer a la gente también es liberarla de tu carga. Y que quererme yo también requiere el mismo gesto.
    He aprendido a identificar mi sitio y mi posición. Y la del resto. Y lo he aprendido con tanta precisión que el margen de error es tan solo de milímetros.
  He aprendido a volver los ojos hacia la realidad después de sueños, pesadillas, películas y desvaríos. Y a que también me guste. O a que me guste más la versión de lo que allí acontece y de quienes lo protagonizan. 
 He aprendido que a veces no puedo hacer absolutamente nada por nadie, incluida yo. Y que no es un drama. Ni soy responsable.
   He aprendido que hace mucho que no soy una niña, aunque dentro de mí quede mucho de ella y a ojos de quienes me quieren aún esté presente.

     He aprendido... apenas nada. Casi nada. Poco, tan poco. Que apenas sé. Y apenas enseño. Que apenas me hago oír y apenas veo. Y que tan solo soy una minúscula sombra en el mundo sin más alcance que mi propio círculo...







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